Construir un entramado social de empresarios nacionales pyme como sujeto estratégico del desarrollo

Modelo de crecimiento virtuoso

El ecosistema actual de las pymes se compone de más de 600.000 que emplean a casi el 80 por ciento del trabajo registrado. Con la dictadura cívico-militar, el empresario nacional como sujeto y modelo de un país soberano y desarrollado fue otro de los desaparecidos del mundo real y simbólico.
Una cantidad significativa de productores y actores sociales viven del mercado interno.Una cantidad significativa de productores y actores sociales viven del mercado interno.Una cantidad significativa de productores y actores sociales viven del mercado interno.Una cantidad significativa de productores y actores sociales viven del mercado interno.Una cantidad significativa de productores y actores sociales viven del mercado interno.
Una cantidad significativa de productores y actores sociales viven del mercado interno. 
Imagen: NA

A menudo se difunden noticias que cuentan que el gobierno se reunió con empresarios o que los empresarios apoyan o rechazan una iniciativa del gobierno, o que el Presidente visitó determinada empresa o se dirigió a “las empresas” al hacer algún anuncio. Pero, ¿de qué se habla en Argentina cuando se habla de “la empresas” o “los empresarios”?

Es importante analizar el contexto histórico y social para entender cómo se conformó el sentido común que hoy opera en el imaginario de la política, los ciudadanos y de los propios empresarios cuando se habla de ellos.

Hacia fines de los años '70 en Argentina era común hablar de “Empresarios Nacionales” o “Empresas Nacionales” y todos sabían de qué se estaba hablando. Hasta la dictadura militar de 1976 y la imposición del neoliberalismo, la mayoría de la sociedad argentina sentía orgullo de sus industriales. Las industrias nacionales florecían por todo el país. Hombres, mujeres, niños y niñas vestían prendas de textiles argentinos, se alimentaban con productos elaborados en el país, jugaban con juguetes argentinos, equipaban sus casas con muebles, enseres y electrodomésticos nacionales y se movían en bicicletas, motos o autos de producción mayormente argentina.

Ese país fue el que vino a liquidar la dictadura cívico-militar. El empresario nacional como sujeto y modelo de un país soberano y desarrollado fue otro de los desaparecidos del mundo real y simbólico de una sociedad en la que el Terrorismo de Estado operó para cambiar de raíz la matriz de sus valores. Valores que la habían llevado a ser uno de los países con mejor índice de distribución de la riqueza y de desarrollo humano en el mundo.

Alimentado desde entonces por una casta de economistas del poder y el descomunal aparato de las corporaciones mediáticas se instaló en el sentido común un conjunto de ideas y “saberes” casi un dogma religioso, en favor del libre mercado y el capital financiero que convirtieron a los empresarios nacionales en meros lobbyistas en su relación con el poder y en ineficientes y poco competitivos en el imaginario popular y formaron una barrera para cualquier proyecto de desarrollo nacional.

La interrupción histórica que significó la dictadura produjo consecuencias también en el llamado campo nacional y popular,  en donde el marco conceptual dominante parece haberse quedado cristalizado en el industrialismo de los años '50 a '70, invisibilizando la situación real de la geografía empresarial argentina. 

Para la dirigencia e incluso la militancia territorial, los empresarios son, en su imaginario, las grandes empresas, nacionales o multinacionales, el actor político primario al que reconocen, con el que negocian, colaboran o confrontan, o sobre el cual imaginan políticas públicas, representadas por las gremiales empresarias más poderosas: UIA, AEA, Grupo de los 8, CAME, con las que 500 grandes corporaciones, de las cuales más la mitad son extranjeras, operan políticamente para influir en las decisiones de gobierno y defender sus intereses monopólicos.

Pero existe otro mundo. El ecosistema actual de las pymes se compone de más de 600.000 que emplean a casi el 80 por ciento del trabajo registrado. De ellas, más del 80 por ciento tienen menos de veinte trabajadores y su salario promedio es de 35.000 pesos. 

A ese universo hay que sumarle los comercios, los trabajadores cuentapropistas, emprendedores, formales e informales, y trabajadores de la economía popular. Esa masa constituye un número significativo de productores y actores sociales que viven del mercado interno, generan el trabajo de la población, y producen o hacen circular la mayoría de los bienes que se consumen a diario y muchos de los insumos y productos tecnológicos y bienes de capital para las grandes industrias nacionales o multinacionales.

Es vital que la política comprenda la importancia de sumar y construir con ese entramado social de empresarios nacionales pyme como sujeto estratégico y masa crítica para la consolidación de un modelo nacional y popular y para contrarrestar el discurso hegemónico, incorporándolos a los espacios de decisión de las políticas públicas en donde puedan aportar su visión y experiencia y las necesidades reales de las pymes en toda su diversidad y en cada rincón del país. 

Es necesario volver a visibilizar, fortalecer y rescatar en el plano simbólico al empresario nacional como un generador de empleo, de conocimiento y de valor nacional para evitar que un modelo de desarrollo nacional naufrague una vez más ante el poder hegemónico de las corporaciones y sus medios de comunicación.

Para poder decir Nunca Más al neoliberalismo necesitamos que el empresario sea otra vez un sujeto político activo de un modelo virtuoso de país, dispuesto a resistir y pelear junto con los trabajadores por una Patria justa, libre soberana, orgulloso de ser parte de ella y legitimado como tal ante la sociedad, que lo vuelva a pensar como parte de ella.

* Titular del Centro Universitario de Idiomas (CUI) e integrante de Asociación de Empresarios Nacionales.

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