Génesis y evolución de la violencia urbana según Marcelo Sain

Ciertos pactos que se firmaron con sangre

El ministro de Seguridad expuso en la Facultad de Derecho un análisis agudo de cómo el narcotráfico se instaló y prosperó en la provincia. La policía y la política
Sain junto al decano Hernán Botta, el criminólogo Enrique Font y Daniel Erbetta, ministro de la Corte.Sain junto al decano Hernán Botta, el criminólogo Enrique Font y Daniel Erbetta, ministro de la Corte.Sain junto al decano Hernán Botta, el criminólogo Enrique Font y Daniel Erbetta, ministro de la Corte.Sain junto al decano Hernán Botta, el criminólogo Enrique Font y Daniel Erbetta, ministro de la Corte.Sain junto al decano Hernán Botta, el criminólogo Enrique Font y Daniel Erbetta, ministro de la Corte.
Sain junto al decano Hernán Botta, el criminólogo Enrique Font y Daniel Erbetta, ministro de la Corte. 
Imagen: Gentileza: Cristian Maiola (FDER-UNR)

 El ministro de Seguridad Marcelo Sain reveló gran parte de la trama delictiva vivida en la provincia durante la última década y que a su entender ha llevado a las situaciones de violencia actuales: "En el año 2013, los dos grandes grupos narco liderados por Luis Medina y El Pájaro Cantero estuvieron a punto de firmar una 'pax criminal'  de envergadura, cuando ambos entendieron que lo peor que le podía pasar al negocio de la droga era la violencia. Sin embargo alguien, desde algún lugar dijo que 'esto no podía ocurrir', y en mayo de 2013 mataron al 'Pájaro' Cantero y en diciembre de 2013 mataron a Medina. Entonces el Estado entero fue contra una de las organizaciones (Los Monos) y ocultó a la otra: a la del heredero de Luis Medina, que además fue su asesino y que era Esteban Lindor Alvarado, que creció así a la sombra del Estado". Fue la primera vez que un funcionario del rango de un ministro de Seguridad ponía en palabras una síntesis demoledora, con visión crítica hacia el pasado reciente, que explica así mucho de la violencia actual.

Sain estuvo exponiendo el viernes en la Facultad de Derecho en la cátedra de "Políticas democráticas de seguridad ciudadana" junto al decano Hernán Botta, el criminólogo Enrique Font y Daniel Erbetta, miembro de la Corte Suprema santafesina, quienes además participan de esta cátedra.

Sain aclaró que hablaba en todo momento como "académico" en ese rol, pero era inevitable despegar esos dichos de su rol actual. En esa línea habló del "pacto de gobernabilidad que en muchos lugares del mundo se llevan adelante por el que conviven la política, la fuerzas policiales y las bandas criminales.  Obviamente, en Santa Fe ocurrió esto. "Pero ¿qué pasó en Rosario con la ruptura del pacto?", se preguntó aclarando que la forma local de este tipo de acuerdo significaba que  "sabíamos que pasaban cosas y las dejábamos pasar. Esto se daba porque en el fondo tranquilizaban las conflictividades. Pero el caso rosarino es uno de los casos más estruendosos del fracaso de la gobernabilidad pactada, a diferencia de lo que pasa con la provincia de Buenos Aires, donde la policía maneja el territorio hasta el día de hoy . No digo que maneja la seguridad ciudadana sino lo que pasa ahí abajo. Sin embargo acá, con ese pacto, había violencia igual: una de las partes no cumplió el pacto y no hubo sanción, porque aún así se pensaba que romper el pacto iba a ser más costoso que mantenerlo. Digo, aún bajo el incumplimiento de la otra parte" destacó Sain. 

"Esto está relacionado con otro tema, que es la transformación del fenómeno criminal:  se armaron mercados ilegales muy robustos y esos mercados fueron al compás de lo que fue la lógica de los consumos recreativos.  Y eso no está vinculado con el aparato de seguridad estatal sino que tiene que ver con gustos, con disponibilidad de recursos, con una sociedad eufórica, con sectores sociales que ataban el progreso individual a ciertas euforias y a ciertos consumos. Esto es, cambios culturales que pasaron en los '90 en Argentina, pero que por razones diversas a partir del 2010 impactaron en Rosario provocando que los mercados ilegales se convirtieran en un tema relevancia, de una magnitud importante" dijo el ministro. 

