Reabrir una fábrica en tiempos de pandemia

La nueva normalidad industrial

Las empresas deben aplicar protocolos estrictos que los sindicatos y los municipios en los que funcionan deben aprobar y garantizar que se cumplan.
Las inversiones para implementar los protocolos son costosas. Las inversiones para implementar los protocolos son costosas. Las inversiones para implementar los protocolos son costosas. Las inversiones para implementar los protocolos son costosas. Las inversiones para implementar los protocolos son costosas. 
Las inversiones para implementar los protocolos son costosas.  
Imagen: Télam

La reapertura de una fábrica en tiempos de pandemia no se trata únicamente de convocar a los trabajadores, poner en marcha las máquinas y empezar a producir. La nueva normalidad en el mundo industrial significa aplicar protocolos estrictos que los sindicatos y los municipios en los que funciona cada empresa deben aprobar y garantizar que se cumplan.

Además de las medidas sanitarias dentro del espacio de trabajo, que una empresa retome sus actividades conlleva a que haya más personas circulando. Así que a la hora de planear la reapertura, los empresarios deben pensar también en un plan para reducir al máximo el traslado en el transporte público: convocando a los empleados que viven más cerca de la planta y que puedan viajar con vehículo propio, garantizando transporte privado y asignando asientos para cada trabajador y estableciendo turnos de producción para no saturar los traslados en la hora pico. También hay protocolos puntuales para los lugares de almuerzo y descanso, por supuesto manteniendo el distanciamiento pero también con mamparas de acrílico que separan las mesas en los comedores de algunas fábricas. 

Las inversiones para implementar los protocolos son costosas. La planta de Ford en Pacheco invirtió 475 mil dólares inicialmente y 200 mil dólares más para comprar scanners térmicos, termómetros infrarrojos, kits de higiene y protección personal para cada empleado y reacondicionar el lugar de trabajo para garantizar la distancia social. En fábricas más chicas ese costo es menor: el protocolo sanitario de los jugueteros, que comenzaron a producir para prepararse para el Día del Niño, implica una inversión de 120 mil pesos. 

También existen protocolos para cuando fallan los protocolos. Si aparece un trabajador contagiado en una planta, el plan de acción puede ser variado. En el caso de Toyota, en Zárate, en el que identificaron un caso asintomático, justo un día después de la visita del Presidente Alberto Fernández, el protocolo sanitario acordado con el sindicato SMATA incluía tests aleatorios a los trabajadores y el aislamiento y testeo cada 72 horas a todos los trabajadores que habían estado en contacto con el operario contagiado.Para las empresas más chicas, se suspende la actividad por 48 o 72 horas para desinfectar la planta y se aísla al trabajador que dio positivo. 

La Provincia de Buenos Aires es el corazón productivo del país. Funcionan más de 200 mil empresas de diferentes rubros que aportan un 35 por ciento del valor total de la producción nacional. Hay 30.000 industrias que concentran más de la mitad de la producción industrial del país. A su vez, es la mayor provincia empleadora. El 41,5 por ciento de todos los trabajadores en Argentina lo hacen en industrias bonaerenses. Como en vocabulario pandemia un empleo es sinónimo de una persona más circulando, estos números ponen a la Provincia en tensión. La tarea de los equipos que se encargan de autorizar las empresas es muy compleja porque implica por un lado mucha responsabilidad para flexibilizar la mayor cantidad de actividades y así generar un impacto positivo en la economía argentina, al tiempo que deben hacerlo con sumo cuidado para que esas aperturas no generen más contagios de los concentrados en la región. 

Desde que se declaró la cuarentena quedaron exceptuadas 18 mil empresas productoras de alimentos, higiene personal, medicamentos e insumos sanitarios en la Provincia. Las primeras aperturas apenas comenzó a flexibilizarse la cuarentena fueron sobre todo atendiendo a los pedidos de municipios del interior de la Provincia. La mayoría eran para  peluquerías, centros de estética, construcción privada y lavaderos de autos. En el AMBA, estas actividades son dificilmente aprobadas por el  Salud. El turno de las industrias bonaerenses llegó durante la primera semana de mayo. Las autoridades ya recibieron 605 expedientes para reabrir actividades industriales y comenzaron a operar más de 600 industrias. Los rubros más emblemáticos fueron el automotriz y el tabacalero. Cuatro de las principales plantas fabricantes de automotores están radicadas en la Provincia de Buenos Aires, acompañadas de unas 300 empresas que las proveen de insumos esenciales. El sector tabacalero también fue importante porque su cadena de valor afecta a muchas provincias del país, además de que genera una alta recaudación impositiva (la recaudación por impuesto al tabaco cayó el 71 por ciento en marzo/abril). 

En estos días se están conociendo los poco felices resultados económicos de los distintos indicadores durante el mes de abril: caída de la industria, de la construcción, ventas minoristas, entre otros. Con el gobierno, las empresas y los sindicatos trabajando en una reapertura progresiva de actividades con foco en la segmentación geográfica, se espera que los resultados de mayo puedan dar un indicio de que se comienza a salir adelante.

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