Iggy Pop es el único sobreviviente del cuarteto

"Fun House", la obra maestra de The Stooges, cumple 50 años

Aunque el disco no vendió mucho en su momento y la banda se disgregó poco después de publicarlo, su sonido salvaje se convirtió en icónico para las generaciones punk, alternativas y retro rock. 
Dave Alexander, Iggy Pop, Ron y Scott Asheton (atrás): The Stooges en los estudios de Elektra Records.Dave Alexander, Iggy Pop, Ron y Scott Asheton (atrás): The Stooges en los estudios de Elektra Records.Dave Alexander, Iggy Pop, Ron y Scott Asheton (atrás): The Stooges en los estudios de Elektra Records.Dave Alexander, Iggy Pop, Ron y Scott Asheton (atrás): The Stooges en los estudios de Elektra Records.Dave Alexander, Iggy Pop, Ron y Scott Asheton (atrás): The Stooges en los estudios de Elektra Records.
Dave Alexander, Iggy Pop, Ron y Scott Asheton (atrás): The Stooges en los estudios de Elektra Records. 

Es 22 de septiembre de 2006 y sobre el escenario montado en el Club Ciudad hay un enajenado aullando, mientras otros cuatro hacen un quilombo mayúsculo, como si se propusieran cruzar a John Coltrane con "Sister Ray" de The Velvet Underground. Pero no es una improvisación sino la "canción" que cierra uno de los mejores discos de la historia del rock: Fun House. Porque quien toca en Buenos Aires es The Stooges , la banda que le marcó la cancha al punk y que también le ofreció varias salidas de emergencia. Ya no está el bajista Dave Alexander, que murió en los '70, pero sí explotan en los parlantes el saxo del invitado Steve MacKay, el ritmo machacante de Scott Asheton y la guitarra de su hermano Ron, a quien habría que apodar "el riff humano" si Keith Richards no le hubiera ganado de mano. Y está Iggy Pop, claro, el chiflado mayor, el eterno candidato al panteón rockero, que eludió a la Parca una y otra vez. Es el que se trepa a los parlantes, el que se banca los escupitajos argentos, el que hace subir al público al escenario...

Es 7 de julio de 1970 y Fun House llega a las disquerías. El cuarteto todavía vive en una suerte de comunidad -con muy poco de hippie- en una destartalada casa en las afueras de Detroit a la que el disco le debe su nombre. La banda acaba de hacer un show memorable en el Cincinatti Pop Festival, del cual quedaron inmortalizados unos minutos por televisión: Iggy -con un collar de perro en el cuello- se tiró al público y emergió para caminar sobre las cabezas; alguien le dio un tarro de manteca de maní y él se pasó el producto por el pecho antes de arrojárselo a la multitud. Ya no queda mucho de la inocencia con la que el cuarteto tomó forma ni grabó su primer disco epónimo bajo las órdenes de John Cale. Eso sí, el salvajismo que destilaron sus shows desde el principio no ha hecho más que incrementarse, propulsado por las drogas duras que los músicos descubrieron durante la grabación del segundo álbum. Las puertas de la autodestrucción están abiertas.

1970

A cincuenta años de su publicación, Fun House suena vital y desquiciado, como una descarga eléctrica que sacude el cuerpo y el espíritu. Fuera de tiempo entre la pandemia, el auge del trap y los memes, claro, aunque habría que preguntarse si alguna vez existió o existirá un "tiempo" para una obra sin paralelo como esa. "Mi música es caótica y creo que eso es parte de su atractivo. Es una especie de anarquía controlada", le dijo Ron Asheton a este periodista antes de la única visita de The Stooges a Buenos Aires. "Cuando conocí a Alice Cooper en Nueva York sólo tenía diez discos y dos de ellos eran copias de Fun House porque había destruido una de tanto escucharla. Me dijo: 'Es uno de mis discos favoritos de todos los tiempos'. No escucho muy seguido ese disco, pero cuando lo hago pienso en qué bueno que se haya convertido en eso. Estoy muy orgulloso de que la gente piense eso".

