RESISTENCIAS

Los rostros de cada historia

La muestra Guerreras -un proyecto artístico de Eleonora Ghioldi sobre violencia de género- continúa creciendo en tiempos de pandemia a través de otros soportes, ahora digitales. Ya no está el cuerpo a cuerpo pero la mirada sigue posándose como un acto de resistencia, aún pantalla de por medio.

“¿Cómo van a seguir nuestras luchas, cómo vamos a ocupar la calle si no podemos habitarla? ¿Cómo vamos a marchar este 3 de junio si no podemos salir?”, se pregunta Eleonora Ghioldi y en esas preguntas anida también cierta incógnita sobre el devenir de su muestra Guerreras, que combina fotografía, audios, testimonios y entrevistas vinculadas a la violencia machista. Dice que durante estos meses de aislamiento la continuidad en el trabajo fue una resistencia y que el proyecto sigue creciendo con la certeza de que la escucha es la misma y la confianza se recrea a pesar de las dificultades para encontrarse. Hubo una modificación en la dinámica, tanto para tomar las fotos como los testimonios a lxs familiares de víctimas de femicidios. Las entrevistas son ahora vía Skype o Whatsapp, en los distintos espacios de intimidad, que también son políticos. Desde el 2011, este proyecto sigue en proceso como algo “súper orgánico”. Empezó hace nueve años en la cotidianidad de charlas entre amigas, cuando una contó una violencia machista y otra se vio identificada y otra también y así las biografías rompían silencios y se volvían políticas. Se sumaron fotos y testimonios de mujeres asesinadas en ciudad Juárez y luego de hijas de mujeres desaparecidas por el terrorismo de Estado en Argentina. En el tiempo que lleva la cuarentena, Eleonora continuó los encuentros con familiares de víctimas de femicidio en nuestro país. “Tomar la decisión de seguir el proyecto es una forma de resistencia aunque no podamos estar en las calles. Y que los familiares accedan a participar y a tener esta experiencia en este contexto, también es una forma de resistir”, dice a Las 12. 

Entre los testimonios que se incorporaron en estos dos últimos meses están -entre otras- las voces de Fabio Páez, papá de Chiara, la adolescente asesinada en Rufino, Santa Fe, el 10 de mayo de 2015; Marcela Morera, mamá de Julieta Mena, embarazada y asesinada a golpes por su novio el 11 de octubre de 2015, en Ramos Mejía; Verónica Fretes, mamá de Giselle Páez, de 24 años, con dos hijes, y asesinada en 2015 por su pareja en Santa Cruz; Gustavo Melmann, el papá de Natalia, de 15 años, secuestrada, violada y asesinada por policías en febrero de 2001 en Miramar; Eva Domínguez, cuñada de Vanesa Celma, -27 años, embarazada de 8 meses y mamá de un niño de 5- quemada por su pareja en 2010; Hugo Capacio, papá de Dayana Capacio, quemada en 2012 por su ex novio; Ana Soto, mamá de Analía Aros, asesinada por su pareja en 2018; Yael Funes, hermana de Lis Grisel Funes, asesinada el 27 de abril de 2016.

El femicidio de Chiara fue el que dio origen al grito de NiUnaMenos, su padre dice: “Siempre me preguntan qué significado tiene el 3 de junio y es algo raro, sentimientos encontrados, una mezcla de dolor, de tristeza, impotencia y también de orgullo porque a pesar de haber perdido a mi hija, el movimiento Ni Una Menos es algo que originó un cambio muy importante en la mentalidad de la gente. Lo que sí tarda mucho en cambiar es la mentalidad de nuestros funcionarios. Porque vienen muy lentas, no las soluciones porque no va a haber soluciones, pero si las prevenciones, sí las cosas que pueden hacer desde el Estado para que haya menos femicidios. Un mensaje que le quiero dar a las chicas jóvenes es que nunca se guarden un secreto que venga de la violencia”.

Después de escuchar las entrevistas, Eleonora reflexionó sobre el tema de la resiliencia: “Seguimos luchando por más que pareciera que no podemos luchar más”. A propósito de esto, la mamá de Julieta Mena cuenta: “Durante esta pandemia y aislamiento me encontré recibiendo muchísimos llamados o mensajes de mujeres que estaban aislada en su casa y necesitaban un consejo, cómo salir, qué hacer, y esa fue mi manera de darles una mano y que no lleguen a lo que le pasó a mi hija”. Marcela pudo sobrellevar su dolor ayudando a otras mujeres. “Llamar por teléfono, mandar un mensaje. Que no se aíslen más de lo que ya estamos, y que sepan que se puede salir”, dice.

Durante el confinamiento, las situaciones de violencia machista se agravaron. Los números sobre los femicidios y travesticidios -uno cada veintisiete horas- son escalofriantes y se debe accionar urgentemente con políticas públicas más intensas. “Se pone todo tan en evidencia, ¿no?”, dice Eleonora. “Las violencias contra las mujeres, la violencia doméstica, las diferencias sociales, las injusticias, todo sale a luz de una manera explosiva y nos obliga a hacernos cargo. Con todos estos femicidios que ocurren mientras estamos en aislamiento, me llama la atención que a muchxs les preocupe más cuántas veces sacó el vecino a pasear al perro, o si vive un médico en el edificio y hay mayor riesgo de contagio, pero al momento de poner atención sobre las violencias hacia las mujeres, no se escucha nada. Hay mucha gente que no quiere comprometerse en esta lucha. Se sigue viendo como un tema privado y no como algo público, político. Creo que hay que trabajar en eso”.

Yael Funes habla de su hermana y cuenta: “Mi hermana era abogada, profesora de música, y muy buena amiga. El día que la mataron cambió el rumbo de nuestras vidas porque comenzamos una lucha. Yo tuve que sacar una licencia especial para ir a juicio. Y lo digo de esta manera porque es muy difícil llevar adelante un juicio y encontrar justicia. La justicia es machista y llega tarde. Muchas veces me pregunto por qué nos pasó esto, por qué le pasó a mi hermana si era una persona inteligente, que tenía su carácter. Y la respuesta que encuentro es que vivimos en una cultura machista, con instituciones machistas, porque mi hermana había presentado cinco denuncias penales y tenía tres restricciones domiciliarias”.

En esta etapa de la muestra Guerreras, las fotos son con barbijos que llevan los nombres de las mujeres, y la fuerza de los testimonios que siguen pidiendo justicia por cada una. “Mi hija no es una más en la lista de tantas chicas asesinadas. No es un número más. Era Meli. Era mi hija”, dice Claudia Vallejos, mamá de Melisa Kumber, que tenía 27 años y un bebé de siete meses cuando su femicida decidió quitarle la vida de un tiro en la cabeza el 21 de junio del 2019.  

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