"¿Querés una muñeca que llore para tu cumple?", pregunta el padre a su hija pequeña. "No, una que luche por sus derechos", responde ella. Un náufrago, solo en una isla, lee el diario y exclama: "¡Todos los días lo mismo!". Otra. “Juventud, eficiencia y bajo salario: el combo perfecto”, le dice un gerente de una cadena de comidas rápidas a su joven empleado, que lo mira con resignación. "La felicidad es un invento del capitalismo, Susana. Yo le ofrezco un amor modesto pero sincero, de centro izquierda", le confiesa un personaje a una posible pareja. Esas son algunas de las viñetas que se pueden encontrar en Todo es político! (Hotel de ideas), el nuevo libro del humorista gráfico Tute que llegará en diciembre a las librerías.

En esta nueva publicación, Matías “Tute” Loiseau recopila una selección de cuadros de humor publicados en los últimos años en el diario La Nación y algunas tiras inéditas que giran en torno a la idea que propone el libro: Todo es político. Con ese tópico tan sugerente, el dibujante –que también incursionó en el mundo de la música, el cine y la poesía— aborda la idea de lo político en diferentes campos de la vida: las relaciones amorosas, los medios de comunicación, el movimiento feminista, la política partidaria, la Iglesia, el trabajo, la escuela, las Fuerzas Armadas e incluso la pandemia. “La relación de poder se juega en todas partes y en todos los tiempos”, sintetiza Tute, quien alude en el libro de manera recurrente al concepto de “grieta” política y la pone en discusión.

“Este libro surge naturalmente por la cantidad de dibujos acumulados en este sentido. Y también como una necesidad de que quede expresado un cúmulo de ideas que vengo trabajando acerca de la realidad social, de la coyuntura, de la vida política del país”, explica a Página/12 el hijo de Caloi. “Pero que, como siempre, me interesa que al mismo tiempo de ser un libro que aborde la temática de la ‘actualidad’, no deje nunca de ser un libro atemporal; es decir, que siga teniendo sentido a través de los años, que es un camino artístico que elegí hace mucho tiempo”.

En 2014, el artista había publicado su primera novela gráfica Dios, el hombre, el amor y dos o tres cosas más (Sudamericana), que ponía sobre la mesa los asuntos atemporales, existenciales y universales que siempre le inquietaron. Si bien “todo es político”, la coyuntura política, los temas de agenda o los acontecimientos sociales y culturales del momento no eran materiales que le interesara trabajar en sus tiras diarias. Lo suyo era más bien filosofar en clave poética y hacer humor con esos grandes tópicos que vienen acompañando a la humanidad durante siglos, como la soledad, la muerte, Dios o el por qué de la existencia.

Pero algo se movió en el tablero de Tute en los últimos cuatro o cinco años y empezó a incorporar en sus viñetas otros materiales, más en sintonía con al acontecer político, cultural y social del país. En principio, hubo dos acontecimientos fuertes que marcaron su cambio de rumbo artístico: la llegada del macrismo al poder a fines de 2015 y la revolución del feminismo. “Este libro emerge naturalmente después de un tiempo de mucha turbulencia en el que produje mucho material en ese sentido, dentro de este campo temático”, dice Tute. “Los libros para mí funcionan del siguiente modo: ¿De todo lo que venís publicando diariamente qué te gustaría que quedara? ¿Cuál es la síntesis? Así funcionan los libros para mí, es un nuevo mojón, ‘hasta acá’. Este material fue producido en los últimos cuatro años, en los que hubo una necesidad más fuerte todavía de expresarme ideológicamente. Los cuatro años de gobierno macrista y sus políticas son un poco la razón de este libro”.

-¿Y cómo se logra la atemporalidad cuando se aborda el acontecer político?

-A mí me desespera un poco la idea de que un dibujo humorístico o una tira dentro de tres años no se entienda, no sirva para nada, sirva solamente para envolver huevos. Me desespera esa idea, quizás por mi relación con el paso del tiempo. Desde el principio me interesó desarrollar un humor lo más atemporal y universal posible. Y al mismo tiempo me interesa estar conectado con el pulso de la realidad, de la actualidad más rabiosa. Pero hacerlo de un modo lo más inteligente posible para que se banque el paso del tiempo.

