La jabalina voló impulsada por un sueño aquel atardecer que pintaba el cielo de Singapur. Al mismo tiempo, mientras el lanzamiento de Braian Toledo se suspendía esos cinco segundos en el aire, el domingo 22 de agosto empezaba a despertar en Argentina y la noticia estaba al caer. Entonces la jabalina se clavó a 81.78 metros del bonaerense de 16 años y su vida cambió para siempre. La medalla dorada en tierras asiáticas dio origen a un nuevo ícono del deporte nacional y por qué no un nuevo paradigma para las nuevas generaciones de deportistas.

Creció entre las calles de tierra del barrio Martín Fierro, en su Marcos Paz natal. Lejos de ese contexto, pero teniéndolo muy presentes aquella tarde en el Bishan Stadium, Braian vistió el ‘119’ en su pecho y superó la adversidad. Así lo recuerda quien fuera su último entrenador argentino, Mauricio Villalba: "En ese torneo se sintió muy mal, tanto en la previa como ese mismo día; tenía fiebre y estaba muy débil. Así y todo salió a competir. Se mentalizó en que no podía dejar pasar esa oportunidad, tenía en su espalda la mochila de ayudar a su familia, sabía que ganar ese torneo era muy importante".

Su victoria cortó una sequía de 62 años sin doradas en el olimpismo para el atletismo nacional y también fue su plataforma de despegue: luego compitió en Londres 2012 y fue finalista en Río 2016, además de Juegos Panamericanos y Mundiales. Pero la figura de Braian Toledo trasciende lo deportivo. Es que el joven atleta, fallecido en un accidente con su moto en febrero pasado, dejó un legado intangible. Su identidad propuso una manera diferente de transitar la popularidad, haciendo del éxito y la humildad dos caminos convergentes en la solidaridad. También en diálogo con Página/12, Sofía Lamarque recuerda a quien fuera su novio.

"Debería ser un modelo a seguir para cualquier ser humano, una persona llena de valores. El ayudar al otro era parte de su esencia. Yo creo que su misión en la vida era esa. A través del deporte, de sus logros y del reconocimiento se le abrieron muchas puertas y eso le permitía poder ayudar cada vez a más personas", cuenta la tiradora deportiva. 


Víctima de la desigualdad social en su infancia, impulsó un cambio por medio de su trabajo en el deporte. Con apenas 17 años, primero, concretó el sueño de su madre Rosa Idalgo: la casa propia. A la par de mejorar la calidad de vida de sus hermanos, puso su nombre al servicio del compromiso social y apadrinó, impulsó y acompañó diversas actividades solidarias. Dice Sofía:

"Le gustaba mucho dar charlas motivacionales o contar su experiencia de vida en los colegios y hablar con los niños de los merenderos y comedores que ayudaba. Siempre decía que a los chicos hay que escucharlos y más cuando vienen de una familia humilde, porque les cuesta mucho más expresarse. Él lo sabía muy bien".

Abanderado en Singapur 2010, no sintió presión por las expectativas puestas en él. Fue la novedad en la Villa Olímpica tras ganar el oro -su registro sigue siendo récord en la categoría- y quienes lo conocieron allí, lo recuerdan como una persona muy tímida: fue consolidando su personalidad y confianza con el correr de los años. En esos Juegos inició amistades y así lo recuerda Eugenia Garraffo, entonces medallista de plata con Las Leoncitas y con quien también compartía acciones solidarias después.

"Se hizo muy amigo de nosotras y al volver al país, el plantel lo invitó a Rosario, donde seríamos reconocidas en el Mundial que terminaron ganando Las Leonas. Viajó con nosotras y esos días fue uno más del equipo", recordó.

En Buenos Aires 2018, cuando volvió de sus entrenamientos en Finlandia para presenciar los terceros Juegos de la Juventud, un grupo de niños y niñas lo descubrió caminando por el Parque Olímpico de Villa Soldati. Lo rodearon y le pidieron selfies. Al mismo tiempo un periodista se acercó y le solicitó una entrevista: Braian accedió con cordialidad y una sonrisa en su cara, pero primero se encargó de satisfacer hasta el último pedido de sus pequeños admiradores. Su novia lo retrata. "Era consciente de lo que significaba como deportista y del rol que tenía con los más jóvenes. Estaba muy pendiente de los chicos".

Quienes lo conocieron, se conmueven al recordarlo. Y quienes no, también se ven movilizados por lo que representó y representa. “Con el pasar de los años, llegó a darse cuenta que realmente era una inspiración y el reflejo de que se puede hacer cualquier cosa que uno quiera y que al final todo es actitud”, cuenta Eugenia, una de las tantas amistades que el deporte le dio a Braian o que Braian le regaló al deporte. Voces que se quiebran o lágrimas que aparecen, matices entre los recuerdos.

Una persona que también caló hondo en instituciones: Braian fue bandera para el Comité Olímpico Argentino y para el propio Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo, además de la propia Confederación Argentina de Atletismo. Nació en los torneos Juveniles Bonaerenses y luego pasó a competir en los Nacionales Evita: Tenía su gran objetivo en Tokio 2020, edición a la que ya clasificó el taekwondista Lucas Guzman, también medallista en Singapur 2010. Entrenaba con el finlandés Kari Ihalainen y en sus orígenes lo había hecho con Gustavo Osorio.

Villalba lo tiene presente: "Siempre le gustaba ver videos de sus inicios, eso le hacía volver y no perder el rumbo. Le gustaba ver y recordar cómo había empezado y volver a sentir esa sensación de hambre, de ganar. Muchas veces se emocionaba, lloraba".

En la parte interna de su muñeca izquierda se había tatuado los anillos olímpicos y debajo la leyenda ‘Jan Zelezny 98.48’. El checo, dueño del récord mundial, era su norte en el deporte. Soñaba con ser como él o superarlo o tan solo tener la tranquilidad de haberlo intentado. En silencio, mientras tanto, perseguía con pasión otros objetivos más profundos, como cuenta Sofía:

"Andábamos en el auto haciendo cosas y por ahí paraba de repente y se bajaba o antes de bajarse me preguntaba si yo tenía más plata. Lo que ambos teníamos se lo dábamos a la persona que estuviera durmiendo en la calle, revisando la basura o tal vez una madre con sus hijos arriba de un colchón, con suerte, en pleno invierno".