En 2003, para un número especial sobre Detroit de la revista Mojo, Jack White entrevistó a Iggy Pop, pero en un momento no pudo contener su fanatismo. "Para mí Fun House es el más grande disco de rock'n'roll que se haya hecho y siempre voy a sentirlo de ese modo...", le dijo el entonces líder de The White Stripes. "Todo el álbum me parece una gigantesca explosión. Es muy poderoso. Tiene los mejores gritos que se puedan escuchar en un disco. Simplemente suena insano. Es un disco brillante. No creo que nunca pueda ser igualado". La respuesta de la Iguana: "¡Estaba tratando de capturar cómo sonaban los shows de The Stooges! Si hubieras visto a The Stooges una semana antes de que hiciéramos el disco, habrías escuchado ese mismo disco en vivo. Ese era nuestro set. Esas canciones, en ese orden".

El blues de Los Angeles

En febrero de 1970, The Stooges se presentó en Ungano's, un local neoyorquino, y la lista de temas fue casi la misma que la que iría al álbum: sólo había un cambio de orden entre "Loose" y "Down on the Street", y faltaba "L.A. Blues". Ese show fue el primer contacto de Don Gallucci con la banda antes de producir Fun House, una tarea que primero rechazó diplomáticamente con la frase "gran acto, pero nunca se podrá capturar en cinta". Como era empleado de Elektra Records, no le quedó otra opción que intentarlo... aunque para eso debió tirar todos los manuales de cómo hacer un disco en 1970 por la ventana.

Para entonces, Iggy estaba casado con Betsy, una chica de 15 años que vivía con él -y el resto de los Stooges- en la Fun House de 2666 Packard Road. Allí, Ron Asheton creó los riffs para "Loose" y "1970", seguramente vestido con alguno de los uniformes nazis que coleccionaba, mientras Dave Alexander aportó el de "Dirt" y la melodía de bajo del tema que da nombre al disco. Pero había una nueva influencia involucrada, además de ese rock sucio y garagero que la banda ya había patentado un año antes. "John Sinclair (manager de MC5, la otra gran banda de Detroit de entonces) nos introdujo en la música de Coltrane y la amamos", contó Ron Asheton en el libro From the Velvets to the Voidoids, de Clynton Heylin. "Trajimos a Steve MacKay, de los Charging Rhinoceros of Soul y Carnal Kitchen a tocar el saxo porque nos gustaba el material de Coltrane y queríamos tener mejores desmadres en los finales de las canciones".

Iggy había dejado hacía rato su empleo en la disquería Discount Records, pero ahí trabajaba MacKay, así que fue a verlo. "Él ya tenía Fun House escrito en su mente", recordó el músico invitado ante Paul Trynka para la biografía Iggy Pop: Open Up and Bleed. "Él sabía que iba a haber saxo en el disco y ya sabía que quería llevarme a Los Angeles para grabar, pero yo fui el último en saberlo". El saxofonista apenas llegó a tocar en un show del cuarteto antes de subirse a un avión junto a la banda el 21 de abril, el día que Iggy Pop cumplía 23 años.

La banda se alojo en el motel Tropicana, un reducto donde la frase "sexo, drogas y rock and roll" debería haber estado escrita en el cartel debajo del nombre. "Caminabas por Santa Monica Boulevard para levantarte a alguien y le decías 'Tengo tal droga, vamos a tu habitación'. Todo el lugar era así. Despreocupado", contó Danny Fields, quien había "descubierto" a la banda y todavía trabajaba para ella como publicista pese a haber dejado Elektra Records. 

