Según la Organización Panamericana de la Salud el dengue bate sus propios récords históricos

Dengue: el virus de los pobres

En 2019, más de tres millones de latinoamericanos se infectaron con el virus. Cuánto tiempo falta para la vacuna y por qué afecta más a los grupos sociales desfavorecidos. La explicación de Andrea Gamarnik, experta en virología molecular.
La investigadora Andrea Gamarnik es especialista en el estudio molecular del virus del dengue.La investigadora Andrea Gamarnik es especialista en el estudio molecular del virus del dengue.La investigadora Andrea Gamarnik es especialista en el estudio molecular del virus del dengue.La investigadora Andrea Gamarnik es especialista en el estudio molecular del virus del dengue.La investigadora Andrea Gamarnik es especialista en el estudio molecular del virus del dengue.
La investigadora Andrea Gamarnik es especialista en el estudio molecular del virus del dengue. 
Imagen: Leandro Teysseire

Aunque el coronavirus causa graves problemas de salud pública en el gigante asiático y despierta las alarmas de todo el mundo (la OMS declaró la alerta internacional), el Ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, plantea –con razón estadística– que no descuidemos uno mucho más significativo para la región: el dengue. De acuerdo a las cifras consignadas por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Latinoamérica experimentó más de 3 millones de infectados desde 2019. Ya se registran 125 mil en lo que va del 2020. Andrea Gamarnik es bioquímica (UBA), Investigadora Principal del Conicet y Directora del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires. Desde allí, se ha tornado en una referencia en el estudio molecular del virus y, en esta oportunidad, relata cuánto falta para el diseño de una vacuna y describe qué hace la ciencia Argentina al respecto.

-Si bien el coronavirus está causando muchos problemas en China y se expande hacia otros países, el Ministro de Salud, Ginés González García, pidió no descuidar al dengue…

-Al dengue lo tenemos mucho más cerca. Este año superamos un record histórico en número de casos en Latinoamérica. Desde que comenzó el brote en agosto de 2019 hasta la fecha se identificaron, aproximadamente, tres millones de infectados. El virus “explota” por ciclos: se manifiesta de manera notoria, luego baja y, quizás, después de un tiempo, vuelve a resurgir. En nuestro país lo peor pasó en 2016 cuando se registraron unos 40 mil casos.

-El número es increíble para la región.

-Realmente lo es. Hay que tener en cuenta que más de dos millones corresponden a Brasil. En 2020, Argentina registra unos 70 casos confirmados (entre importados y autóctonos) pero el número se incrementará. Lo que sucede es que, durante esta época del año, la gente se va de vacaciones a países limítrofes y trae el virus para acá. El riesgo aumenta porque, rápidamente, los casos importados devienen en autóctonos al incrementarse la circulación en nuestro territorio. En Paraguay, por ejemplo, el brote es de dengue 4.

-¿Qué es dengue 4?

-Existen cuatro dengues. Si un individuo se infecta con el 1, el 2, el 3 o el 4, solo queda protegido de por vida para ese serotipo y no para cualquiera de los restantes. Ahora bien, si llegara a infectarse, además, con alguno de los restantes se incrementaría el riesgo de presentar cuadros clínicos muy complejos. De este modo, cuando circula más de un serotipo a la vez el riesgo de contraer un dengue grave es mayor. En Argentina el 4 casi no circuló mientras que en Paraguay sí lo hizo y lo continúa haciendo. Debemos estar en alerta máxima porque febrero y marzo son meses especialmente complicados, sobre todo, por las migraciones y los traslados que realizamos. Los brotes son explosivos: con tan solo uno o dos casos se pueden disparar con mucha velocidad e infectar a toda una ciudad.

Imagen: AFP.

-Hay que tener mayor cuidado en febrero y marzo pero prevenirse del mosquito todo el año.

