Entre vivir y tratar de hacer reír

El desafío de hacer humor en Salta con la pandemia de fondo

Con memes, personajes alusivos, reflexiones y sarcasmo lxs humoristas de la provincia trabajan sin cansancio en medio de una de las crisis que más golpea al sector en los últimos tiempos.
Cristina Idiarte, Agustín Ochoa, Graciela QuipildorCristina Idiarte, Agustín Ochoa, Graciela QuipildorCristina Idiarte, Agustín Ochoa, Graciela QuipildorCristina Idiarte, Agustín Ochoa, Graciela QuipildorCristina Idiarte, Agustín Ochoa, Graciela Quipildor
Cristina Idiarte, Agustín Ochoa, Graciela Quipildor 

Cristina Idiarte, Nahuel López, Graciela Quipildor y Agustín Ochoa son trabajadores del arte y la cultura en la provincia, si bien todos vienen de palos diferentes, el humor local y propio es un eje transversal a la hora de crear sus personajes y contenidos.

Graciela Quipildor es comediante y conductora de radio, pionera en la generación de stand up en el NOA. Trabaja el humor de una manera muy particular, abarcando sus vivencias personales y también aquellas cuestiones que le hacen ruido sobre la sociedad salteña.

“No hay que irse lejos para hacer reír a las personas, al salteño lo puede la referencia, le encanta que le nombres el canal de la Esteco o el Mercado San Miguel”, dice La Quipi y agrega que siente que logró trabajar sus personajes con este patrón, “es buscar la vuelta, hay miles de recursos para hablar de todo y que se ría incluso el que es objeto de risa. Cuando vos tocás la salteñidad sagrada, le tocás el culo, pero hay que encontrar la manera de tocárselo y que le guste”, remata, y se ríe, obviamente.

Para Graciela, la pandemia fue un fluir sin fin de emociones, primero con la cancelación de “La penúltima oportunidad”, una obra de teatro que realizaban en conjunto con Cristina Idiarte y que fue suspendida a pocos días de su estreno. Ambas se lamentan y cuentan que estrenaron "a sala llena, teníamos mucha expectativa con esa obra, y el día que se inició la cuarentena nosotras estábamos subidas a una combi, listas para ir con la obra a Tartagal. Antes de salir nos llaman y nos cuentan del anuncio del período de aislamiento social, preventivo y obligatorio en todo el país. Nos queríamos matar, ya habíamos mandado la escenografía por encomienda y todo”.

Ya resignada y encerrada, descubre que el humor a ella le significaba salir de sus momentos de angustia y soledad, “el fenómeno de esta cuarentena es que la gente no solo estaba receptiva, sino que también hacía humor, fíjate tik tok: es gente que se pone a generar humor porque necesita transformar lo que está haciendo y viviendo en otra cosa. Nos dimos cuenta que todos podemos hacer reír y ya no interesa tanto la figura o la autoría, eso pasa con los memes que son de todos y no son de nadie a la vez”. 

Su experiencia fue tan intensa que sintió que “desafiaban al comediante y teníamos esa presión de generar, pero a la vez había días que no me salía, no podía y quería que otro me haga reír. Ahí entendí que el humor para mí es más que un trabajo, o hacías todo gratis o no lo hacías y te ponías a amasar pan de masa madre. Yo elegí hacerlo porque sentía que era oportuno” y reflexiona: “pensar como comediante te hace pensar también en qué necesita la gente, y qué necesito yo”.

Para Nahuel López, más conocido por el mundo influencer como elnegriusnagu, el humor es algo que se basó en sus vivencias personales, “es un poco contar como vivo, donde y la situación”. La explosión de este joven de 23 años comenzó hace un año y medio con un video en el que se quejaba de “la calor”; se volvió un fenómeno que llegó a ser conocido en todo el país. Sobre esto, cuenta: “lo hice justamente porque estaba harto de vivir en un lugar donde hacía un calor tremendo y yo estaba ¡ay mamita dame agua!”.

