A 95 años de su nacimiento

Para recuperar la voz de Haroldo Conti

Este lunes a las 20 se estrena Como vida que vivo… Lecturas Contianas, una serie audiovisual de cinco capítulos filmados por el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, con lecturas de Leonardo Sbaraglia, Gemma Rizzo, Alejandra Flechner, Lorena Vega y Chacovacci. 

Los olvidados y marginales del Delta del Paraná, como El Boga, no tienen vidas heroicas ni mucho menos ejemplares. Si hay una épica modesta desde la periferia de la civilización, consiste en la deriva y la supervivencia en ríos, arroyos o islas. “Se sentía respirar y moverse levemente con mil movimientos y crujidos de sus ropas húmedas y mugrientas; se olía y se sentía de cien formas, en toda la extensión de su cuerpo. Y su propia presencia pesaba sobre él, como algo latente, cálido y muy solitario. Él era, en este momento, el centro de ese mundo anegado por las aguas. Un sobreviviente. El silencio y la noche, y las aguas desbordadas y la soledad de aquel río semejante al mar venían a morir alrededor de él. El sentimiento de esto, no la idea, le provocaba una extraña alegría y una especie de rara seguridad. No tenía que marchar hacia nada. Ahora todo convergía hacia él”, revela el narrador de Sudeste, la primera novela de Haroldo Conti.

A 95 años de su nacimiento –en el mismo mes en que se recordó los 44 años de su secuestro y desaparición forzada por la dictadura-cívico militar, el 5 de mayo de 1976-, este lunes a las 20 se estrena Como vida que vivo… Lecturas Contianas, una serie audiovisual de cinco capítulos filmados por el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, con lecturas de Leonardo Sbaraglia, Gemma Rizzo, Alejandra Flechner, Lorena Vega y Chacovacci. Los capítulos se estrenarán todos los lunes a las 20, hasta el lunes 22 de junio, en el canal de Youtube del Conti. Leer fragmentos de novelas y cuentos de Conti (Chacabuco, 25 de mayo de 1925-5 de mayo de 1976), filmados en este contexto de cuarentena, es recuperar la voz de un escritor que, como él mismo lo dijo, empeñó su escritura en “una obsesiva lucha contra el tiempo, contra el olvido de los seres y las cosas”. En el primer capítulo de la serie, Sbaraglia lee un fragmento de Sudeste (1962), novela por la que recibió el Premio Fabril, que se inicia con una descripción del arroyo del Anguilas que podría conectar con el principio de Mientras agonizo de William Faulkner. Después de la muerte del Viejo para el que trabajaba, El Boga elige llevar una vida solitaria, viviendo de la pesca, hasta que encuentra un barco derruido que decide reparar. Pero la incursión de una seguidilla de personajes desvía ese proyecto y el grupo impone la delincuencia, el robo y el asesinato.

Leonardo Sbaraglia

La serie propone homenajear a uno de los mayores escritores argentinos, que trabajó como periodista, fue piloto de avión, seminarista, navegante, nadador de aguas abiertas, guionista de cine, docente de latín y militante del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) y también en el FAS (Frente Antiimperialista por el Socialismo). En el segundo capítulo Gemma Rizzo leerá fragmentos de “Como un león”, publicado en el libro Con otra gente (1967), donde aparece la voz de Lito, un pibe de la villa. “Pienso en mi hermano, por ejemplo. Hace un par de meses que lo mataron. El botón vino y dijo con esa cara de hijo de puta que ponen en todos los casos, que había tenido un accidente. El accidente fue que lo molieron a palos. Fuimos en el patrullero mi madre y yo hasta la 46a y allí estaba mi hermano tendido sobre una mesa con una sábana que lo cubría de la cabeza a los pies. El botón levantó la sábana y vimos su cara, nada más que su cara, debajo de una lámpara cubierta con una hoja de diario. No solté una lágrima para no darles el gusto y además no se parecía a mi hermano. En realidad, no creo que haya muerto”, confiesa Lito que siente que su hermano sigue vivo en él.

La literatura, que permite conjurar las distancias y el tiempo, quizá sea el único antídoto posible contra la fugacidad y la finitud. Alejandra Flechner leerá “Los caminos”, publicado primero como anticipo en la revista Crisis (1974), incluido en su último libro de cuentos, La balada del álamo Carolina (1975); un relato en el que recuerda las vidas de sus amigos, escritores como Francisco Urondo y Antonio Di Benedetto, pero también de otros “anónimos”. A través de un narrador en primera persona que piensa que los días de su vida se parecen a las teclas de su máquina, Conti escribe “como una forma de contarme todas las vidas que no pude vivir”.

El capítulo IV de la serie explorará también el registro de la crónica periodística con la lectura de Lorena Vega de “Tristezas del vino de la costa o la parva muerte de la Isla Paulino”, la última crónica que escribió Conti, publicada en la revista Crisis, en abril de 1976: “Los lugares son como las personas. Comparecen un buen día en la vida de uno y a partir de ahí fantasmean, es decir, se mezclan a la historia de uno que se convierte en la quejumbrosa historia de lugares y personas”. La serie cierra con Chacovacci leyendo “A la diestra”, el último cuento que escribió, que permaneció en su máquina de escribir, ante el ruego de su compañera Marta Scavac, en el momento de su secuestro, el 5 de mayo de 1976, en la casa de la calle Fitz Roy 1205. Este relato es un homenaje en clave fantástica a su tía Teresa, la esposa del tío Agustín (personaje que aparece en el cuento “Las doce a Bragado”). El narrador inventa y hasta cree leer una crónica sobre el asado organizado por Dios en recibimiento de la tía Teresa, que llega al cielo limpia de pecados. Luego del asado hubo festejos en una fantasmagórica fiesta de la que participan Juan Gelman (1930-2014) y el Tata Cedrón.

En la compleja exploración del alma humana, Conti supo indagar en la belleza y el horror de esas criaturas silenciosas que no están (ni estarán) invitadas al gran banquete de la civilización.

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