-Por supuesto, se trata de un trabajo conjunto que debe realizarse entre los Ministerios de Salud y Educación, así como también, con la gente que trabaja en ciencia e investigación. Tiene que ser el producto de un esfuerzo colectivo, porque como no hay una vacuna que funcione lo único que queda es prevenir: eliminar los reservorios de agua estancada y la utilización de repelente por la mañana y la tarde, momentos en que el mosquito está más activo. El otro pilar, más allá de la prevención, es la detección rápida. Ante un caso es fundamental realizar un diagnóstico veloz para que aquella persona que es picada no siga distribuyendo el virus por el lugar.

-Usted dice que no hay vacuna efectiva, pero hace un tiempo se había comunicado la existencia de una.

-Existe una que se encuentra en fases clínicas muy avanzadas. Fue desarrollada en el Instituto Nacional de la Salud (NIH) de los Estados Unidos y ello nos permite ser muy optimistas y pensar en que en los próximos años tendremos una solución para los cuatro serotipos. A la que vos te referís es a una que se aprobó hace un tiempo pero no funciona para todos los dengue; fue diseñada por Sanofi-Pasteur en Francia y, en la actualidad, se emplea de manera muy controlada en sitios en los que existe mucha necesidad.

-¿Qué hace la ciencia argentina al respecto?

-En nuestro laboratorio tenemos varios proyectos de investigación. Uno apunta a comprender cómo un virus puede pasar de una especie a otra: el ciclo natural del dengue es “saltar” de un mosquito a un humano. Esto, que a priori está naturalizado y parece muy sencillo, hay que comprenderlo. ¿Cómo hace para “defenderse” con igual eficacia de los sistemas inmunes de los mosquitos y de los humanos? Sistemas que, como si fuera poco, tienen características bien distintas entre sí. Otras veces, los virus mutan y no cambian de huésped de manera natural sino que tienen la capacidad de adaptarse a especies diferentes. Es lo que sucedió con el coronavirus que, probablemente, haya infectado a murciélagos, pasó a otros animales y luego a personas. Otro proyecto se concentra en entender los niveles moleculares de los virus que utilizará la vacuna que te comenté. Nosotros, desde Argentina, no podemos trabajar en su diseño porque se necesita muchísimo dinero. No obstante, podemos aportar abordajes con conocimientos de mucha calidad.

-Estados Unidos tiene muy poco dengue pero mucho dinero para hacer la vacuna.

-Poco dengue en lugares calurosos como Texas pero, claro, les interesa hacerla por distintos motivos comerciales.

-Coronavirus en China, dengue en América, hantavirus en Patagonia. ¿Antes no estaban los virus, o bien, ahora están en agenda porque la gente se preocupa más?

-Tenemos más capacidad para identificarlos. La ciencia está más preparada para advertir la existencia de un virus emergente. Con el coronavirus fue sorprendente: tan solo en el término de días, a partir de su aislamiento, se supo el genoma entero. Una práctica que antes nos llevaba muchísimo tiempo más. Lo que ocurrió con Zika también es ilustrativo: en un principio se pensó que era dengue, pero cuando la gente comenzó a advertir que los síntomas asociados a las infecciones eran diferentes comenzaron a dudar. Enseguida los investigadores lo secuenciaron y se dieron cuenta de que estábamos en presencia de uno distinto. La velocidad para detectar que Zika causaba malformaciones y muerte en los recién nacidos fue impensada. Había más casos de microcefalia en las regiones pobres de Brasil; sitios geográficos donde las madres, por lo general, estaban malnutridas.

-Los virus siempre golpean más a las sociedades más pobres.

-El dengue está claramente asociado a la pobreza. Los grupos sociales que habitan en condiciones de urbanización descontrolada y sin acceso al agua potable, la juntan en tachos. Ahí es donde se acumula el mosquito, comienza a circular con el virus y las chances de infección son mucho mayores. A veces, la gente no tiene ni agua: ¿vos pensás que se van a preocupar por la existencia de un mosquito?

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