Iggy le narró así las sesiones a Jack White: "Estábamos a dos cuadras del estudio, así que caminábamos temprano a la tarde, juntos -¡tipo Abbey Road!-, con nuestros pequeños instrumentos, y cada día hacíamos una canción. Esa es la razón por las que hay tantas tomas de cada una. Le sacábamos el maldito jugo a cada canción. Los muchachos fumaban mucho porro y yo tomaba mucho LSD, psilobicina y cosas así, pero no todos los días. Siempre grabábamos durante el día. Las sobregrabaciones estaban limitadas a algunas guitarras y hubo un par de días para sobregrabar las voces si yo estaba demasiado loco... Pero no loco: digamos simplemente que mi cuerpo se había alargado (...) Necesitábamos ciertos gritos, cosas así, así que eso se hacía en las sobregrabaciones. Y eso fue todo. Dos semanas de principio a fin, según recuerdo".

Gallucci tenía como misión que en la cinta quedara registrado eso que él mismo consideraba imposible de grabar, así que se puso frente a la consola a transistores Neve de los Elektra Studios y apretó "Rec" cuando la banda terminó de apilar sus Marshalls. El resultado, según el productor, fue "una pesadilla". Después de un par de días, él y el ingeniero Brian Ross-Myring cambiaron de planes y dejaron que la banda pusiera todos sus equipos en una misma sala y grabara a la vez. El sonido único de Fun House tiene mucho que ver con esa decisión. La idea de dejar lista una canción por día también fue del productor.

"Básicamente, fue un álbum en vivo en el estudio", explicó Scott Asheton en el libro Please Kill Me, de Legs McNeil y Gillian McCain. "Tratamos de sonar como la banda original, antes del primer álbum, con formato más libre, con jams, y agregamos a Steve MacKay en saxo. La paz y el amor no tuvieron mucho que ver. No nos preocupaba demasiado intenta hacer que alguien se sintiera bien, nos importaba más lo que estaba pasando y la mierda embolante que era, y como realmente éramos tratados. 'Dirt' es el ejemplo perfecto de cómo era nuestra actitud: 'Fuck a toda esta mierda, somos mugre, no nos importa'".

Abajo en la calle

En medio de las sesiones, The Stooges hizo un parate para tocar en San Francisco, donde Iggy probó por primera vez la heroína. Poco tiempo antes, Fields lo había iniciado en la cocaína. El 25 de mayo, la banda grabó doce tomas de "Dirt" y se embarcó en "L.A. Blues", un tema al que hasta entonces se refería como "Freak" o "el final hippie". Para celebrar el fin de las sesiones, todos excepto Ron Asheton tomaron ácido. La aventura californiana concluyó con dos shows en el Whisky a Go Go, en las que Iggy tomó de las mesas candelabros hechos con botellas de chianti y se tiró cera derretida en el pecho.

"Cuando volvimos a Detroit de hacer el álbum en California, las cosas estaban cambiando", contó Iggy en Please Kill Me. "De repente, el desempleo estaba empujando a la gente fuera de Detroit. Toda la atmósfera había cambiado. Y nosotros empezamos a caer en las drogas duras". En septiembre del año anterior, la administración de Richard Nixon había lanzado la Operación Interceptar para frenar el consumo de marihuana; el resultado fue un incremento del uso de cocaína y heroína.

El 8 de agosto de 1970, The Stooges se presentó en en el Goose Lake Festival, en el que a Iggy le dio por pedirle a la multitud que volteara las vallas de contención. Había 200 mil personas y algunas recuerdan el asunto "como salido de una escena de Mad Max". Al final del show, el cantante le dijo a los Asheton que debían echar a Alexander, quien, al parecer, había quedado en blanco y no había tocado una nota. (El próximo 7 de agosto se publicará por primera vez el audio de consola de ese recital, que se creía perdido, y aparentemente revertirá esa leyenda. El sello que lo sacará es Third Man Records, de... Jack White). "El grupo no volvió a estar en foco después de eso", admitió el cantante muchos años después.