En esa línea remarcó que "acá se cocinaba cocaína hace muchísimos años, por parte de organizaciones precarias en barrio Ludueña, no grandes emprendimientos, pero sabían cocinar la cocaína, lo que generaba mayor disponibidad de sustancia. Eso hacía que se pudiera estratificar la calidad del producto dependiendo de la capacidad de pago y la necesidad del cliente. Eso hizo el mercado más complejo. Esto es lo que llegó a ser Delfín Zacarías, que llegó a tener una escala mayor de gran proveedor. Así se construyó mercado de consumo recreativo de clase media y alta, que no eran populares", destacó.

"Esto lo fueron manejando organizaciones criminales que tenían ciertas destrezas previas, eran clanes familiares que gobernaban barrios, ya tenían capacidad de negociación con policías en su barriadas, aunque no se dedicaban a vender droga sino a extorsionar, a gestionar protección u otros delitos rústicos como abigeatos, aprietes, el negocio de los barrabravas. Estas eran organizacoens con anclajes familiares y locales en barrios con marcados niveles de desocupación donde ya existía negociación con la policía, y tenían el dominio del lugar, más el acuerdo con el estado en el plano local y cierta capacidad de comercialización local que dio lugar al surgimiento del búnker. Y llevaban adelante el negocio porque lisa y llanamente podían hacerlo. Así empieza un negocio muy redituable. Cabe destacar que no hay grandes jefes que se iniciaron en el narcotráfico directamente sino en otros negocios criminales como robo de autos, como Alvarado mismo lo hizo".

Sain señaló entonces que lo que ocurre hoy es que "gran parte de la estructura tiene a sus jefes presos , el primer y segundo escalón, y los restantes, las terceras líneas tienen una gran dificultad de manejo de territorios porque no tienen la misma destreza. Hoy estas organizaciones están gerenciadas por gente que hace diez años aplicaba métodos muy rústicos y hoy no tiene capacidad de mediación con el Estado y tampoco pueden negociar con otros grupos". Fue el momento en que Sain reveló la fallida "'pax criminal' entre Luis Medina y Pájaro Cantero, que terminó beneficiando a Esteban Alvarado".  

El ministro aclaró que sus dichos se basan en "las imputaciones que hemos observado, cinco en total contra sus organizaciones, porque para la Justicia rosarina Alvarado es líder de una asociación ilícita compleja dedicada a una multiplicidad de delitos. Esto fragmentó el negocio y le dio el dominio de las estructuras a los eslabones más rústicos que estructuran sus saberes a partir de una violencia directa, como único recurso que además pone en riesgo el negocio, como la cadena de asesinatos que vimos en estos días".

Sain reveló además su sospecha de que "el encadenamiento de los últimos nueve asesinatos que impactaron en la ciudad fueron ordenados desde la cárcel. Esos asesinatos le dan visibilidad al grupo, al pequeño grupo y  pone en tela de juicio al negocio, porque en el fondo los autores terminan encarcelados. Pero esta violencia es tan fuerte,  tan identitaria y tan prestigiosa, que no dejan de ejercerla porque es un tema de prestigio, porque sin ella no se marca presencia, porque está establecido en el mundillo criminal que la violencia otorga capacidad de dominio del territorio".

Finalmente, se refirió a la complicidad policial que encontró tras su arribo al cargo: "Eran tres grupos : los que decían que no van a poder gobernar sin pactar con nosotros, otros que estaban con terminales en un sector del partido Justicialista, refugiados en una unidad regional esperando su momento. Incluso hubo de este sector operadores políticos muy importantes,  abogados inclusive que iban al Centro de Justicia Penal que decían 'Ahora vamos nosotros al ministerio y vamos a ir con este jefe de policía'. Esa es una unidad regional específica donde estaban todos ahí y muchos de ellos, ex miembros de Drogas Peligrosas y algún sector outsider, con entrada a algún sector del peronismo que eran autoproclamados como prestigiosos que estaban ahí esperando su turno. Ninguno de estos tres grupos renovaron sus cargos: los de la regional ya no están y están ahora temerosos de ir presos en cualquier momento, y los terceros pasaron a retiro. En total pasamos a setenta altos mandos a retiro" concluyó. 

 

 

 

 

 

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