Entrevista a la investigadora uruguaya Lidia Barboza Norbis
“Los videojuegos son un sistema educativo”
Barboza Norbis analiza las nuevas formas de conocimiento que generan los juegos basados en tecnologías digitales y plantea la necesidad de incorporarlas para desarrollar modelos educativos innovadores.

“Los videojuegos formatean y programan competencias intelectuales, socioafectivas y prácticas, de manera que ya son de por sí una nueva educación. Son el fenómeno epocal del siglo XXI, como en un momento fue el cine”, dice la investigadora Lidia Barboza Norbis. Uruguaya, doctora en Ciencias de la Educación, Barboza Norbis investiga las nuevas de formas de conocimiento que generan las tecnologías digitales y cómo desarrollar modelos educativos alternativos e innovadores. En esta entrevista habla con PáginaI12 sobre algunas de sus ideas y los resultados de su trabajo, que hoy mismo presentará en el marco del programa  La UBA para el Siglo XXI (a las 16.30, en el Citep, Uriburu 950). 

La premisa de la que parte Barboza Norbis es que “los videojuegos en sí mismos son un sistema educativo”. Desde esa perspectiva, plantea como primer eje de análisis “cómo el sistema educativo reconoce que existe esta nueva forma de educación en lo concreto, en el estudiante que tiene en el aula, no como un fenómeno externo”.

–¿Qué pueden aportarle las tecnologías digitales a la educación?

–Tienen que estar al servicio del ser humano y no al revés, cuando uno le pone poder a las tecnologías se pasa a un enfoque tecnocéntrico que no es positivo. Hay que comprender que las tecnologías potencian las capacidades del ser humano. Es necesario educar para ampliar la conciencia respecto de los consumos de la tecnología, que cada día son más omnipresentes y las personas naturalizan su uso. 

–¿Qué significa ampliar conciencia?

–Cuando alguien opta, por ejemplo, por jugar un videojuego, debe decidir, tomar opciones, y debe hacerlo con conciencia; no de forma acrítica, por qué elijo una cosa y no otra. El problema de la naturalización es que hace que la incorporemos como si no hubiera diferencias, cuando las hay. Buscamos discutir sobre qué rol cumple la tecnología.  

–¿Cómo se salda la brecha tecnológica entre diferentes sectores de la sociedad?

–A mí la brecha que me preocupa es la cultural. Uruguay hizo un enorme esfuerzo por abatir esas brechas de provisión de tecnología, y lo que hemos notado es que, aún con tecnologías en mano, se producen nuevas brechas.

–¿Cómo se generarían?

–Mi hipótesis es que se están produciendo nuevas diferenciaciones culturales. Puedo observar el aula de un colegio con condiciones socio- económicas favorables utilizando tecnología, y al mismo tiempo un aula de una escuela de una zona de alta vulnerabilidad. Las diferencias, aún con tecnología en mano, dependen de cómo se usan en sentido pedagógico, didáctico y cultural: puede lograr un avance cuando es utilizada, por ejemplo, con el objetivo de mejorar la lectura. Los niños están aprendiendo a leer con nuevos modos.

Nuevas conciencias

El objetivo central de su investigación, explica Barboza Norbis, es “explorar los beneficios en la construcción del conocimiento que puede aportar el uso de videojuegos, dentro y fuera del aula. Animar a docentes y desarrolladores en estos beneficios del conocimiento”. Barboza Norbis y su equipo investigaron en catorce centros educativos, públicos y privados de Uruguay. “Creo que va a ser una investigación pionera, porque entramos al aula. Hay diferencias entre observar afuera y adentro del aula. Usamos dos técnicas: investigar adentro del aula, pero también afuera, en laboratorios. Afuera recreamos un ambiente artificial, reproduciendo del ecosistema de los videojuegos: allí integramos alumnos, docentes, padres, investigadores, diseñadores de juegos, ludólogos y jugadores.”

–¿Cuáles son los resultados? 

–Nos permitió ver el cruce entre competencias digitales en cuatro dimensiones: tecnológica, lúdica, cognitiva y ética, en el cruce con dos modos de aprendizaje, que son el profundo –reflexivo, creativo, que involucra pensamiento critico y la resolución de problemas– y el superficial –meramente asociativo, mecánico, repetitivo–. El sistema educativo tiene una enorme oportunidad en la integración de videojuegos, para tener un mayor impacto sobre la motivación, y para asumir que la nueva mente es una mente transmedia –no es solo la escuela la que educa la mente–. Tenemos evidencias de que el sistema educativo está dando pasos hacia esta integración, pero también tenemos evidencias de que está cometiendo errores.

–¿Cómo sería esa integración?

–Los fundamentos de la psicología de la educación y las ciencias de la educación del siglo pasado, en las que se basaron las formas educativas, ya están completamente superadas por la aparición de un nuevo psiquismo. Se avisora un cambio de significados, sobre qué es jugar, y qué es la recreación, a partir de los videojuegos, así como cambios en la vida interior, intrapsíquica. Las personas juegan a ser otro sujeto en el mundo virtual: un arquitecto, un francotirador o un ladrón. El tipo de subjetividad histórica que emerge después de este recurso no tiene nada que ver con lo hasta ahora conocido. El uso de videojuegos significa un desarrollo humano, y Uruguay al superar la brecha digital, se constituyó en un laboratorio internacional para estudiar qué le pasa a un Estado nación cuando todos acceden al mundo virtual.

–¿Hay resistencia de las escuelas a adoptar estas tecnologías?

–Sí, es un tema exótico, siguen reproduciendo el canon del siglo pasado, una escuela que esta caduca. No obstante, dentro de esta escuela siempre hay docentes innovadores, creativos, que buscan que la educación logre emancipar a los individuos. Lo que haga o no la escuela con los videojuegos tiene implicancia sobre el desarrollo humano.

–Usted señaló que “las tecnologías nos permiten pasar de un modelo tradicional de educación (callate, escuchá, repetí) a un modelo educativo dinámico, en el que el conocimiento se pone rápidamente viejo y el aprendizaje dura toda la vida: hay que enseñar a aprender”. ¿Qué enseña hoy la escuela?

–En la educación formal hasta la disposición del mobiliario –todos sentados– es rígida. La escuela sigue transmitiendo conocimiento memorístico y repetitivo, con chequeo en exámenes. Los niños, docentes y jóvenes ya no lo soportan más. Las evaluaciones nos permiten sacar una fotografía provisoria sobre cómo andamos, pero no puede ser meramente de fiscalización y control el aprendizaje en la escuela, tiene que ser la vida real misma.

–¿A qué se refiere con “la vida real misma”?

–Que podés estar en la escuela estudiando para el futuro, pero que estás aprendiendo en el hoy, el futuro es hoy. Antiguamente, la escuela te preparaba para lo que te iba a pasar en muchos años; pero hoy los saltos de conocimiento son tan grandes que el currículum vitae nunca puede ser adaptado a los avances. Lo importante es enfocar el aprendizaje desde las preguntas, desde la resolución de problemas, distinto al modo repetitivo. Hay que fomentar el espíritu crítico, el análisis, la pregunta. Hay que recuperar el valor social de la escuela, porque si eso no pasa estamos decretando la desesperanza. La educación promueve horizontes de expectativa. Cuando no hay un aprendizaje significativo, tenés seres humanos que andan por la vida anestesiados.

Entrevista: Gastón Godoy.