El sentido común de los gobernantes 

La nueva etapa de la cuarentena 

La conferencia de Olivos, una señal de nuevos consensos. Tres gobernantes, mensajeros serenos. Nueva fase en 22 provincias. Aniversario del acuerdo entre Macri y el FMI, el pasado que pesa. Los cuidados que no cesan. Restricciones al transporte. Ruidos y furia de la derecha. Novedades en el IFE y en tarifas.

El viernes 8 de mayo podrá quedar como una jornada histórica, inédita.

* Se anunció el comienzo de la cuarta fase de la cuarentena en 22 de las 24 provincias.

* Cerró la primera etapa del canje de deuda nominada en dólares y sujeta a jurisdicción extranjera.

* Se conmemoró, de modo silencioso, el segundo aniversario del acuerdo entre el gobierno de Mauricio Macri con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Dos crisis colosales se conjugan y realimentan, suscitadas por la pandemia y por la herencia macrista. Una es global, consecuencia de factores ajenos a los argentinos. La otra la incubó un irresponsable y sectario gobierno de clase, de derecha. Conviene recordarlo mientras se afrontan ambas.

La conferencia de prensa en Olivos comunicó bien por varios motivos. Uno, porque la escenografía se corresponde con los hechos. El presidente, el jefe de Gobierno porteño y el gobernador bonaerense articulan políticas, conversan cotidianamente, enfrentan problemas similares desde espacios diferentes. Los especialistas Pedro Cahn y Mirta Roses no están pintados. Asesoran cotidianamente, son escuchados. Peregrinan por los medios con estoicismo y capacidad didáctica infrecuentes.

Segundo porque Alberto Fernández evitó los errores cometidos dos semanas atrás. Explicó mejor la generalidad, compartió el espacio con Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof. Dejó claro que hay parámetros que fija el Gobierno nacional y un conjunto de decisiones territoriales a cargo de gobernadores e intendentes.

Un país federal, vastísimo y multicolor, es azotado por el coronavirus de modo dispar. Diferentes son las respuestas, con toda lógica. Las provincias o regiones con menos contagios retoman la actividad, con muchísimos cuidados, factor común entre gobernantes de variopinta pertenencia.

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Similares pero diferentes: Rodríguez Larreta abre cautelosamente la economía citadina. Prioriza al comercio porque la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) alberga relativamente pocas industrias. Kicillof repara más en las industrias, claves en el empleo y el desarrollo de la provincia. 

Todos temen focos de contagio. El transporte público, clave en la dinámica metropolitana, se transformó en un peligro. Debe ser controlado, minimizado. Las villas y barrios más humildes se encuentran jaqueados, vulnerables… realidad preexistente y acentuada.

El virus vino desde el Norte, lo portaron viajeros usualmente de estrados medios o altos. Se propagó multiplicando la desigualdad, mestizada con la lesividad de la covid-19: los pobres y los adultos mayores son los principales grupos de riesgo. Tienta pensar un contrafactual: ¿qué hubiera sucedido con una peste traída por migrantes de países vecinos o por sectores desprotegidos de la clase trabajadora? Lo dejamos para la asociación libre de les lectores y volvemos al núcleo.

El encierro prolongado impacta en la economía tanto como en la psiquis y emocionalidad de los argentinos. Los mandatarios captan que la progresiva relajación de la cuarentena expresa un reclamo. Sería necio enfrentar dicha tendencia social. La base del cumplimiento de la cuarentena es el consenso, no la represión ni los autos retenidos, ni la persecución a los contados infractores. Las normas se derogan de varios modos, una es el desapego colectivo. “Desuetudo” se llama desde el derecho romano a la pérdida de vigencia de las leyes por el rechazo o el desdén masivos.

Mejor encauzar la demanda que negarla, siempre minimizando daños. Rodríguez Larreta asume que la movilidad se multiplicó casi por tres desde fines de marzo. Sensato frenarla en ese punto, poniendo coto severo al uso del transporte público, permitiendo el uso de bicicletas.

El intendente de Mar del Plata, Guillermo Montenegro (PRO), ensaya una experiencia piloto tras semanas de malaria en una gran ciudad devastada que redujo sensiblemente los nuevos contagios. Abre los comercios, habilita los paseos. Lo conversa con el presidente. Un intercambio racional, práctico, formateado por los condicionamientos, no ritual ni tampoco mecánico. De modo escalonado, se replica entre provincias, municipios, representaciones sectoriales. Sólo desde un anacronismo o una derecha militantes se puede menoscabar su esencia democrática.

