Producción audiovisual dirigida por Felicitas Kamien

"Buscando a Vassa" y reencontrando a Gorki

La obra retoma una de las escenas de la pieza Vassa Zheleznova, del dramaturgo ruso. Tres actrices encarnan el personaje principal, de una mujer avasallante y orgullosa. 
Buscando a Vassa se puede ver desde este sábado a las 20 en la plataforma del Complejo Teatral de Buenos Aires, en el marco del ciclo Modos Híbridos. Buscando a Vassa se puede ver desde este sábado a las 20 en la plataforma del Complejo Teatral de Buenos Aires, en el marco del ciclo Modos Híbridos. Buscando a Vassa se puede ver desde este sábado a las 20 en la plataforma del Complejo Teatral de Buenos Aires, en el marco del ciclo Modos Híbridos. Buscando a Vassa se puede ver desde este sábado a las 20 en la plataforma del Complejo Teatral de Buenos Aires, en el marco del ciclo Modos Híbridos. Buscando a Vassa se puede ver desde este sábado a las 20 en la plataforma del Complejo Teatral de Buenos Aires, en el marco del ciclo Modos Híbridos. 
Buscando a Vassa se puede ver desde este sábado a las 20 en la plataforma del Complejo Teatral de Buenos Aires, en el marco del ciclo Modos Híbridos.  
Imagen: Gentileza Carlos Furman

En Buscando a Vassa, producción audiovisual dirigida por Felicitas Kamien que retoma una de las escenas de la pieza Vassa Zheleznova de Máximo Gorki, no hay una sola madre sino tres: Maiamar Abrodos, Stella Galazzi y Marta Haller interpretan al mismo personaje en el material que podrá verse desde este sábado a las 20 en la plataforma del Complejo Teatral de Buenos Aires (https://complejoteatral.gob.ar/), en el marco del ciclo Modos Híbridos. La dirección audiovisual quedó a cargo de Pigu Gómez y el elenco lo completan Anabella Bacigalupo, Victoria Cipriota, Julián Cabrera y Javier Pedersoli.

“Nunca en mi vida había hecho una cosa así”, dice la actriz Marta Haller a propósito de esta experiencia, y su frase da cuenta de las exploraciones en las que los artistas han tenido que embarcarse en estos meses para no rendirse ante las nuevas condiciones de producción. Un grupo de actores hace lecturas por zoom con su directora, tiran ideas, modelan sus personajes y concurren al único ensayo antes de actuar en la sala Martín Coronado vacía con los protocolos que exige la pandemia. Esa es la “nueva normalidad” de quienes tienen la posibilidad de ejercer el oficio teatral. “El encuentro con el equipo fue muy agradable porque veníamos de meses sin trabajar; poder encontrarse con colegas y estar en el escenario fue un placer. Por supuesto, también cruzado por el miedo a un posible contagio”, cuenta Stella Galazzi.

Máximo Gorki escribió esta pieza en 1910 pero decidió reescribirla en 1935, ya consumada la revolución rusa y con su nombre inscripto en el panteón del realismo socialista. En esa reescritura casi todo aparece alterado excepto una cosa: la protagonista. Vassa Zheleznova es una mega-mujer avasallante y orgullosa que crió una caterva de inútiles a quienes pretende controlar hasta las últimas consecuencias; ese es el espíritu que la tríada de actrices ha capturado, cada una con sello propio porque se trata de tres recorridos y registros diferentes. Galazzi trabajó recientemente con Mauricio Kartun en La vis cómica, Abrodos viene de una temporada con Siglo de Oro Trans (versión libre de Don Gil de las Calzas Verdes a cargo de Gonzalo Demaría) y Haller apareció en películas recientes como Perdida, Pistolero o Infierno grande.

Sobre el registro de actuación, Abrodos cuenta que en una primera lectura se enfocó en las pasiones familiares y cómo se juega eso en los vínculos: “A partir de ahí empecé a construir el personaje de esta madre que intenta sostener absolutamente todo y no puede. Encontré una vulnerabilidad que me jugaba a favor. Después, hablando con Felicitas empecé a observar otros puntos: sentí que era mucho más perversa y manipuladora. Entonces logré hacer una combinación entre la vulnerabilidad que había construido al inicio y esta manipulación que Vassa tiene sobre sus hijos”. Galazzi, por su parte, afirma: “Con la directora intentamos acercarnos a un melodrama pero cargado de mucha verdad, como es el buen melodrama, así que la búsqueda fue muy concentrada pensando también que era una escena y que de nuestro trabajo se iban a tomar algunas partes”. Y Haller agrega: “Yo a Vassa la habité con estados, trabajé uno detrás del otro: un estado básico para saber de dónde viene y hacia dónde va, y en el medio distintas capas a partir de la vinculación con los otros personajes o la urgencia de tener que resolver ciertas vicisitudes. Pero todo en el aquí y ahora, con el cuerpo accionando. Hay algo de la construcción del afuera, de la estética del personaje, que a mí me ayuda mucho: al ponerme esa peluca y esa ropa, ya entro en el personaje”.

Cuando se les pregunta por los desafíos que supuso un trabajo tan concentrado en los tiempos y en las intensidades, todas coinciden en señalar los nuevos modos de actuación que requieren estos formatos que –tal como señala el título del ciclo– son híbridos: “Uno está haciendo algo que tiene que ver con lo teatral pero que, a la vez, va a ser filmado e intervenido por aquellos que hacen revisión del material. Por lo tanto, quizás el momento en el que te sentiste mejor no aparece editado. Cuando el actor de teatro presenta el producto ante el público está dentro de una totalidad. Acá, en cambio, somos tres las madres, lo cual me encanta porque no sé qué voy a ver. El desafío fue entregar mucho en una sola escena, hacer el ensayo con intensidad porque se sabía que no era sólo ensayo sino también debut. Me genera mucha intriga ver cómo quedó finalmente”, dice Galazzi.

La mixtura de registros las condujo a territorios desconocidos y esa es una de las ganancias: “Aparecen cosas nuevas porque es un mundo nuevo –asegura Abrodos–. Estábamos en la Martín Coronado y teníamos una gran platea vacía, entonces era muy interesante. Aún así, no podía dejar de pensar en trabajar como si el público realmente estuviera ahí; emitía la voz con potencia hasta que la directora nos indicó que no era necesario. Tener la cámara sobre mí o sobre mis compañeros hizo que fuera un trabajo intenso. Yo salí muy contenta con lo que sucedió porque sentí que podía crear, y eso es importantísimo”.

El formato, además, incorpora elementos documentales y metatextuales: se filma a las tres actrices desde la calle hasta su llegada al teatro, se las sigue por los camarines donde prueban maquillaje y vestuario, y Kamien aparece en pantalla dando indicaciones al elenco o tomando los cuerpos de las actrices en escena. “Se filmaba lo que se ensayaba y también el ensayo mismo, desde que entrábamos al teatro hasta el camarín. Además, en pandemia y con todos los protocolos. Fue una cosa sumamente extraordinaria. Al principio pensé que podía haber un problema con respecto al código de actuación, porque estábamos actuando en una sala como la Martín Coronado en toda su inmensidad pero, al mismo tiempo, había una cámara que te podía estar haciendo un primer plano y un micrófono que captaba tu respiración. Yo actué en teatro y cine, y son dos maneras muy diferentes de trabajar. Al principio me preocupé mucho, pero después traté de olvidarme y actuar intuitivamente”.

Los nuevos tiempos exigen exploraciones, combinaciones y cambios de registro. En esos híbridos andan los actores y las actrices, buscando en su oficio nuevas verdades y nuevos modos.

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