Durante 1980 y 1981 un grupo selecto de siete escritores gays se reunían en sus casas de New York con el fin de leer y comentar sus obras. Pasaron a la historia como “The Violet Quill Club”, literalmente “El Club de la Pluma Violeta”. Sus principales preocupaciones militantes y estéticas giraban en torno a la escasa producción de literatura gay tras los ruidosos años de liberación sexual que sucedieron a Stonewall.

Con la premisa de crear una narrativa y una cultura homoeróticas, se propusieron abarcar toda la cartografía “violeta”: ese mundo cromático con reminiscencias wildeanas que puede leerse como la combinación de los mundos femenino y masculino representados en el rojo y el azul. Así,  el novelista Andrew Holleran relataba los “yires” en Fire Island; a Robert Ferro le interesaba la integración de la pareja gay en la familia; a Michael Grumley las relaciones interraciales, a George Whitmore, la tragicomedia del sexo; a Edmund White el mundo de la infancia y la adolescencia y a su amante Christopher Cox el erotismo en la zona de Florida.

MUCHACHO PARTICULAR

Historia de un chico de White -anteriormente traducida al español con el título algo redundante de La historia particular de un muchacho- se convirtió en la ficción emblemática y más perdurable del grupo. Escrita durante el otoño de 1979 en una casa alquilada de la tropical Cayo West, centraba sus primeros capítulos en la relación de un adolescente con su padre, a quien odiaba y deseaba con la misma intensidad. Con este punto de partida presentaba una novedad a la narrativa tradicional que insistían recurrentemente en la homosexualidad masculina como causa de la fijación materna.

Las jornadas de antológico calor de la isla y el uso abusivo de drogas y bebidas por parte del escritor -y quizás, la presencia de Cox- hicieron mella en la novela y no siempre de manera negativa impregnando de sexo explícito sus páginas. Si bien la estructura de Historia de un chico parece algo desordenada en sus giros, tiene cúspides de lirismo centrados en el despertar sexual del protagonista y en las descripciones de su preferencia erótica por la belleza de los muchachos (“La luz daba contra la espalda de Kevin; cuando levantaba aquel disco, se veía tan pálido y seductor como un hibisco rosa”).

Escrita en primera persona y con fuertes rasgos autobiográficos, uno de los componentes políticos a destacar es que, a contrapelo de las ficciones de la época, la homosexualidad es un aspecto de la personalidad del narrador que no precisa de explicaciones ni causales patológicos. Y si bien el ardiente púber sufre el hecho de sentirse “diferente a los demás” e intenta rechazar sus deseos, el Eros triunfa sobre el Tánatos. Por ello finalmente, descreerá de los discursos religiosos, que lo llaman pecador, y los psicologistas, que intentan reformarlo. A su vez, desde las primeras líneas, el sexo anal forma parte del autodescubrimiento del adolescente y se presenta de manera casual, casi como otra de sus divertidas aventuras. Eso sumado a los persistentes rasgos de rebeldía en la que podía verse reflejado cualquier adolescente lo hacían pasible de un universo amplio de lectores.

ENTRE STONEWALL Y EL SIDA

Sin dudas, la perdurabilidad de la obra de White obedece no solo a los méritos literarios de la novela, sino a que, la longeva vida del escritor -verdadera leyenda superviviente- le permitió construir a priori y a posteriori una notable producción literaria. De ella cabe destacar, Estados del deseo. Viajes por los Estados Unidos gay (también publicada por Blatt & Ríos), una biografía insoslayable de Jean Genet (que es el modelo literario de White), otra de Proust y dos novelas que que culminan la saga que se inicia con Historia de un chico: La hermosa habitación está vacía (1988) centrada en los años de liberación gay concomitantes con Stonewall y La Sinfonía del adiós (1997), ambientada en los duros tiempos del sida.

Novela de iniciación y descubrimiento erótico adolescente, Historia de un chico es una  de lectura obligada por puro placer estético y por erigirse emblema de época: la de la génesis del movimiento literario gay estadounidense y los últimos buenos años de desborde sexual. En efecto, tras diez o doce reuniones donde según Edmund White leer originales eran una excusa para organizar meriendas y zamparse exquisitos pasteles, comenzaron a circular las noticias de un extraño cáncer que afectaba a la comunidad homosexual en San Francisco y el grupo de la "Pluma Violeta" se desintegró, absorbido por preocupaciones más graves y dolorosas. De hecho, Ferro, Whitmore, Grumley y Cox -a quien está dedicada Historia de un chico- murieron entre 1988 y 1990 por complicaciones con el sida.