Maia Venturini Szarykalo, maestra del oficio 

Que sepa soldar: escuela de herrería lesbiana 

Funciona todos los domingos en Villa Devoto, la Escuela de Herrería Lesbiana ya cumplió 2 años y  cada vez tiene más alumnes con ganas y necesidad de aprender el oficio. En enero amplió su modalidad de trabajo para recibir más  alumnxs a los cursos. SOY dialogó con su creadora y directora Maia Venturini Szarykalo, que entre máscaras y soldaduras develó algunos secretos de la alquimia que comparte con lxs estudiantes todos los domingos en el barrio de Villa Devoto.
La Escuela de Herrería Lesbiana en acciónLa Escuela de Herrería Lesbiana en acciónLa Escuela de Herrería Lesbiana en acciónLa Escuela de Herrería Lesbiana en acciónLa Escuela de Herrería Lesbiana en acción
La Escuela de Herrería Lesbiana en acción 
Imagen: Daniela Damelio

Con un historial de más de 120 personas que ya aprendieron a soldar en el taller y una lista de espera de casi 100 interesadxs en participar, pocos días atrás la Escuela de Herrería Lesbiana informó a través de su Instagram: “A partir de enero del 2020, la escuela va a trabajar con una modalidad que permita que más alumnxs puedan asistir a sus cursos, lo cual implicará que en varias clases haya más personas a la vez en el taller”. Creciendo a pasos agigantados y con una dinámica única, la solidaridad como precepto y las ganas de hacer y aprender por encima de todo, la escuela ofrece a la comunidad LGTBI y a todx interesadx sus cursos de manera gratuita, con el único sostenimiento económico proveniente de los aportes comunitarios. Participar es muy sencillo: hay que anotarse y tener paciencia, porque la lista de ingresantes es cada vez más larga, las ganas son muchas y las expectativas y las satisfacciones también: basta solo con entrar en las redes de la Escuela y leer los comentarios de quienes pasaron por allí para atestiguar el cariño, el agradecimiento y las recomendaciones de aquellxs que aprendieron a soldar, trabajar en taller o perfeccionar el oficio herrero en el que ante todo hay que poner el cuerpo y la mente, frente a tanta digitalización de la vida cotidiana y los saberes.

Sociabilidad, aprendizaje, dedicación, amabilidad, grupalidad y tantas otras son las cosas que resuenan en los muros virtuales y reales del espacio que Maia Venturini Szarykalo, su creadora, coordina todos los domingos detrás de su máscara de soldadora, a partir de un deseo originario que mutó rápidamente en construcción colectiva: “De repente me encontré sola en mi taller gigantesco de Villa Devoto, con diez años de experiencia, y quise compartir todo eso con otra gente. Quedármelo para mí sola hubiera sido como cocinar un montón de brownies y comérmelos todos yo sola en mi cocina”. En diálogo con SOY, la directora reveló también un puñado de recetas que tejen la magia que circula en el Taller la Gran Siete, en donde ocurre la alquimia.

¿Cómo se te ocurrió la Escuela de Herrería Lesbiana?

Surgió en marzo del 2018. Yo me había mudado pocos meses antes a mi taller actual, en Villa Devoto, a un taller inmenso, de 88 metros cuadrados cubiertos. Por esa época ya tenía una cierta inquietud de empezar a transmitir el oficio por varios motivos. Por un lado, por el deseo mismo de hacerlo, después de diez años de ejercerlo, y a la vez, en el grupo de Facebook “Transfeministas trabajando” veía que había bastante demanda de herrerxs específicamente que no fueran varones cis y hétero.

¿Por qué puntualmente esa demanda?

Hay un conjunto grande de gente que está harta de la prepotencia de los varones heterocis y no los quieren en sus casas, porque no se los quieren fumar, entonces no los quieren llamar cuando necesitan que alguien se ocupe de alguna obra o arreglo. De este modo hay todo un sector LGTB e incluso de mujeres heterocis que viven sin hombres que prefieren convocar para trabajar a carpinterxs, herrerxs, albañilxs o plomerxs que sean mujeres, lesbianas, putos, trans, no binaries, etcétera.

