Murió Juane Basso, militante de HIJOS

La muerte imperdonable

Juane era infaltable organizador de todas las marchas de derechos humanos de la ciudad. Juane era infaltable organizador de todas las marchas de derechos humanos de la ciudad. Juane era infaltable organizador de todas las marchas de derechos humanos de la ciudad. Juane era infaltable organizador de todas las marchas de derechos humanos de la ciudad. Juane era infaltable organizador de todas las marchas de derechos humanos de la ciudad. 
Juane era infaltable organizador de todas las marchas de derechos humanos de la ciudad.  

Juan Emilio Basso Feresín, Juane para todo el mundo, murió ayer cerca de la medianoche de un infarto mientras jugaba un partido de fútbol. Hay cosas que no deberían ocurrir, como esta muerte prematura. Nació el 11 de febrero de 1977, en cautiverio, con su madre María Eugenia Sain Girons detenida clandestinamente, el día después del secuestro de su padre Emilio Feresín. Juane fue un militante infatigable de HIJOS, que hizo aportes fundamentales para la construcción del espacio Juicio y Castigo de Rosario. 

El miércoles a la mañana, antes de que declarara en la causa Klotzman su amiga y compañera de militancia Nora Pastorini, Juane --incondicional de sus compañeres-- prometió: "Viene Macri a presentar un libro. Hoy no, pero desde mañana me pongo a hablar con todo el mundo para que armemos un repudio". Su voluntad de hacer colectivamente sólo podía truncarla la muerte. 

Juane era periodista, fundador del periódico El Eslabón y de la cooperativa La Masa, un motor para el crecimiento de los medios comunitarios de la ciudad. Siempre estuvo en la organización de cada actividad relacionada con los derechos humanos y en la resistencia activa al neoliberalismo. 

Padre de Juana y Pedro, compañero de vida de la abogada y querellante de causas por delitos de lesa humanidad Nadia Schujman, la tempranísima muerte de Juane deja un vacío inconmensurable para su familia y para las legiones de personas que compartieron sus luchas. La frase para despedirlo es "Hasta la victoria, siempre", pero se hace insoportable, porque él hará falta por acá para construirla. 

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