La instalación puede verse en la explanada del Teatro Auditorium

"El cuarto de Lucía: arte contra la violencia femicida", en Mar del Plata

La muestra replica la habitación de Lucía Pérez, asesinada el 8 de octubre de 2016. Su muerte fue la que activó el primer Paro Nacional de Mujeres.
La muestra puede visitarse gratuitamente hasta el 24 de febrero.La muestra puede visitarse gratuitamente hasta el 24 de febrero.La muestra puede visitarse gratuitamente hasta el 24 de febrero.La muestra puede visitarse gratuitamente hasta el 24 de febrero.La muestra puede visitarse gratuitamente hasta el 24 de febrero.
La muestra puede visitarse gratuitamente hasta el 24 de febrero. 
Imagen: Gentileza Lina Etchesuri

Un par de zapatillas, una cama junto a la mesita de luz, un televisor, una tabla de surf, un atrapasueños, varios posters de bandas musicales y láminas con frases. Podría ser el cuarto de cualquier adolescente, pero en la explanada del Teatro Auditorium de Mar del Plata, a pocos metros de sitios icónicos como el Casino o el Monumento al Lobo Marino, se inauguró El cuarto de Lucía, arte contra la violencia femicida, una instalación que replica la habitación de Lucía Pérez, asesinada el 8 de octubre de 2016 en la ciudad balnearia. Este femicidio conmovió profundamente a todo el país y activó el 1º Paro Nacional de Mujeres. La muestra puede visitarse diariamente de 17 a 22, con acceso libre y gratuito hasta el 24 de febrero.

Marta Montero, madre de Lucía, fue quien ideó la muestra junto a Claudia Acuña, periodista, escritora y fundadora de la cooperativa La Vaca. Héctor Martiarena, miembro de Almacenes Culturales, ayudó a conseguir el espacio en la recova del Auditorium. Alejandra Vilar, Juan Ignacio Echeverría y Natalia Beresiarte fueron los artistas responsables de esta réplica que transmite de manera sensible lo que significa la ausencia de las víctimas en el entorno familiar. Llevar el mundo privado de Lucía al espacio público, hacerlo visible para todos los transeúntes que pasean por la rambla, es un gesto político que revela el poder del arte a la hora de exorcizar las tragedias sociales.

“El cuarto es un espacio simbólico y algo que se repite en casi todas las familias de las víctimas: no se toca, está impecable e intacto, igual que el día que lo dejaron. Eso revela la ausencia y el dolor; es un silencio y un vacío que gritan. Desgraciadamente lo vi muchas veces, entonces me parecía que era representativo para sensibilizar e incorporar la escala humana”, explica Acuña en diálogo con Página/12, y cuenta que la realización se concretó en tan sólo ocho días para que pudiera inaugurarse en el cumpleaños nº 21 de Lucía. “Se formó un equipo de trabajo precioso, con gente de mucho oficio y mucho corazón del teatro público. Ellos copiaron con gran responsabilidad y una amorosidad increíble detalle por detalle”.

El arte pudo ponerse al servicio de una organización social que encontró una herramienta más para generar su reclamo y ese es uno de los puntos más notables de esta iniciativa. “Es valioso haber podido conectar una necesidad social con las herramientas del arte a partir de ese vacío que produjo la pandemia. Nosotros pusimos la idea y el dispositivo comunicacional que nos pareció que podía servir; la realización, los materiales y el saber hacer los puso la cultura pública. Creo que ahí hay un camino para explorar –reflexiona Acuña–. Que los teatros oficiales puedan ponerse al servicio de las necesidades en cada ciudad es importante. Me imagino el dolor que debe haber hoy en Rojas, por ejemplo. La muestra está en un lugar emblemático, a pocos metros de los contadores de chistes al estilo Corona y el humor misógino. Ese contraste cultural es un intento por dar batalla y sembrar algo. El arte puede tener un rol estratégico para terminar con la cultura de la violencia”.

