Cedric Myton, otra leyenda
El último rey del Congo
Viene el capo de The Congos, el grupo vocal esencial de la música jamaiquina que debió postergar sus discos para no eclipsar a Bob Marley.

En la década del ‘50, en Old Harbour, Jamaica, los padres de Cedric “Congo” Myton se dedicaban a la apicultura. Esa sobredosis de miel de abejas en su dieta explica la inconfundible dulzura de la voz y el falsete del cantante y compositor que hizo sus primeras experiencias en la segunda mitad de los ‘60 con Tha Tartans, uno de los deliciosos grupos vocales contemporáneo a los Wailing Wailers (donde cantaban Bob Marley, Bunny Wailer y Peter Tosh), parte de la época dorada del ska isleño.

Desde Brasil y por Skype, el músico que el viernes tocará en San Isidro con los locales Humanidub como banda recuerda con alegría esos años: “A todos nos influenció el estilo de la música estadounidense: Patty LaBelle & The Bluebells, The Shirelles, Aretha Franklin. Las raíces de esas músicas están conectadas porque somos la misma gente, somos africanos”.

Esa conciencia de identidad afroamericana (con sus arengas panafricanistas y sus deseos, reales o simbólicos, de regreso a Africa) tomó en Jamaica una impronta que aún sorprende. Tanto como sigue siendo asombroso The Heart of The Congos, legendario álbum debut de The Congos y uno de los mejores discos de reggae jamás grabados. “Congo a bongo, bongo ashanti”, cantan Cedric y Roydel “Ashanti” Johnson, y aparecen tocando las congas en la tapa de este fenomenal disco de 1977, producido por Lee Scratch Perry, con la voz ultra grave de Watty Burnett y estelares como el guitarrista Ernest Ranglin, el baterista Sly Dunbar, el bajista Boris Gardiner y hasta Gregory Isaacs en coros.

La belleza de canciones como Fisherman, Congoman, Childen Crying o Solid Foundation mantiene una vigencia imperecedera. “Ese álbum fue un drama: solo salió un tema por el sello de Lee Perry, en una edición limitada, y el disco salió muchísimo después. Ahora es parte de la historia y está en los libros, pero fue un drama. Al mismo tiempo Bob Marley estaba haciendo Catch a Fire y ellos pensaron que el nuestro le iba a sacar atención. Fue una decisión de marketing, fue diseñado así”.

Si la primera injusticia fue el autoboicot de la compañía, la segunda sería minimizar la importancia del resto de la obra de The Congos: discos como Congo Ashanti (1979) o Face The Music (bajo la firma Cedric Congo and The Congos, 1981) mantuvieron la calidad sin Lee Perry en la producción: “Congo es una tribu africana, lo mismo que Ashanti, pero el disco tiene ese nombre porque yo me llamo así y a Roydel Johnson le dicen Ashanti. Para mí Congo Ashanti es mejor que el primero, pero Perry hizo un gran trabajo. Tuvo creatividad –los sonidos de Watty Burnett mugiendo como una vaca y sus percusiones son parte de la magia del disco– e inteligencia, es un maestro en lo suyo, un científico: es un pequeño genio loco, pero por algo siempre que nombran a Congos lo nombran a él”.

* Viernes 17 en C.C. San Isidro, Libertador 16.138, San Isidro. A las 21.