La vulnerabilidad es una herramienta de trabajo para Nahuel pero desde una perspectiva, “yo me puedo reír de mí mismo con determinadas intenciones, pero si alguien se ríe de mí sin ese enfoque, ya no me gusta, o sea, no tengo por qué bancarme la mierda de los demás si apenas puedo con mi mierda”, explica.

Nahuel también construye un relato en base a las vivencias y a la observación, “trato de hacerlo sin guión, intenté y me sale demasiado mal ¡me parezco a Estevanez! No es que no escribo, pero no me aferro a algo y con el tiempo voy tomando más y más confianza”; en relación a su exposición cuenta, “siempre tuve miedo de mí, si no fuera por mi mamá no sería lo que soy, con el pelo y las uñas de colores. Ahora sí ya me importa poco, me río de mí. Igual, tampoco es que me la creo, sigo paseando perros, yendo a la verdulería y ayudando a mi familia”.

Además de humor, Nahuel desde su casa de barrio en Cafayate hace activismo LGBTIQ y cuenta lo que siente en relación a lo que se muestra dentro de las redes y los medios “cuando los youtubers o influencers hablan de alguien gay ves al típico flaco, blanco y nada afeminado o, si no, es el otro extremo. Y da bronca, porque no es así, por eso cuando empecé con el tema de los videos ya sabía quién era, lo que me gustaba y lo que quería, y al ver la llegada que tenía comencé a sentir la responsabilidad de comunicar lo que pasa, hay gente gay morocha, del interior y no todos somos lindxs”. Y remata, “no quiero pensar que nunca voy a poder estar una pantalla ni en TV porque no soy lo que quieren ver”.

En relación al humor local, él siente que tiene un humor que le llega más a la gente grande o a la que no es de aquí, “no tengo un hilo conductor, trabajo con cosas que todos pasamos, todos nos quejamos del calor, a todos nos dejaron plantados, todos nos reímos de Jujuy y viceversa”, y toma como concepto que “el humor está muy basado en que quieren dejar de ver tanta porteñidad y mirar para adentro y ser más identitarios, por eso la mayoría de mi público se ríe cuando hablo de pueblo”.

Nagu entiende que “hay que tener tacto, porque en las redes al salteño le ofenden muchas cosas y no le ofenden otras, por ejemplo, si tocás la religión o el aborto, saltan por todos lados, pero si herís los sentimientos de alguien, nadie te dice nada. Por eso trato siempre de dejar a las personas reflexionando, o pensando", remata.

Cuando todo esto termine, Nahuel López aspira a volver a trabajar de lo suyo, el stand up en boliches y viajando por las provincias del NOA, aunque realmente reafirma la idea de llegar a la calle Corrientes, “solo o en un elenco, pero de verdad quiero llegar a ser alguien para que mi familia viva mejor, y mi mamá nunca más tenga que trabajar o limpiar”.

En concordancia con la intención del humorista de dejar reflexionando a la gente, Cristina “La Negra” Idiarte resalta esta conducta en sus personajes, “es muy bueno cuando te reís de algo y después te quedás tecleando” y agrega la idea de que “reírse de uno mismo es una de las cosas más divertidas que hay”. Haciendo referencia a uno de sus personajes cuenta: “me pasa con La Dorita, que es docente, y yo soy docente. Eso es una forma cómica del reflejo, lo que uno es y hace. Mi personaje es la docente que tuvimos todos”, y cuenta que surgió a través de una anécdota, “de chica en un acto de la escuela yo quería ser la patria y la maestra me dijo que no, que yo era una mazamorrera y la patria fue la rubia del grado. Entonces a partir de ese hecho que era doloroso en su momento, comencé a hablar de esas docentes que me habían formado”. En relación a este acting, Cristina explica que “fue una manera de homenajearlas y homenajearme y tirar un manto de humor, a ese momento, eso era lo que entendíamos por patria, por acto y por lugar”.

Sin ir más lejos, Cristina explica lo que es para ella el humor: “es un caballo de Troya que utilizo siempre para hablar de algo que me interesa mucho o para llamar a la reflexión”, considera que la risa es “lo más primitivo, pero después me gusta llegar a reflexionar sobre qué es lo que me causó gracia”.