La historia continuó con el abuso de drogas separando a la banda, el ingreso del guitarrista James Williamson -que se enganchó rápidamente en la heroína- y hasta la demolición de la Fun House, donde en el último tiempo sólo quedaba Ron Asheton, el único que no se había vuelto un junkie. La posterior aparición de David Bowie y la grabación de Raw Power en Inglaterra es, como se decía en 1970, "harina de otro costal". Igual que la reunión de los Stooges en 2003, para grabar en un disco de Iggy y tocar en el festival de Coachella, lo que devino en una gira mundial y un álbum de estudio. La muerte de Ron en 2009 marcó el reingreso de Williamson y la banda siguió adelante hasta el fallecimiento de Scott Asheton en 2014. Iggy Pop es el único miembro original de The Stooges que continúa vivito y cantando. Hace poco cumplió 73 años.

Mugre

Según Lester Bangs, crítico venerado por varias generaciones (Philip Seymour Hoffman lo encarnó en la película Casi famosos), Fun House era "el mejor disco de la historia". En lugar de una crítica común y corriente, le dedicó un ensayo tan largo que la revista Creem debió separarlo en dos partes, publicada en meses consecutivos. Pero no todo el mundo pensó así: para la mayoría de los ejecutivos de Elektra Records, haber editado esa suerte de vómito eléctrico era casi una deshonra.

Lo de los sonidos guturales que emite la garganta de Iggy sobre el riff monocorde en el comienzo de "Down on the Street", vaya y pase, pero el miasma en el que se convierte el tema, con varios solos de guitarra sonando al mismo tiempo mientras el cantante grita "prrrrrrrrrrrrrrrrr" no era para gente acostumbrada a lidiar con vocalistas melódicos o rockeros hippies. Y que el estribillo de "Loose", la segunda canción, fuera "Te la voy a clavar bien adentro/ porque soy libre" hacía que el disco no fuera precisamente material para la radio...

"T.V. Eye" era punk antes del punk, como para que los Ramones y los Sex Pistols fueran aprendiendo. "Dirt" sonaba como una amenaza ("¿Dijiste que lo sentís cuando me tocás? / Hay un fuego / Sí, hay un fuego"), con Ron Asheton demostrando a puro wah wah que ya era mucho más que el guitarrista novato del primer disco. El lado B arrancaba a los gritos con "1970" ("Desquiciado un sábado a la noche" era la primera frase); seguía descontrolándose con "Fun House" y el saxo free jazz de MacKay, mientras Iggy pedía "Dejame entrar... una vez más" a la chica de la que había estado demasiado tiempo separado; y terminaba en la locura de feedback y aullidos de "L.A. Blues", mientras los músicos parecían dinamitar el estudio, con sus instrumentos y ellos mismos adentro.

Las cifras de venta parecieron darle la razón a los ejecutivos de Elektra Records, que se deshicieron rápidamente de los Stogees -que ya estaban bastante deshechos por sí solos- y no quisieron grabar el tercer álbum que a la banad le correspondía por contrato. Por supuesto, el paso del tiempo puso las cosas en su lugar. Primero el punk, luego el rock alternativo y el retro rock garagero de este siglo tomaron al segundo disco de The Stooges como referencia. Y Fun House se reeditó una y otra vez, para satisfacer las ganas de nuevas generaciones.

Además, en 1999, Rhino (como Elektra, hoy parte de Warner) lanzó una caja de siete CDs titulada 1970: The Complete Fun House Records. A fin de mes, ese mismo material (más la grabación de un show en Nueva York) se editará en 15 vinilos comprimidos en una caja de edición limitada: sólo se publicarán 1970 copias de Fun House 50th Anniversary Deluxe Edition. En el libro que acompañará a los discos habrá textos de Henry Rollins, Flea (Red Hot Chili Peppers), Tom Morello (Rage Against The Machine), Joan Jett, Thurston Moore (ex Sonic Youth), Duff McKagan (Guns N' Roses), Shirley Manson (Garbage), Karen O (Yeah Yeah Yeahs) y J Mascis, entre otros. Al fin y al cabo, tan mal no le fue al sello con el álbum...

"Los Stooges tienen que ver con lo que sucede en mi cabeza cuando pienso en el asalto total que me gustaría darle al mundo... si pudiera", le dijo Iggy Pop a este periodista en 2009 . Además de todo lo antedicho, Fun House es una muestra de ese pensamiento.

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