El Papa no recibe a Pompeo

Mensaje de Francisco a Trump

Si bien las relaciones son formalmente cordiales, Estados Unidos y el Vaticano no disimulan sus discrepancias en política internacional. 

El 19 de septiembre, antes de iniciar su gira europea con escala obligada en Italia, el Secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, no tuvo reparo en tuitear para darle un consejo al papa Francisco: "hace dos años la Santa Sede logró un acuerdo con el Partido Comunista Chino esperando ayudar a los católicos. Pero el abuso del PCC sobre los fieles ha empeorado. El Vaticano "pondría en peligro su autoridad moral si renovase el acuerdo", escribió. La respuesta de Jorge Bergoglio no se hizo esperar: no habrá entrevista con el Papa, y el norteamericano tendrá que contentarse con una reunión con el Secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin.

Se trata de un salida elegante. En términos estrictamente diplomáticos, en la Santa Sede el interlocutor del canciller de un país es el Secretario de Relaciones con los Estados, Paul Richard Gallagher, aunque el Secretario de Estado suele conceder audiencias a esos ministros. También el Papa cuando se trata de países de gran importancia. A esa posibilidad pretendía acceder Pompeo entre otros motivos para transmitirle a Francisco de manera directa la molestia de Trump respecto de sus posiciones vaticanas ante la crisis mundial por la pandemia, pero que tiene graves componentes económicos y ambientales. Mientras Trump se desentiende de estos problemas y reacciona con lógica nacionalista, el Papa reitera su demanda de solidaridad y cooperación internacional, con mirada puesta en los más vulnerables y excluidos.

A Estados Unidos también le molesta que el Vaticano siga avanzando en su diálogo con China, una estrategia de acercamiento que Bergoglio profundizó en continuidad a lo hecho por sus antecesores en el pontificado.

La explicación oficial dirá ahora que el Papa solo recibe a jefes de Estado y que la reunión en la Santa Sede entre Parolin y Pompeo será entre pares. Los voceros vaticanos agregan que Pompeo llega a Italia como otra etapa de la campaña electoral para los comicios estadounidenses del próximo 3 de noviembre en los que Trump aspira a su reelección. La Iglesia Católica -dicen en Roma- no quiere involucrarse en el tema.

Contrariamente a lo que afirma Pompeo la Santa Sede no firmó -el 22 de septiembre de 2018 e inicialmente por dos años- un convenio con el Partido Comunista Chino (PCC) sino con el gobierno de aquel país. Allí la República Popular China reconoce por primera vez oficialmente al Papa y le otorga el derecho de nombrar obispos dentro de China, algo que hasta entonces estaba vedado generando la existencia paralela y simultánea de dos iglesias, una clandestina que respondía a Roma y otra aceptada por el Estado pero cuyas autoridades estaban tuteladas por el régimen de Beijing. Otras miradas sobre el mismo tema suelen describir el hecho como una división interna del catolicismo chino. En todo caso, el tema siempre ha sido un problema que el Vaticano ha buscado solucionar y al que el gobierno chino se opuso, entre otros motivos, por entender que la Santa Sede es en realidad un Estado que no debe entrometerse en la vida de la sociedad china.

A raíz del acuerdo -cuyo texto permanece en secreto- el Papa reconoció a los obispos nombrados por Beijing sin su permiso y el gobierno chino a su vez hizo lo mismo con los designados por el Papa. El resultado es que ahora toda la jerarquía católica china está unida a Roma y en sintonía con Francisco, lo que para el Vaticano significa un avance de proporciones en su estrategia. Se estima que en China hay actualmente 12 millones de católicos, número bastante menor a los 38 millones de protestantes que sigue en aumento.

El Vaticano y China rompieron relaciones en 1951, con la llegada del comunismo al poder y, por lo menos hasta el momento, nada indica que el restablecimiento de los lazos diplomáticos pueda producirse en el corto plazo. Sin embargo, Trump y los suyos desconfían de la aproximación entre Roma y Beijing y de allí también la ofensiva diplomática de la que Pompeo forma parte. La respuesta oficial de la Santa Sede vino montada sobre un editorial firmado el pasado 29 de septiembre por Andrea Tornielli, el director editorial del Dicasterio (ministerio) para las Comunicaciones, explicando los motivos de la intención vaticana de renovar el convenio. El acuerdo "no se refiere directamente a las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y China, ni al estatuto jurídico de la Iglesia Católica china, ni a las relaciones entre el clero y las autoridades del país" escribió el vocero. Tornielli recuerda que el propio cardenal Parolin señaló que "vale la pena continuar" porque "se ha marcado una dirección", aunque el ensayo seguirá "ad experimentum" y sus resultados se analizarán más tarde.

Según lo afirma el funcionario del Dicasterio para las Comunicaciones "el objetivo del Acuerdo Provisional nunca ha sido meramente diplomático y menos aún político, sino que siempre ha sido genuinamente pastoral: su finalidad es permitir que los fieles católicos tengan obispos que estén en plena comunión con el Sucesor de Pedro y que, al mismo tiempo, sean reconocidos por las autoridades de la República Popular China".

Como resultado del acuerdo hubo nuevos nombramientos de obispos por parte de Roma que fueron aceptados por el gobierno chino y el Vaticano aceptó el registro civil del clero en China, mediante una orientación en tal sentido publicada el 28 de junio de 2019. Tampoco el gobierno chino nombró obispos católicos al margen de lo dispuesto por la Santa Sede.

Según lo publica la revista católica Vida Nueva recogiendo informaciones difundidas por el laboratorio de ideas chino Tianouzhiku y por el portal Vatican Insider, el Vaticano enviará en los próximos días una delegación al país asiático con la intención de celebrar un diálogo directo con las autoridades en Beijing y mejorar el acuerdo firmado hace dos años.

Pompeo se quedó sin su encuentro con el Papa y Francisco le envió a Trump un mensaje de autonomía del Vaticano ante las presiones norteamericanas.

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