Bar de viejes

Quedate

Una esquina de Caseros

Una cuenta en Instagram y un sitio web -a punto de estrenarse- con un mapa que recorre bares clásicos que son parte de la identidad barrial porteña (incluyendo el conurbano). Eso es @bardeviejes , un proyecto que intenta desacelerar el cierre de estos espacios que hoy sufren doble amenaza: no sólo el tiempo, sino además una pandemia que golpea a toda la gastronomía. “La idea nació hace dos años, con foco en bares asociados al patrimonio de la ciudad. La elección no siempre tiene que ver con la antigüedad, sino con lugares que tienen una dinámica de barrio, donde a lo largo del tiempo se repiten rituales propios, formando una suerte de mini sociedad”, cuentan desde esta cuenta.

Entre los más de 300 bares incluidos en @bardeviejes está Copetín Fiat , en una esquina de Caseros. Un lugar pequeño para pedir directo en la barra. Su nombre se debe a que está ubicado frente la ex fábrica de Fiat (hoy Peugeot). Por fuera parece un viejo almacén de barrio pero detrás de las cortinas de tiritas de plástico amarillas se esconde una gran joya de Caseros. Nacido en 1965, es desde siempre atendido por la misma familia de origen calabrés: Antonio (el bar de Antonio le dicen hoy en el barrio), quien heredó el local de sus padres junto con Betty y Gregorio, su hijo y gran cocinero a cargo. Porque en Copetín Fiat la comida es protagonista: la bondiola braseada es fantástica, al plato con guarnición (papas, puré, ensaladas, escabeches) o en sándwich con ciabatta casera. En invierno suman guisos y sopas, también una perfecta empanada frita de ragú con hongos de pino. Hay panes caseros, tortilla, tartas varias. La frutilla del postre: el crack pie, una torta helada de dulce de leche; clásicos como el flan o el budín de pan; o los cannelé bordelais, rolls de canela típicos de Burdeos. 

Copetín Fiat es así un gran ejemplo de un negocio familiar con buena comida que no depende de los vaivenes de la moda. Ahora, durante la cuarentena, mucho de esto se puede pedir para llevar, sólo en horario de almuerzo. Para quien esté por la zona, cien por ciento recomendado.

Copetín Fiat queda en Wenceslao de Tata 5393 (esquina Cervantes), Caseros, Tres de Febrero. Horario de atención: lunes a viernes de 8 a 14:30. Instagram: @copetinfiat

Casa art decó

En las últimas dos décadas son muchos los bares tradicionales que cerraron sus puertas. A veces, porque son proyectos familiares que se quedan sin herederos que los continúen. Pero en otros casos se debe a cambios en cómo la sociedad piensa sus barrios y salidas. “Hay una idea de barrio que se perdió: ya no somos tan sedentarios. Antes nacías en un lugar y te quedabas ahí para siempre, te identificabas con esa zona. Hoy somos más nómades, rotamos de barrio, de ciudades, incluso de países. A su vez, muchos de estos bares mantienen otro tipo de temporalidad, que para muchos puede ser medio arcaica. No siempre tienen wi-fi ni redes sociales; en sus mesas encontrás clientes que toman un café mientras escriben en un cuaderno, miran por la ventana o hablan con algún otro parroquiano. Ir a un bar así significa dejar lo que estabas haciendo afuera. Es algo completamente contrahegemónico”, explican desde la cuenta @bardeviejes. 

Como ejemplo, ahí está Bar La Sarita, una casa art decó en pleno corazón de Florida, Vicente López. Los antiguos dueños, de apellido Quilliet, construyeron el lugar en 1934. Primero fue un despacho de bebidas y almacén con un palenque; recién en 1960 se convirtió en un bar restaurante. Le pusieron el nombre en honor a una de sus hijas. Claudio, su actual dueño y anfitrión, compró la propiedad en 1985 y se hizo cargo del negocio junto con su madre, manteniendo toda su belleza: el piso de damero, la barra y mesas de fórmica, la calma de un barrio alejado del centro. Con sólo mirar, se puede recomponer una época.

En plena cuarentena La Sarita abre de lunes a sábados con un horario un poco más reducido, de 10.30 a 15.30, ofreciendo un menú semanal de calidad y precio accesible con delivery y take away: lunes de albóndigas con arroz y puré; martes de filet de merluza con guarnición; miércoles de pastel de papa; jueves de canelones y pollo al horno; viernes de carne al horno. Además, los platos de siempre para pedir de la carta: bocadillos, supremas grillada, milanesas, tortillas. Todo rico y bien hecho, desde un lugar único.

Bar La Sarita queda en España 500, Florida, Vicente López. Whatsapp: 11-4063-7481. Teléfono 4718-0126. Horario de atención: lunes a sábados de 10.30 a 15.30.

Lugar de pertenencia

Bar Oriente , en Villa Ortúzar, cumple con todos los requisitos de un auténtico bar de viejes: un lugar barrial, simple, con historia, clientes habitués y buena comida. Hoy esta esquina funciona en exclusiva con opción “para llevar”, y en la ventana tienen pegados los dibujos de todas las promociones que ofrecen (sí, dibujos porque Oriente está a cargo de una familia de dibujantes). Gerardo Basabe, uno de los hijos de Dionisio (quien compró el bar en 1993), abre y cierra las puertas cada día. La milanesa con fritas ya es un clásico de la casa: cuesta $280 y alcanza tranquilamente para que coman dos personas. Tienen también una promoción llamada “Esperando la carroza” que incluye tres empanadas a $150.

Los platos de Oriente son buen ejemplo de la triple B gastronómica: buenos, bonitos y baratos. El flan merece un premio y lo mismo pasa con las minutas: excelente tortilla para compartir, rico carré de cerdo o bife con guarnición; suculentos tallarines con estofado y, en días fríos, guiso de lentejas o sopa de verduras son algunas de las recetas que nunca fallan. “Es mucho más que un tema de arquitectura; son lugares que cumplen una función social, que es de contención para muchos. Eso aplica a los clientes, claro, pero también a los propietarios y a los mozos”, explican en @bardeviejes. 

Mucho de eso se puede corroborar -o se podía corroborar antes del aislamiento- en las mesas de Oriente, que representan la multiplicidad del barrio: allí se sentaban desde tacheros habitués hasta los vecinos más locales. Entre estos últimos está Pedro Piris. Tiene 83 años y es oriundo de Mercedes, provincia de Corrientes. Vive a unas cuadras del bar y hace 30 años que, de manera casi religiosa, almuerza allí todos los mediodías. A veces, lo acompaña una mujer que lo cuida; otras está solo en su mesa. Pedro es una prueba más de que los bares no sólo dan de comer. Y de que muchos esperan que se levanten las restricciones para volver a su lugar de pertenencia.

Bar Oriente queda en Av. Álvarez Thomas 1800, Villa Ortúzar, CABA. Teléfono: 4554-5688. Horario de atención: lunes a sábados de 12 a 15. Instagram: @bar.oriente

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