El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, despertó anoche la más grande protesta en su contra. Durante un mensaje por cadena nacional en que intentó explicar el colapso sanitario que vive el país producto de la pandemia, miles de brasileños de todas las ciudades y de todas las clases sociales cacerolearon desde sus balcones al grito de “Fora Bolsonaro”, “genocida”.

Nunca antes hubo una reacción social de tal magnitud en contra del ultraderechista. Río de Janeiro, San Pablo y hasta Manaos, bastión del mandatario electo en 2018, repudiaron las excusas que el mandatario intentó dar en su mensaje a la sociedad.

Las cacerolas sonaron en favelas y en los barrios de clase alta de todos los estados. Los 12 millones de contagiados y casi 300 mil muertos son la prueba de que Brasil es el que peor combatió la pandemia. Y el repudio se contuvo hasta que, en un mensaje por cadena nacional, el presidente intentó dar explicaciones de esa situación y dijo que el país fue “uno de los que más vacunó en el mundo”.

Su mensaje de apenas tres minutos tuvo la intención de tranquilizar a la sociedad. Dijo que “en breve” el país “será autosuficiente” en la producción de vacunas contra la covid-19, debido a que allí se elaborarán los antídotos de la empresa china Sinovac y de Astrazeneca.

"Estamos en un momento en que una nueva variante de coronavirus infelizmente le ha quitado la vida a muchos brasileños", afirmó y añadió: "No sabemos durante cuánto tiempo tendremos que enfrentar esta crisis", pero "quiero tranquilizar al pueblo y afirmar que las vacunas están garantizadas".

El descrédito de su palabra a lo largo de dos años de gestión tuvo su fruto en la protesta social más masiva que se recuerde de ese tiempo, que en parte fue espontánea mientras que el resto fue una respuesta a la convocatoria del empresario y conductor televisivo ultraliberal Luciano Huck, considerado un precandidato presidencial por el partido Demócratas para 2022.

Mientras el presidente hablaba, la televisión mostraba en pantalla partida paneos de las ciudades con el sonido del cacerolazo que surgía desde los departamentos de las capitales en colapso sanitario por falta de oxígeno y camas de internación.


En su mensaje, Bolsonaro hizo hincapié en la vacunación a pesar de que poco más del 5 por ciento de la población de 210 millones de habitantes tuvo acceso a alguna dosis.

"Desde el comienzo dije que teníamos dos grandes desafíos: empleo y virus" y "en ningún momento el gobierno ha cesado en sus esfuerzos para preservar vidas y mantener empleos", afirmó el mandatario, que esta vez suavizó el tono y evitó críticas a gobernadores y alcaldes que decretaron confinamientos parciales para contener al virus.

Desde las 20:30 y por espacio de diez minutos, las cacerolas se hicieron escuchar en Río de Janeiro, Belo Horizonte, Porto Alegre, Curitiba, Florianópolis, Salvador, Recife, Fortaleza, Maceió y Sao Luiz, entre otras ciudades.

Los pedidos de renuncia estuvieron precedidos por una declaración del presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, que minimizó la posibilidad de un juicio político contra el presidente. Bolsonaro cuenta con base parlamentaria capaz de obstruir pedidos de impeachment.

La protesta comprobó lo que dicen las encuestas que lo muestran con la aprobación del 30 por ciento de la sociedad y una pérdida de 10 puntos en los últimos tres meses. Y poco a poco, las redes sociales fueron dando cuenta de ello.

Los cacerolazos los había protagonizado apenas la oposición izquierdista en marzo, cuando el presidente ponía en duda la existencia de una pandemia. Pero ayer fueron masivos.