La pandemia no perdona. Ni siquiera a la revista especializada en música más antigua y prestigiosa de habla hispana, de las que seguían en actividad. En mayo pasado, Rockdelux anunció que ese mes pondría en circulación su último ejemplar, tras 35 años de testimoniar la evolución de la cultura pop. "En principio se planteó como un número de confinamiento, porque todos estábamos trabajando desde casa", explica Santi Carrillo, director de la publicación de origen catalán, al NO. "El de abril se terminó así y luego salió a los kioscos mal, porque muchos están cerrados y la distribución es un desastre."

Si bien ese ejemplar estaba herido de muerte por la poca publicidad, el de mayo se pensó en función del confinamiento, con sus 55 redactores recomendando en una página sus ítems culturales favoritos. "Mientras lo encargamos, decidimos que iba a ser el último", repasa Carrillo. "Mayo y junio es temporada de festivales en España, y por esa razón son los meses más fuertes en materia publicitaria. Con la cancelación de los eventos masivos, en mayo sólo teníamos una página y media de publicidad. El drama era horrible. Ya estábamos en una situación delicada, y eso no hizo más que empeorarla."

Santiago Carillo, director de Rockdelux, un símbolo del periodismo musical | Foto: Archivo Rockdelux


Sin embargo, la decisión de Rockdelux no hizo más que despertar la empatía tanto de colegas como del público. "Todo el mundo quiso tener ese número. La reacción fue tan extraordinaria que se agotó en los kioscos. Un desastre paradójico", comparte el director de la revista. "Aunque nos conmovió lo que sucedió, ya está. Simbólicamente, acabamos menos tristes; más reconfortados y orgullosos por el trabajo hecho. Pero pronto nadie se acordará de nosotros. Esto es como los entierros: todo el mundo habla bien de los muertos, y lo hacen porque la revista fue importante en algún momento de sus vidas."

Así como sucedió con la publicación española, el coronavirus impuso una suerte de darwinismo social o más bien generacional al cobrarse la vida de varias figuras de la música. "Para nosotros, que acostumbrábamos a hacer obituarios de los músicos insignes, se tornó en una preocupación porque cada vez había más muertos por la propia edad del rock", reflexiona Carrillo. “No es que me alegra no seguir con Rockdelux, pero una de las cosas que no quise hacer más son artículos acerca de los músicos que se murieron en los últimos meses. Ha sido una barbaridad. También eso estaba lastrando un poco el contenido de la revista."

¿Nuevo periodismo o fin del periodismo?

Por más que haya sucedido en esta época distópica, el cierre de Rockdelux evidenció una vez más el cambio de paradigma que atraviesa el periodismo. "Nos negamos a hacer ese traspaso digital, que deberíamos haber hecho de una manera normalizada, porque aspirábamos a llevarlo adelante en buenas condiciones, con una redacción aceitada y colaboradores bien pagos. Nos negamos al trabajo cutre, en el que la mayoría de los medios digitales están plagados de voluntarismo y amateurismo, y donde se copian los artículos unos a otros. Eso no lo queríamos."

Para el mandamás de la revista, que se caracterizó en su época dorada por obsequiar en cada número un CD compilado, la supervivencia del periodismo recaerá en el pago de sus contenidos. "Me refiero a una cuota razonable", justifica. "Eso permitirá que las redacciones sean potentes o al menos dignas. Estar sujeto a los vaivenes de la publicidad es una cuestión aleatoria: un mes puede ir bien y tres mal. Es una dinámica extraña. Si esto estuviese garantizado con una suscripción, al final se consiguen esos muros de pago para que esa información no se consuma más gratis."

Aparte de acabar con Rockdelux, lo que podría extenderse a las pocas revistas que quedan en pie, la covid-19 demostró lo vulnerable que son la cultura y el entretenimiento en España. "La gente se habituó a consumir en Spotify y YouTube sin pagar", apunta Carrillo, cuya publicación tenía escenario propio en el festival barcelonés Primavera Sound. "Volver a la reflexión humanista de que el mundo debe parar porque íbamos demasiado rápido es, en parte, verdad. Los músicos están ahí. No pueden dejar de estarlo. Aunque tampoco pueden estar tocando gratis medio año en Internet para que nadie les pague nada."

La noticia del fin de una etapa del periodismo especializado en música impactó también en Argentina, donde Rockdelux se podía encontrar, con cierto desfasaje, en los kioscos del centro de Buenos Aires. "Cuando anunciamos el cierre de la revista, nos llegó mucho feedback de Argentina y de otros lugares de América latina", afirma Carrillo. "Siento que la distribución no pudiera ser la debida. Sin embargo, sé que fue muy importante para vosotros. No tanto para las masas, pero sí para los amantes de la música. Que hayamos sido un vehículo referencial, lo agradecemos mucho".

Después de 35 años de periodismo, ¿a qué te dedicarás ahora?

--Luego de liquidar todo, veremos qué ocurre. No tengo ni idea de lo que haré.