Hostigamiento y solidaridad

Cómo viven la cuarentena los turistas extranjeros en Salta

Mientras algunos visitantes denunciaron haber sido perseguidos, otros destacaron el apoyo recibido. Historias y datos respecto de quienes se vieron sorprendidos por la pandemia en el norte argentino.

Gente que se cruza de vereda cuando los ven pasar y otros que los filman, almaceneros que se niegan a venderles comida, hoteles que los expulsan porque cierran, policías que les exigen que abandonen la ciudad en la que viven, chequeos médicos forzosos… Los testimonios de extranjeros que estaban recorriendo la provincia de Salta cuando se empezó a propagar el coronavirus (Covid-19) dan cuenta de situaciones de xenofobia como las descriptas, pero también de muestras de solidaridad de salteños que optaron por darles refugio o llevarles comida a turistas cuyo único delito fue tener apariencias y acentos diferentes a los locales en medio de una pandemia de dimensiones inusitadas.

Marcus Weiden es alemán, tiene 42 años y hace dos que viaja por Sudamérica en un camión con su perra Frieda. “Cuando el coronavirus empezó a afectar a la Argentina generó un ataque de pánico y, en cuestión de horas, los extranjeros se convirtieron en enemigos, ya que muchas personas temen que traigamos la muerte”, se lamentó en diálogo telefónico con Salta/12. Marcus se encuentra en un cámping de la ciudad vallista de Cafayate junto a otros seis extranjeros con los que esperará allí a que se termine el aislamiento social preventivo y obligatorio para poder continuar con su viaje. Para llegar a ese lugar, tuvieron que vivir 48 horas de angustia y hostigamiento.

El 15 de marzo pasado entraron a la Argentina por la Puna salteña procedentes de Chile, cuando ese país todavía no era considerado de riesgo. En San Antonio de los Cobres, la ciudad cabecera del departamento de Los Andes, comenzó la odisea. Los puneños les gritaban “corona” y se negaban a venderles comida y agua. A pedido de varios pobladores, la Policía los obligó a abandonar la localidad.

Cuando llegaron a la ciudad de Salta, se dieron con que el cámping municipal Carlos Xamena estaba cerrado, al igual que las oficinas de información turística, así que no tuvieron más opción que acampar en el Parque San Martín, ubicado en el centro de la capital salteña.

Al otro día, intentaron infructuosamente encontrar un lugar permanente donde quedarse. En ese camino, se toparon con unos agentes policiales que les dijeron que debían abandonar la ciudad. Así que decidieron irse al sur para buscar un campamento donde pudieran instalarse.

Tomaron la ruta nacional 68, y se escondieron para dormir en un descampado en el camino. A la mañana siguiente, cuando realizaban el trayecto entre las ciudades de El Carril y Coronel Moldes, los detuvo un control policial que les indicó que no podían seguir circulando “porque estábamos difundiendo el corona”. “Tuvimos una larga discusión; nos obligaron a esperar en la calle hasta que llegara un equipo médico y comenzaron a tomarnos fotos a nosotros, a los camiones y de nuestros papeles”, narró Marcus. Una patrulla los escoltó hasta el hospital de Moldes, donde les hicieron los chequeos médicos que dio como resultado que todos los turistas gozaban de buena salud. Les entregaron un certificado que así lo acreditaba, pero aún así los obligaron a dejar la ciudad.

Antes de poder hacerlo, se cruzaron con un supuesto periodista local que los filmó y le sacó fotos al camión. “Nos decía que nos fuéramos del país, y publicó nuestros datos, poniéndonos en riesgo”, se quejó el turista alemán.

Nuevamente fueron escoltados hasta que dejaron Moldes y se dirigieron rumbo a Cafayate, donde la situación no fue muy diferente. En el control de entrada de la ciudad vallista un grupo de policías quiso regresarlos a Salta, a pesar de contar con un certificado de salud. Los viajantes rechazaron esa posibilidad, y consiguieron ingresar nuevamente escoltados por las fuerzas de seguridad. Después de horas de ser hostigados por pobladores y policías, finalmente consiguieron que se abriera el camping municipal, donde se instalaron. No sin antes someterse nuevamente a un chequeo médico, esta vez, por personal sanitario de Cafayate.

Nunca esperábamos un comportamiento tan agresivo contra los extranjeros. Sólo estábamos buscando un lugar para quedarnos mientras durara la cuarentena”, se lamentó Marcus. “Todavía tenemos miedo pero nos estamos calmando un poco”, agregó, y destacó la solidaridad de algunos cafayateños que se ofrecieron a ir a comprarles comida mientras dure la cuarentena.