-En este libro, si bien hay tiras que tocan asuntos de agenda política, aparecen temas que atraviesan siglos, como la desigualdad social...

-La relación de poder se juega en todas partes y en todos los tiempos. Hay un tipo que me gusta mucho citar, un viejo humorista gráfico español llamado Chumy Chúmez, que tenía un humor muy filoso, inteligente y filosófico. Y alguna vez lo acusaron de no hacer humor sobre la actualidad y él respondió: "¿Y quién les dijo que yo no hago humor de actualidad? ¿Acaso hoy usted no se siente solo?". Y siempre me quedó esa respuesta, porque me parece que es una buena síntesis que intento hacer.

-De alguna manera, el libro propone pensar la realidad desde la idea de "todo es político", incluso los vínculos afectivos entre las personas...

-Exacto. Las relaciones de poder existen también en una relación amorosa. Entonces, todo es político en el sentido de la política como una relación del ser y el estar. Una relación del ser con el mundo que te rodea y con el otro. Y una relación de estar en estas tierras, en este país, en este contexto, en este mundo. Hoy vivimos una situación que es mundial: la pandemia. Así que todo es político en ese sentido: en la relación del ser humano con su entorno.

-¿El criterio de selección fue buscar cierta atemporalidad?

-No, la atemporalidad está en todo lo que produzco. Más bien fue la búsqueda de dotar al libro de un camino sinuoso en cuanto a lo temático: que haya diversidad de temas. Que toque el tema de la coyuntura del movimiento feminista, de la relación de poder entre el jefe y el empleado, el discurso político y su impacto en la gente, la pobreza, la comunicación. Me interesaba que quedaran representados en el libro todos los tópicos que voy tocando a lo largo del tiempo y que se repitiera lo menos posible el tema. También aparece la cuestión política en la infancia. Porque también están los pibes opinando sobre el mundo que le estamos dejando.

-¿Y fue un desafío para vos incorporar temas actuales como el transfeminismo o la discusión sobre la identidad no binaria?

-Sí, cada tanto se transforma en un desafío y después se vuelve algo natural que ya queda incorporado. Un poco funciona de esta manera: todo lo que me interesa en algún momento se traduce naturalmente en lo que hago. Hay un momento que es crítico y desafiante, que es cómo incorporar o modificar algo de la estructura o mecanismo de producción del humor. Una vez que eso lo resuelvo pasa a estar dentro de mis intereses con total naturalidad y aparece sin que yo fuerce nada. El momento de forzar fue cuando empecé a descreer de los mecanismos del humor que venía utilizando. El humor históricamente se produce jugando con estereotipos. Porque el estereotipo es un saber común que se tiene de un lado y del otro: el del autor y el de la persona que recibe. Me preguntaba cómo podía seguir produciendo humor con eficacia traicionando ése contrato histórico del humor de girar en torno a ciertos estereotipos. Y entonces empecé a hacer un trabajo inverso: si acá lo natural sería que yo hiciese al hombre diciendo una cosa y a la mujer diciendo tal otra, el mecanismo es hacerlo al revés. Por ejemplo: históricamente la mujer quedó en el lugar de la que habla mucho. Entonces, ese es un lugar común injusto. Ahora en la tira lo pongo al tipo como el personaje verborrágico y a la mujer como fastidiada, y funciona de todas formas. El mundo está cambiando y hay una conciencia nueva respecto de los estereotipos, el lugar en el que se ha puesto a la mujer históricamente. Ese tipo de cosas en algún momento son rupturistas dentro de la producción del humor y en algún momento se resuelven y quedan adentro de mi universo.

-Incluso relaciones de pareja donde no solo hay un hombre y una mujer, sino que tal vez hay dos hombres o dos mujeres o no hay una identidad de género binaria...

