Opinión

Bolsonaro vs. Mandetta: ¿Un intento de organizar, calmar o neutralizar?

Mandetta, ministro de Salud de Brasil. Mandetta, ministro de Salud de Brasil. Mandetta, ministro de Salud de Brasil. Mandetta, ministro de Salud de Brasil. Mandetta, ministro de Salud de Brasil. 
Mandetta, ministro de Salud de Brasil.  
Imagen: EFE

Desde Río de Janeiro

El embate entre el ultraderechista Jair Bolsonaro y su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, estuvo a punto de alcanzar este lunes el grado de combustión máxima.

Estaba prevista, como ocurre desde hace sesenta días, la conferencia de prensa de Mandetta y su equipo. Y era inevitable que se le preguntase por la insana iniciativa de Bolsonaro el día anterior, de darse un paseíto en varios comercios de Brasilia, contrariando no solo instrucciones de su ministro de Salud, pero de todo el mundo científico y político. Contrariando la lógica.

Mandetta había advertido a Bolsonaro que si él insistiese en ignorar lo obvio y saliese a la calle, lo criticaría públicamente. Y oyó como respuesta que si lo hiciese, sería echado.

A las cuatro de la tarde, hora prevista para la conferencia de prensa, los periodistas fueron informados que habría un cambio: en lugar del ministro de Salud y sus técnicos, sería ampliada con la presencia de otros ministros. Y todo bajo el mando del general Walter Braga Netto, que en esa contradicción ambulante que es el gobierno Bolsonaro ocupa la Casa Civil, que equivale a la jefatura de Gabinete.

Llamó la atención una ausencia, la de Paulo Guedes, el exfuncionario pinochetista que ocupa el ministerio de Economía. Es que, al contrario de su jefe, Guedes optó por mantenerse en cuarentena en su casa de Río de Janeiro.

La explicación para el cambio de formato de la conferencia de prensa tiene su lógica: era importante ampliar y unificar las informaciones, para dejar claro que la actuación conjunta existe y es esencial.

Lo curioso es que haya ocurrido precisamente en el día esperado por Mandetta para criticar públicamente a su jefe, como había anunciado. Y a ese detalle se suma otro: a sus asesores cercanos, Bolsonaro se había quejado el domingo que estaba hasta el cuello con el excesivo protagonismo de su ministro. Era necesario neutralizarlo.

Además de contrariarlo en todo, el ministro mantiene altísimos niveles de aprobación junto no solo a la opinión pública, pero también a algunos de los núcleos de oposición más contundentes a Bolsonaro.

En la conferencia de este lunes quedó claro una vez más los desniveles entre ministros del gobierno ultraderechista.

El primero a pronunciarse fue Tarcisio Freitas, ministro de Infraestructura, que fue claro y sucinto en explicar medidas adoptadas para asegurar la provisión de insumos de salud, bien como de alimentos y productos. Se explayó con énfasis en lo que se está haciendo para traer al país y luego distribuir por todo el territorio equipos médicos.

Luego habló el extravagante Onyx Lorenzoni, un diputado que en sus momentos de mejor desempeño en la Cámara logró ser de una mediocridad olímpica, y que acaba de perder la cartera de la Casa Civil por absoluta ineptitud. Al frente del ministerio de la Ciudadanía como premio consuelo, se extendió en largas explicaciones sobre qué se hará. Ninguna palabra sobre lo que se está haciendo.

Luego de un representante del ministerio de Defensa y del jefe de los Abogados Generales de la Unión, cuyas declaraciones cayeron en el vacío, le tocó a Mandetta.

Lo que se vio, entonces, osciló entre dos vertientes. Por un lado, ha sido firme en defender enfáticamente el “aislamiento social” por dos semanas más. Dijo que toda y cualquier acción de su ministerio tiene como base única y exclusiva la ciencia. Aclaró que es natural que exista una preocupación por la cuestión socio-económica, pero que lo prioritario era la salud. Y más: dijo que seguirá actuando en coordinación con los gobiernos provinciales. O sea, contrarió, una vez más, a Bolsonaro.

La otra vertiente tuvo que ver con su sólida experiencia como diputado nacional: flexibilizó algunos aspectos, pero sin ningún énfasis, de los defendidos por su jefe, todos sin importancia.

Terminadas las declaraciones llegó la hora de las preguntas. Se anunció que serían ocho. Bueno: fueron cinco, todas dirigidas a Mandetta. Una vez más, el ministro fue firme y hábil, evitando menciones a la conducta de Bolsonaro.

Entonces surgió la pregunta que no quería callar: “¿Cómo describiría usted lo que hizo ayer el presidente?”.

Lo que se oyó fue la voz de la funcionaria encargada de coordinar a los periodistas. Frente a la expresión de sorpresa del ministro, anunció: “Se cierra aquí la conferencia de prensa”.

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