Vilar, jefa de Escenografía del Auditorium, cuenta: “Fue un trabajo movilizador que nos traspasó por completo. Evaluamos las posibilidades y surgió esta idea: un espacio privado, íntimo, que a su vez tuviera un exterior con la Campaña Nacional Todas Somos Lucía. Simbólicamente, es un abrazo a esa intimidad truncada, cruda y vacía. Luego de desarrollar bocetos, planos y maquetas, fuimos a la casa de los padres. Les conté la idea, llevé mis diseños y Marta nos mostró el cuarto verdadero para poder sentir realmente el espacio. El desafío era tratar de trasmitir –desde nuestro humilde lugar– esa emoción y el dolor de un cuarto vacío. Queríamos darle a la familia una creación donde se pudiera comprender aquello imposible de modificar”.

Echeverría, artista visual y escenógrafo, fue quien se ocupó del montaje y la ambientación: “Nos interiorizamos sobre la identidad de esa adolescente: qué aspectos pintaban su personalidad, qué pensaba, cuáles eran sus gustos, sus pasiones, sus costumbres. Después de haber recorrido el espacio nos fuimos con el cuerpo cargado de sensaciones, emociones y preguntas. Su cuarto quedó congelado en el tiempo al igual que sus proyectos y de alguna manera ese fue el eje rector de la búsqueda artística: a pesar de encontrarnos con un espacio deshabitado, entendimos que estaba lleno de vida, de deseos y utopías”.

Beresiarte es la muralista que pintó el rostro de Lucía en el panel de ingreso a la recova junto a su colega Natalia González. No había fotos suficientemente nítidas para cubrir dimensiones tan grandes y el mural fue la respuesta creativa a ese obstáculo: “Para nosotras fue una inmensa responsabilidad pintar a Lucía por todo lo que implica, pero sumó a la impronta artística de la propuesta. A veces hay cuestiones que son porque tienen que ser. La mamá dice que en los ojos de su hija están representadas todas las víctimas de femicidio”.

La artista explica que la idea era hacer una réplica exacta del cuarto pero sin tomar nada del lugar: “Lo primero que notamos al ingresar fue un gusto muy fuerte por el arte: Lucía dibujaba, pintaba, tenía sus pasteles a la tiza, pinzas de artesana, cajitas con mostacillas y cuentas, hacía atrapasueños, tejía, había posters con frases y le gustaba mucho la música. Entonces queríamos mostrar ese tiempo detenido, lo que quedó ahí, los sueños y todo lo que implica el mundo de una adolescente. Es muy impactante ver a la gente recorriendo el cuarto con tanto respeto, en silencio, como si le llevaran una ofrenda”.

El cuarto de Lucía conmueve porque detrás de la instalación hay una historia de vida, una herida abierta y un pedido de justicia que lleva más de 1600 días. Además de los objetos que forman parte de la réplica, hay dos dispositivos visuales: sobre las paredes se proyectan breves videos conceptuales con fotos de la víctima, los acusados y los jueces; y en un televisor se exhiben las 23 horas del juicio oral que absolvió a Juan Pablo Offidani, Matías Farías (por abuso sexual y femicidio) y Alejandro Maciel (por encubrimiento). En agosto de 2020, tras el masivo cuestionamiento ante una justicia patriarcal que no contempló la perspectiva de género, el fallo fue anulado y aún se espera fecha para el nuevo juicio. A la salida de la instalación, los asistentes pueden firmar un petitorio o filmar un video para adherir al pedido de justicia de la Campaña.

Es impresionante lo que está pasando con la muestra; casi todos salen llorando. También había que hacerse cargo de que tocábamos una vena emocional: es tan importante lo que se exhibe como quién te recibe o te espera a la salida después de haberte movilizado con la obra. Ahí entran en acción las chicas de la Campaña, que están muy preparadas y atajan todo. Era importante no usar esa sensibilidad sino sembrar algo”, explica Acuña. Echeverría, por su parte, señala que “la tarea fue brindar nuestro conocimiento y ponerlo a disposición de la causa, utilizar el lenguaje artístico para concientizar, transformar y demoler aquellas estructuras patriarcales que se reproducen en esta sociedad”. Y Vilar sintetiza: “Personalmente, como mamá más que como escenógrafa, siento que una parte de cada hija nuestra está en Lucía. Somos todas madres e hijas del dolor”.

Informe: Laura Gómez

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