-Tal cual. Hace unos años recibí un mensaje de una mujer que me decía que era muy seguidora mía y que le encantaba todo lo que hacía, pero que le apenaba que siempre mis dibujos fueran de relaciones heterosexuales. Entonces, nunca podía sentirse del todo identificada. Y eso me interpeló. Le respondí que tenía razón y que no se trataba de otra cosa más que una limitación de mi parte. Entonces, traté de modificar eso. ¿Qué pasaba? Si yo hacía dos tipitos conversando o dos mujeres conversando se interpretaba como que eran dos amigos o dos amigas, porque el estereotipo está instalado con hombre y mujer, relaciones heterosexuales. Entonces, yo para hacer un chiste en el que hubiese una pareja homosexual previamente tenía que agregar unas líneas a ese globo para que se entendiera que eran pareja. Y eso entorpecía el humor. Entonces, el desafío consistía en cómo hacer para que funcione de todas formas y seguir trabajando con la economía verbal con la que me gusta trabajar y no perder la síntesis. Porque perder la síntesis es perder eficacia y potencia. Y, bueno, me llevó meses hasta que pude hacer el primer chiste de una pareja homosexual: dos tipos que estaban tomados de la mano y uno le preguntaba al otro si también era igualitario el divorcio. Y a partir de ahí algo se destrabó. Algo se va moviendo en las estructuras de cómo producir el humor.

-¿Y creés que el hecho de titular el libro de este modo también tiene que ver con una reivindicación de la política o lo político? Porque en tiempos macristas se instaló una fuerte deslegitimación de la política como herramienta de transformación.

-Esa es la gran herramienta transformadora. En el libro hay un cuadro de humor de eso: esa intención de muchos de escindirse de lo político como si hubiera alguna posibilidad. Y entonces se definen como apolíticos. Y eso no existe. Porque uno ejerce la política incluso cuando decide no ejercerla o no inclinarse ideológica o partidariamente en ningún sentido. No meterse en nada también es hacer política. Después, la política en la política tiene toda la mugre que conocemos. Pero me parece que es la única herramienta. Una vez le preguntaron a Leonardo Favio si con sus películas pensaba que podía cambiar algo y él decía "prefiero confiar en las políticas más que en las películas para transformar una realidad".

-En el prólogo del libro, se lee: "En ¡Todo es político! Tute nos muestra que no hay mejor herramienta que el humor para limpiar las malezas y volver a construir caminos que permitan encontrarnos", ¿Eso es posible?

-En términos generales, me parece que la grieta se produce porque hay dos modelos de país. Y la verdad es que no me parece mal, me parece que es así. Hay mucha gente que piensa que el país tendría que desarrollarse en un sentido y otro grupo que piensa lo contrario. Y eso es insalvable, son ideas. Después, lo que creo de las grietas -porque hay incontables grietas- es que son como las líneas de tu cara, son constitutivas, te construyen. Y son móviles también, porque a lo largo del tiempo pueden ir modificándose en función de la incorporación de conocimientos, de cambios de opinión. Entonces, no me parece que esté mal que haya grietas; me parece que delimitan, que señalan espacios. Pero si hay una grieta que es tremenda, que debiéramos intentar cerrar, es la grieta de la intolerancia, de la imposibilidad de convivir. Que estos dos grupos de gente que tienen ideas distintas no puedan sentarse a una misma mesa, no puedan discutir esas ideas… Entonces, la grieta que me parece absolutamente nociva y peligrosa es la grieta de la intolerancia. Porque generan un pozo largo de violencia, no sirven para nada.

-¿Y el humor qué función cumple en esta encrucijada?

-El humor, y el arte en general, construyen puentes hacia el sentido. El humor tiene una enorme capacidad de transmitir mucho en muy pocas líneas y muy pocas palabras. Esa es la mayor virtud del humor gráfico. La síntesis: acorta, despeja malezas y va al carozo de las cuestiones. Pero hablar del humor como herramienta transformadora quizás es demasiado. Prefiero confiar, como Favio, en las políticas. Pero sí entiendo que el arte es un puente hacia la producción de sentido. El humor labura con el pensamiento lateral; no va por donde van todos, va por otro lado. En ese sentido, me parece que el humor puede espabilar y en el mejor de los casos despertar alguna conciencia. El humor, además de mover a la risa y proponer una lectura crítica de la realidad, lo hace desde la pregunta, el cuestionamiento, desde la interpelación. El humor con sus formas nos cuestiona. Como sus vecinos: la poesía y la filosofía. Muchas veces el humor es un espejo incómodo.

