Estreno online del documental Canela, se vive dos veces

La doble vida con sus matices

La directora Cecilia del Valle eligió una mirada amorosapara contar una historia inusual: esta arquitecta rosarina hizo su transición a los 48 años.

Canela Grandi Mallarini entra con su camioneta naranja, un poco destartalada, en un garaje y sube con sus grandes tacos a la obra en construcción, en el centro de Rosario, en la primera escena de la película. Canela camina, y en su andar rítmico empieza a adivinarse una historia singular: trans desde los 48 años, cuando el documental Canela, de Cecilia del Valle comenzó a rodarse -en 2013- tenía más de 50 y ahora es sexagenaria. La cámara se mete en el consultorio médico donde pregunta sobre la hormonización y la vaginoplastia, en una mesa familiar que comparte con los hijos, ya adultos; en la casa de su madre, que seguía llamándola con su nombre masculino; en un consultorio psicológico, en sus clases en un aula de la Facultad de Arquitectura, en el parque al lado del río Paraná, adonde le muestra a su amiga Angie Alvarez, bombera trans, el DNI nuevo. La mirada es la de una amiga que va transitando con ella y es testigo de la vuelta de un viejo amor, las dudas sobre la posible operación y los dolores de una vida dedicada al mandato de cuidar de otres.

Canela se estrena el jueves 14 de mayo en la plataforma del Programa Puentes de Cine de la Asociación de Directores de Cine PCI (puentesdecine.com ) que funcionará como una sala virtual. Por cada entrada vendida, 50 pesos serán donados a la gestión de fondos para el acompañamiento de personas trans en todo el país a través de las organizaciones y las redes de la Liga LGBTIQ+ de las Provincias.

“Es un documental fronterizo”, dice Cecilia del Valle, que conoció a Canela en la militancia territorial de Nuevo Encuentro Rosario y pensó la película –inicialmente- alrededor del cambio que había experimentado su trabajo con la transición de género. Escuchar a la protagonista hablar sobre arquitectura orgánica es una delicia, pero Cecilia fue descubriendo que la directora –y la guionista original, Romina Tamburello- proponen y la realidad dispone.

La constructora Grandi perdió sus clientes de obras importantes y pasó a ser contratada para reformas hogareñas, trabajos más pequeños. La discriminación no es una palabra, sino una vivencia cotidiana, una violencia palpable. La sonrisa de Canela la suaviza sin ocultarla. “Aún en la construcción que es un lugar tremendamente machirulo, ella tiene algo que hace que los demás naturalicen rápidamente todo, empezás a entrar en su discurso interesante, en su carisma, en su forma graciosa de contar lo trágico”, dice del Valle de quien ahora es su amiga.

El registro comenzó en 2013, a partir de un subsidio del programa de fomento Espacio Santafesino que se convirtió en un episodio para televisión, ya estrenado, y luego el Incaa financió el largometraje que desde el jueves próximo podrá verse online. Para Cecilia no es menor que se trate del proyecto de una directora mujer, con montajista mujer (Verónica Rossi) y colorista mujer (Alejandra Lescano). “Soy una mujer que filmo en el interior, con mujeres en roles en los que no son habitualmente convocadas, sobre una temática muy particular, y ahí también hay una mamushka, porque se trata de una mujer trans clase media profesional, que hace un cambio de género a una edad no muy usual”, enumera esas singularidades encastradas. La música original de Juani Favre suma delicadeza. 

En el documental, uno de sus hijos le dice a Canela que deberá tercerizar el cuidado, si decide operarse y debe afrontar 40 días de reposo. Acostumbrada a ser proveedora de la familia, la protagonista les plantea su dilema. Queda abierto, como las heridas que el documental cuenta sin subrayados. Canela se ríe, en alguna escena llora con el gesto pudoroso de taparse la cara, se compra ropa en una tienda del barrio, se corta el pelo con una peluquera que atiende en la casa, vive esta vida elegida, sin olvidar los 48 años en los que fue un varón que trató de cumplir con todos los mandatos. Los dolores se mixturan, el proveedor no puede dejar el rol sin romper estructuras, y su deseo está siempre ahí, apareciendo, como lo humano en las casas que construye, como las sonrisas que regala apenas la conocés, como la caricia que tiene a flor de piel. 


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