Solidaridad

Diego Ledesma fue más afortunado. El arquitecto mexicano de 26 años llevaba 10 meses viajando por el continente, y estaba en Salta desde el 11 de marzo. Cuando el virus comenzó a propagarse por la Argentina, sus compañeros de viaje ya habían regresado a sus países “porque ya se estaba poniendo feo y estaban cerrando las fronteras”. Diego tocaba su música en el Mercado San Miguel para sostenerse económicamente.


“Había estado haciendo música callejera”, le contó a Salta/12, “pero me cerraron el mercado, es donde mejor me iba”, se apenó. Después intentó ganarse unas monedas en restaurantes y confiterías “pero había cada vez menos gente”. Mientras analizaba los pasos a seguir, una noche tocaron la puerta de la habitación del hostel donde se alojaba para anunciarle que debía dejarlo al día siguiente “porque están dando la indicación de que se van a cerrar los hostales”, según le explicaron. “Y yo me quedé tipo `Ay güey, ¿entonces, qué voy a hacer?´".

Pensó en tomar sus cosas e ir con su bicicleta y su carpa a instalarse a algún lugar, pero en general los lugares estaban cerrados. Los encargados del hostel le permitieron quedarse una noche más allí, situación que aprovechó para pedir ayuda a otros viajeros. Una argentina que estaba de visita en México compartió su mensaje en un grupo de CouchSurfing, la aplicación que pone en contacto a viajeros para alojarse mutuamente en forma gratuita, y de esa manera consiguió que el salteño Sebastián Scasso le ofreciera hospedaje en su casa del Dique Cabra Corral, a 70 kilómetros de la capital salteña.

“Afortunadamente recibí mucho apoyo, que es la parte positiva que le doy a la situación”, se alegró el mexicano, y reflexionó: “A pesar de que se está poniendo fea la cosa, también está saliendo a relucir la solidaridad que existe entre los viajeros”.

Diego tomó su bicicleta y tuvo que sortear algunos controles policiales, en los que fue explicando que había ingresado al país hacía ya dos semanas, que se encontraba bien de salud, y que se dirigía al lugar donde haría la cuarentena. “Los policías fueron muy amables y me trataron bien”, destacó.

Llegó a Coronel Moldes, donde lo buscó Sebastián. En la noche llegó la patrulla, le hicieron algunas preguntas de rigor, y al otro día un equipo de médicos le hizo un examen de rutina para otorgarle el certificado de salud.

Yo prefiero quedarme aquí, porque si me quisieran devolver a mi país primero tendría que ir a Buenos Aires. Eso ya representa un peligro. Y además México no está tomando las medidas que se requiere para esta situación, así que aquí me siento a gusto. Además, pienso seguir viajando”, concluyó el joven arquitecto.

“No es la visión del Estado”

El ministro de Turismo y Deportes de Salta, Mario Peña, reconoció que se dieron manifestaciones discriminatorias contra turistas extranjeros en Salta y lo atribuyó al miedo lógico de la población. “Nos ha pasado de ver turistas circulando por distintos municipios y eso obviamente genera algún tipo de problema, sobre todo, en los pueblos más chicos y que son difíciles de controlar”. “Había una conciencia en la gente de que todo extranjero que caminaba era portador del coronavirus y eso generaba lógicamente una situación compleja desde lo social”, observó .

Peña aseguró que “la visión del Estado no es de ninguna manera acompañar eso, sino entre todos poder buscar una solución para cada uno de los inconvenientes”. “En la provincia no tenemos ninguna situación de extranjeros ni con sospechas ni con coronavirus, lo que estamos viendo es que son todos casos de los propios argentinos que estuvieron en diferentes países y cuando retornaron volvieron con el virus. Pero socialmente pasó eso, lo hemos visto en las redes”, agregó.

En ese sentido, el jefe de la cartera turística salteña estimó en solo un centenar la cantidad de turistas que permanecen en la provincia y que pretendían regresar a sus lugares de origen, muchos de los cuales debían abordar el vuelo de Aerolíneas Argentinas que ayer los llevaría a la ciudad de Buenos Aires.

No obstante, recordó que “muchos turistas optaron por quedarse en nuestro país a pasar la cuarentena”.

El ministro salteño explicó que la normativa nacional prohíbe tomar nuevas reservas, pero no establece el cierre de los establecimientos hoteleros. “Cada uno (de los alojamientos) ha tomado sus medidas, y hoy la realidad es que en la ciudad de Salta tenemos 4 o 5 hoteles (de los más 200 que existen) que permanecen abiertos, y en el interior te diría que ninguno”. “Para los turistas que están en el interior estamos gestionando el traslado a la capital para que se alojen en esos hoteles que aún están abiertos. También hay campings que dependen de los municipios y los alojamientos informales que de alguna manera escapan a nuestro control”, concluyó.

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