¿A esa situación se le sumó el contexto de crisis como catalizador?

En este contexto, y en medio de lo más crudo del gobierno neoliberal que acaba de terminar con su correspondiente precarización laboral, donde el hilo se corta siempre por lo más delgado, me pareció atinado compartir ciertos conocimientos para que al menos alguna gente de nuestra comunidad, que muchas veces termina boyando en trabajos de pésimas condiciones, pueda tener otras herramientas para hacerle frente. Por ejemplo, desarrollando un oficio y un laburo autogestivo.

TODO A PULMON

El funcionamiento de la Escuela de Herrería Lesbiana se construye sobre el dictado de un curso básico de herrería que dura cuatro encuentros. Maia cuenta que la dinámica parte de la gente interesada, que se anota en una lista y va siendo llamada por orden de llegada. En los cursos se trabajan sobre todo muebles, o partes de hierro que luego serán futuros muebles. También se realizan las llamadas “Maratones de Herrería Hardcore”, que tienen la modalidad de taller destinado a alumnxs que ya pasaron por la escuela y que, con una duración de entre 5 y 7 horas, se resuelve de principio a fin algún mueble específico que involucre hierro y madera. Ante el éxito y la demanda, en enero la escuela duplicará la admisión de participantes, y además de las contribuciones voluntarias que se pueden hacer -cuyas instrucciones se encuentran en sus redes- también existe una serie de productos para adquirir y colaborar, como los maravillosos chopps con el logo de la Escuela de Herrería Lesbiana, ideales para lesbianizar la cerveza de cada día y aportar un dinero para comprar elementos de seguridad destinados a lxs nuevxs alumnxs que se irán sumando a partir de este mes.

¿Qué reacciones observás en las personas que llegan a los cursos por primera vez?

Mucha de la gente viene con cierto miedo o aprehensión a las máquinas, a lastimarse, a las chispas, a quemarse, a electrocutarse. Casi todas las personas que pasaron por el curso salieron soldando más que dignamente, y manejando la amoladora como si fuera una extensión de su propio cuerpo. Después, por supuesto, hay una cuestión que tiene que ver con la práctica que hace al oficio, pero se van de la escuela con bases sólidas. Cuando yo me empecé a dedicar al oficio no soldaba ni ahí tan bien como he visto soldar a alguna de las personas que pasaron por la escuela.

¿Hay algún requisito previo para participar?

No hay ningún requisito, todas las personas pueden venir. Para dar las clases siempre me pongo a pensar qué me hubiera gustado que me explicaran a mí a la hora de aprender. A la vez, se aclara que es un espacio LGTB y que no se aceptan actitudes LGTBfóbicas, ni machistas, ni gordofóbicas, ni racistas, ni xenofóbicas, ni nada similar. Quiero que quienes tienen interés por aprender un oficio no tengan que pagar el precio que pagué yo, que no les cueste lo que a mí me costó aprender. Los espacios de aprendizaje de oficios que culturalmente son ejercidos por varones cis y héteros suelen ser antros machistas, y me da un placer inmenso estar generando un espacio distinto con otros códigos.

A partir de enero 2020 la escuela se amplía a más personas. ¿Cómo va a ser ese proceso y qué esperás que ocurra?

La lista de personas interesadas desborda, hay más de 90 anotadas. Hasta ahora la escuela estaba pensada para recibir a 10 personas por mes. La idea ahora es recibir a 20, sin disminuir la atención personalizada a cada participante. Especialmente en la primera clase, donde la mayoría de la gente no tiene ninguna experiencia ni contacto con las herramientas, yo necesito dedicarle tiempo a cada unx, para acompañar y hacer un proceso donde se pierda el miedo, donde no se frustre. El nuevo formato de la escuela va a incluir clases para gente que viene por primera vez todos los domingos, y clases donde se sigue con el resto del curso también todos los domingos. El futuro a mediano plazo es equipar el taller para dar cursos de forja de armas blancas. Estamos trabajando en eso.

Para contactarse con la escuela ingresar a Facebook: @escueladeherreria, e Instagram: @escueladeherrerialesbiana


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