La primera señal de recuperación llegó pronto con el cambio de gobierno y fue todo un símbolo. El MinCyT había sido degradado a Secretaría durante la gestión macrista y había significado un duro revés para la comunidad científica. ¿Por qué? Porque perder jerarquía no solo corresponde a un asunto de administración de egos sino también porque dejar de ser Ministerio le impidió al área CyT sentarse a la mesa del Gabinete, el poder y las decisiones. Como cuando somos chicos, vamos a un cumpleaños familiar y mamá y papá nos hacen sentarnos en la mesa de los nenes pero ya no somos tan nenes.

El segundo paso fue mejorar los montos de las becas doctorales y posdoctorales del Conicet : durante el mandato anterior los salarios de los jóvenes investigadores habían quedado por debajo de la línea de pobreza. Y este asunto es claro: nadie trabaja en su máximo nivel si prescinde de un salario que realmente compense sus esfuerzos. Y si no hay oportunidades, muchos prefieren buscarlas en otros lados. En otros países quizás. Porque –recordemos para algún desprevenido– los becarios son trabajadores aunque muchas veces no se los reconozca como tales.

Y ahora llega la tercera gran noticia: el titular de la cartera, Roberto Salvarezza, informó que se duplicará el número de ingresantes a la Carrera del Investigador Científico del Consejo , al tiempo que anunció que se incrementarán los subsidios para proyectos de investigación. Una bocanada de aire fresco para realidades turbulentas. Lo que aún significa más, Tecnopolis volverá a abrir sus puertas ; emblema de la popularización de la ciencia y la democratización de las condiciones de acceso y participación en los conocimientos. La voluntad política es evidente.

Las noticias se comunican así, en cascada. Se narran de a poquito porque también es una forma de saborearlas mejor y valorarlas más. ¿Todavía falta para recomponer la situación? Sí, falta. ¿Se está lejos del ideal? Por supuesto. No obstante, son buenos síntomas, gestos positivos; los científicos y las científicas del país vuelven a ser valorados.

Las cuentas pendientes son bien conocidas: aún se deben incrementar los salarios de los Investigadores de Carrera, relegados después de cuatro años de miserias; falta federalizar un sistema científico y tecnológico históricamente unitario, atado a las grandes ciudades; queda pendiente la articulación con otras carteras; y resta el despliegue de un verdadero plan a futuro que sea capaz de sostener una mirada prospectiva y especifique cuál puede ser el aporte de la ciencia y la tecnología de cara a los próximos 20 años.

Es cierto, dirán que ya existía un plan –Argentina Innovadora 2020– que fue interrumpido con la llegada de Mauricio Macri al PEN. Estamos de acuerdo pero también es verdad que sin una proyección a futuro es muy difícil domar el presente. Un caballo que galopa desbocado y necesita, al menos, unas caricias de vez en cuando.
Al entusiasmo y al talento hay que empujarlos con líneas de acción precisas. ¿Sabemos qué ciencia y tecnología necesita Argentina de cara a la tercera década del siglo XXI?

¿Tenemos en claro cómo cuidar nuestros recursos naturales de aquí a los próximos 20 años?
La agroecología por un lado y la agricultura familiar por el otro pueden funcionar como nuevos paradigmas para comenzar a pensar en la producción agrícola más allá de los químicos y los agrotóxicos. Mientras los intelectuales carburan desde sus escritorios se multiplican, felizmente, las reacciones de las comunidades que quieren vivir en un planeta verdaderamente habitable, que procuran defender los ecosistemas y sus valores, que organizan movilizaciones para proteger el agua y que se cansaron de las fumigaciones en áreas prohibidas. Mejor discutir este tipo de temas ahora que existe un Estado cuyo modelo de desarrollo privilegia la producción de conocimientos autóctonos y que procura alimentar la soberanía.

Los cerebros argentinos han demostrado durante esta semana que cuando se los requiere están ahí. Que tienen ideas listas para ser ejecutadas. La empresa de base biotecnológica –integrada por científicos del Conicet– que diseñó un test para detectar coronavirus en menos de una hora funciona como ejemplo concreto. El trabajo de cuatro jóvenes tandilenses que crearon un fertilizante 100% orgánico y lo presentaron en estos días también es otro caso valioso. Lo advertimos y te lo contamos porque creíamos que las noticias eran tan buenas que no podías perdértelas.

Además, como siempre, este newsletter te acerca la mejor información en Medioambiente , Salud y Educación . Por último, no nos olvidamos…
Esta semana la recomendación se vincula con el Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia que se celebra todos los 11 de febrero por una disposición de la ONU desde 2015. Entonces, no tuvimos mejor idea que presentarte el podcast Contemos historias , realizado por las divulgadoras e investigadoras del Conicet Valeria Edelsztein y Nadia Chiaramoni. Para mi gusto, dos de las científicas que mejor cuentan la ciencia en el país. ¡No dejen de escucharlas! Después me cuentan qué les pareció.
Hasta la próxima,

Pablo
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