-La pandemia también es política, ¿no? En el libro incorporás algunas tiras que tienen que ver con este contexto extraordinario...

-Sí, porque por un lado entiendo que un día esto quedará atrás, pero sin dudas va a ser inolvidable, así que en ese sentido va a seguir teniendo vigencia el humor con barbijo. Y la pandemia es política, claro, porque fijate que la unión y la grieta "se cerró" cuando estábamos todos cagados en las patas, en ese primer momento en el que toda la población estaba asustada. Después rápidamente se convirtió en una cuestión más para atravesarle en el medio la grieta y dividir las aguas. Si cuarentena si, si cuarentena no, si hasta dónde se abre o hasta dónde se cierra. Todo lo que se piensa o se dice se basa en preconceptos que ya existían. Según tu posición ideológica y partidaria previa hacés la lectura conveniente de la realidad. Eso también me parece que habla de la falta de inteligencia del análisis político y lo digo de los dos lados. Me parece que no suma, que resta, que ensancha la grieta de la intolerancia. En lugar de buscar puentes inteligentes: ¿Cómo sorteamos esta enorme dificultad para sentarnos a conversar en la misma mesa?

-¿Y cómo ves la actualidad política?

 

-Tengo la sensación de que todo está por hacerse y que hay muchas dificultades para poder arrancar. No solo dificultades políticas respecto de la relación con la oposición sino también por esa realidad pandémica mundial que nos azota y nos deja peor que como estábamos. De todos modos, lo veo con esperanza, porque soy optimista por naturaleza, pero también soy absolutamente consciente de las enormes dificultades que atraviesa este gobierno. ¿Qué le puedo exigir a un gobierno nacional y popular, a un gobierno peronista? Que solucione el gran problema de base que es la cantidad de millones de personas que no tienen una vivienda digna o un trabajo digno. Si un gobierno, de alguna manera, pudiera a lo largo del tiempo subsanar ese problema histórico, más allá de a quién le quepa las responsabilidades de esos millones de desocupados y personas bajo la línea de pobreza, sería extraordinario. Eso es lo que espero y es una deuda del peronismo.

 

Preguntas en cuadritos

El lunes 23 de noviembre, Tute arrancó un nuevo proyecto personal que lo tiene como entrevistador. El ciclo se llama Preguntas Dibujadas y se actualiza todos los lunes y jueves en su canal de YouTube, con breves entrevistas a personalidades de la cultura popular. No es la primera vez que el dibujante se pone en rol de periodista. Ya había realizado entre 2015 y 2016 un ciclo de entrevistas llamado Tutelandia, que se emitió en el canal de UN3TV. "¿Qué hay de bueno y de malo en el amor?", pregunta Tute con una ilustración de un corazón dado vuelta y sostenido por dos personajes. "El amor tiene tanto de bueno que uno siente miedo de perderlo y tiene ganas de prolongarlo para siempre, y eso es lo malo que tiene el amor", responde con su lucidez habitual Alejandro Dolina, en el primer episodio de este ciclo realizado a distancia, a través de videollamadas, acorde a los tiempos actuales.

"Todos responden las mismas preguntas, es un cuestionario existencial", cuenta Tute. "El espíritu es el mismo de Tutelandia, en el sentido de que siempre me dan ganas de preguntar cosas que en general no aparecen en las entrevistas y que tienen que ver con cuestiones centrales de la vida, como el paso del tiempo, el recuerdo, el olvido, el amor y la muerte", precisa el humorista gráfico. La lista de entrevistados es inquietante y diversa: Alberto Fernández, Ysy A, Sofía Gala, Ofelia Fernández, Diego Capusotto, Teresa Parodi, Joaquín Furriel, Ernesto Tenenbaum, Maitena, Darío Sztajnszrajber​, Graciela Borges, Fito Páez, Camila Sosa Villada, Leonardo Sbaraglia, Rita Segato, Daniel Santoro, Verónica Llinás, Leandro Santoro y Rita Cortese.