En sintonía con esa transición dice que “está bueno cuando te podes reír de vos y hacer un trabajo de sanación y también, cuando la inteligencia es un recurso, se pueden intuir varios caminos donde no está todo dicho y las personas terminan de interpretar”.

Cristina Idiarte es docente de teatro en “La Morisqueta”, licenciada en gestión y producción teatral y lleva más de 30 años subiéndose a las tablas como actriz y dramaturga. Toda esta situación la dejó pensando en cómo salir adelante, relata que vienen "ensayando cosas a estrenar en marzo de manera virtual, empecé a hacer podcasts, también estoy investigando lo sonoro y quiero trabajar en radioteatro, pienso que si nos toca esto de nuevo no nos tiene que agarrar tan desprevenidos”.

La Negra cuenta, “ahora estoy bien, pero la primera semana de cuarentena me agarró re mal, pensaba qué hago, cómo vivo, cuánto dura esto. Nosotros somos uno de los sectores más afectados porque no se sabe cuándo vamos a volver y siendo realista la verdad que nos pareció desolador el panorama, sin ir más lejos, la obra “La penúltima oportunidad” nos costó mucho y apenas la estrenamos se cortó todo”.

Además de sus trabajos artísticos, decidió encarar también una forma de exigir al Estado provincial más atención hacia el sector del teatro, “estamos en una situación compleja porque no tenemos laburo ni ayuda de la provincia. Estamos sobreviviendo gracias a fondos de Nación y con el Instituto Nacional de Teatro, donde pudimos acceder a una ayuda económica (equivalente a una función adelantada). 

Cuenta que “a nivel provincial no hay mucho, luego de mucha presión se nos dio un subsidio de $5.000, pero a cambio de una contraprestación. Para mí no hay un entendimiento del trabajador cultural. El trabajador de teatro en Salta quedó desvalido” y afirma que “el 80% de lo que pasa en el teatro es físico, no se puede hacer una obra online o dar clases, porque la gente no lo consume”.

Agustín Ochoa es fotógrafo y realizador audiovisual, actualmente trabaja en su tesis de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de Salta. Explica el humor como “ir con barbijo, los lentes empañados y sacarme el barbijo y poder respirar mejor, ese alivio y esa forma de encarar la vida. Más que crear humor, soy un gran consumidor, pero a la hora de crear, pienso en usarlo para bajar data, construir sentido, desmitificar cosas y romper con estigmas o seguir generándolo, depende siempre de quién lo haga”.

Lejos de ser un influencer o un personaje como los de Cristina o La Quipi, Agus vuelca su potencial en el mundo gráfico siempre usando el humor como algo fundamental “es una forma de decir algo que, si no fuera a través del humor, no lo dirías”, todo lo que hace lo hace analizando su función y explica: “veo páginas de memes que ayudan a construir cierto imaginario de las personas de un barrio y eso atrasa”.

Con respecto a su sector, para Agustín “es un momento increíble para generar contenidos, la gente está más tiempo en pantalla y podemos generar. Ahora, lograr ganar plata con esto, es muy difícil”, y espera que “en Salta los publicistas y las empresas privadas comiencen a monetizar el humor, acá hay youtubers que tienen un millón de seguidores y no tienen anunciantes, porque prefieren publicar en El Tribuno. Para un empresario si no es tangible no sirve, esto va a depender de cómo se vaya desarrollando el mercado local, y que no sea todo canje, porque tampoco está bueno”.

En relación a lo salteño y local piensa que el humor gráfico y la literalidad no se llevan bien en la provincia, y cuenta una experiencia, “escribí una nota humorística donde el rector de la UNSa se confundía y se iba a trabajar a la Universidad Católica y los medios lo comenzaron a levantar, al rato fui a la universidad y escucho a dos compañeros comentando la nota. Lo más gracioso es que yo solo quería hacer referencia a que la única universidad pública con capilla que hay en el país es la nuestra y que por eso se parece a la Católica, pero la gente se lo tomó en serio”.

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