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Aliados, rivales, enemigos: Las teleconferencias entre mandatarios se vuelven costumbre, abordan cuestiones sustantivas. Los anuncios de Olivos se pactaron en encuentros de cuerpo presente, varios. “Fueron muy buenos”, coinciden la Casa Rosada y la Jefatura de Gobierno.

Macri anunció el acuerdo con el FMI solito como Robinson Crusoe sin viernes. Evitó convocar al Congreso que, en aquella época, capacitaba para sesiones presenciales. Musitó pocas palabras mal enhebradas, enfiló con el Titanic hacia el conocido iceberg.

La derecha autóctona no capacita para dar lecciones sobre la República, su historia reciente la condena. Se hace cómplice de los temores que engendra la covid-19, los atiza. Un elenco de indignados repite mensajes en cadena. “Un embole la cuarentena” emite el ex senador Miguel Pichetto, un editorialista de Clarín calca sus palabras. Embolante lo que atienda a la vida y la salud. En fin.

Los expositores del viernes arguyen, relatan, difunden datos. Justifican cada una de sus medidas. Nada de eso las hace indiscutibles. El que razona facilita la controversia. El tono calmo y explicativo armoniza los estilos bien diversos de Fernández, Larreta y Kicillof.

La Vulgata acusa a Alberto F de dividir a la oposición. Las divergencias, empero, las causa la división del trabajo. Quienes gestionan atienden urgencias, necesidades. Mejor o peor pero habitan un mundo real, cercado por acechanzas atroces.

El Gobierno nacional multiplica créditos, programas de ingresos. Prohíbe los despidos por dos meses, el Presidente insinuó que serán prorrogados tanto como el congelamiento de tarifas de servicios públicos. Las concesionarias calculan a ojito el consumo y facturan cifras exorbitantes. El ENRE debe frenar su bulimia insolidaria. Las grandes corporaciones se empeñan en mantener super ganancias.

Se amplía por otro mes el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). La operatoria, urdida en semanas, falló en parte. Todavía no se completó la mitad de los pagos. La gigantesca cantidad de trabajadores informales o no bancarizados dificulta la cobranza. También se registran carencias en la gestión. Fernández adelantó se unificarán las dos mensualidades para quienes no cobraron: recibirán en mayo veinte mil pesos. Convierte la autocrítica en acción. Fernanda Raverta, titular de la Agencia Nacional de Seguridad Social (ANSES) hará el anuncio mañana y dará detalles.

Los créditos para las empresas tropiezan con la oposición activa de la banca privada. Son opositores al gobierno, acaso enemigos objetivos de la sociedad civil.

El Gobierno respeta las libertades expresivas, recibe diatribas y agresiones que se le ahorraron a Macri o al fallecido presidente Fernando de la Rúa. Los causantes de los default son premiados por el establishment en proporción directa al daño que infligen a casi todos los compatriotas.

La democracia funciona de un modo particular durante la pandemia. Los presidentes Jair Bolsonaro y Donald Trump escogen, en Estados Unidos y Brasil, otra política sanitaria, otro modo de relación con los mandatarios sub estatales, otro estilo para polemizar. El modelo de crisis argentino, peronista en la conducción, con aliados transversales luce sensato. De cualquier forma persiste la incertidumbre sobre el futuro.

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Cuidados colectivos: Las aperturas en numerosas provincias habilitan moderado optimismo de la voluntad. El Gobierno pondera que podrían levantar sus ventanas más de mil fábricas sujetas a los exigentes requisitos sanitarios. Cumplir los protocolos de protección a los laburantes, indumentaria, distancia social, jabón y alcohol en gel en cantidad. No congestionar el transporte público que queda reservado a quienes practican actividades esenciales. Esto es, que las empresas provean el transporte a sus empleados.

Un discurso común emparenta a gobernantes de diferentes rangos y partidos. Hay que cuidar lo conseguido, no se debe echar por la borda. La conducta social es la clave de los indicadores comparativamente bajos en contagios, en cantidad absoluta de fallecimientos y en su porcentaje respecto del total de la población.

Los avances para recuperar la posibilidad de trabajar y producir quedan subordinados a cómo evolucionan esos indicadores. La conducta ciudadana será clave al respecto. La sociedad civil es custodia de la salud pública. De todos depende el futuro común… he ahí una de las tantas imposiciones o enseñanzas de la peste.

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