Dentro de dos semanas se realizarán las Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias (PASO). Hace seis meses, medios y dirigentes opositores alertaban que el Gobierno las aboliría sin precisar cómo. No era factible legalmente pero se repetía sin cesar. Cuando se aprobó su postergación en el Congreso (con consenso amplio) nuevas voces advirtieron: el presidente Alberto Fernández las bajaría de un hondazo. Nada de eso ocurrió, la mudanza de fechas encuentra un cuadro sanitario relativamente propicio en septiembre. Pronosticar qué ocurrirá en noviembre sería prematuro.´

Corrientes elige hoy autoridades ejecutivas, gobernador e intendentes. También legislativas, provinciales y comunales. Es una de las dos provincias que desfasa su cronograma respecto del resto, consecuencia de intervenciones federales. La provincia tuvo 18 interventores federales en el siglo XX, desde 1983 los hubo durante el menemismo y el gobierno de la Alianza.

Es un distrito refractario al peronismo que no la gobierna desde la década del 70. Los radicales lo hacen ininterrumpidamente desde hace 20 años.

El gobernador Gustavo Valdés busca la reelección y es favorito frente al candidato peronista Fabián Ríos. Los compañeros justicialistas fincan más expectativas en recuperar numerosas intendencias, comenzando por las más importantes: la capital Corrientes y Goya.

En 2017 en elecciones similares el porcentaje de participación llegó al 79 por ciento. En general se presume que la pandemia impactará a la baja esa cifra. Como todas las referencias sobre resultados de esta nota se trata de especulaciones. Los datos certeros surgirán del escrutinio.

La campaña tuvo momentos de excesiva intensidad y de tensión. Como es común en muchas provincias, el gobernador  controla férreamente los medios de difusión locales. Los peronistas acusan a sus rivales de presionar a empleados municipales y de valerse con fines proselitistas de las redes creadas para el operativo de vacunación. Como el gobierno porteño, pongalé.

Un hecho terrible, de otra magnitud, impactó en la campaña. El diputado provincial peronista Miguel Arias fue baleado durante un acto en la localidad de Tapebicuá. Se trata de una población de 740 habitantes según el Censo 2010, en el acto había solo decenas de personas.

Arias debió ser operado de urgencia. Las autoridades provinciales no han avanzado en la investigación, al cierre de esta nota en la tarde del sábado. La posibilidad de un atentado debería convulsionar el tablero político nacional. Sería una degradación del sistema, un retroceso cualitativo, un precedente temible. Se usa el potencial porque este cronista no quiere disfrazarse de detective cuando todavía no hay pruebas. No se halló el arma ni se ha peritado la bala que puso en riesgo la vida de Arias.

La respuesta de las autoridades provinciales fue subestimar el hecho. El ministro de Seguridad Juan López Desimoni aseveró que “no hay hechos objetivos para pensar en una vinculación política”. Sucedió en cierre de campaña, en una intendencia disputada, no hay detenidos… tal vez se apuró el ministro.

Ante la violencia innegable, la principal oposición nacional guardó silencio. La dirigencia de Juntos por el Cambio, tan dinámica para fulminar a “la maestra K”, no expidió un comunicado. Sus candidatos no se molestaron en expresar preocupación y solidaridad así fuera por Twitter. Fea la actitud, un repudiable desdén.

Hay solo dos pretendientes a la gobernación; la provincia funciona como bipartidista clásica. De igual modo sucederá en noviembre cuando se renueven diputados nacionales y las tres bancas de senadores. Dejan la Cámara Alta dos peronistas y un cambiemita. Valdés confía en recobrar una banca sacando mayoría, los peronistas en repetir su victoria de 2015 con el actual senador Carlos Mauricio “Camau” Espínola como primer candidato. Encuestas para noviembre no hay disponibles, los consultores se precaven ante un escenario inédito.

Ojalá que la jornada de hoy sea tranquila, con respeto colectivo, comportamiento ciudadano ejemplar y buen presentismo.

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Más sensación térmica que números: Los encuestadores se cuidan al extremo. La pandemia trastocó todo, las dificultades insalvables para hacer sondeos presenciales agrava el cuadro. Los especialistas suelen circunscribirse a describir tendencias, climas de opinión. La sensación térmica promedio, según su narrativa, arroja desinterés. Acaso apatía, confusión ante las PASO, enojo en ciertos sectores. Economía, inflación y empleo como preocupaciones principales. El desempleo y los malos salarios castigan más a los menores de 30 años. En ese colectivo, a las mujeres más que a los hombres. En la escala social, a los pobres más que a las clases medias.

El resultado de noviembre se evaluará en base a dos variables que se debatirán en el Agora, en quinchos nativos o de Wall Street, en charlas de café. La cantidad de bancas en el Congreso y la sumatoria de los votos conseguidos en 24 distritos, con boletas distintas.

Sería mala nueva que bajara significativamente la participación, resintiendo una virtud perdurable del sistema electoral. De cualquier forma, las 127 bancas de diputados y las 24 de senadores se repartirán entre los votos válidos emitidos.

El nivel de polarización entre el Frente de Todos (FdT) y Juntos por el Cambio constituye otro enigma. Las dos coaliciones apuestan a que será muuuuy alto. Ochenta y cinco por ciento, noventa ¿quién da más? Miran al pasado cercano más que a los antecedentes históricos. Las votaciones de medio término, sin ejecutivos en disputa, facilitan el voto expresivo a terceras fuerzas que se hacen ver en Diputados. La Cámara más pluralista, multicolor.

En noviembre dejan sus bancas 16 diputados de terceros partidos, lo que no llega al 13 por ciento del total de los recambios. Si ese conjunto virtual y diverso, que repasaremos líneas abajo, consigue sumar (por decir algo) 20 por ciento de los votos válidos, podría incrementar bastante su dotación. Puesto al revés, así acontecería si las dos grandes coaliciones sumadas totalizan el 80 por ciento.

Los aspirantes son numerosos. Mencionemos a los más mentados:

* Partidos provinciales que gobiernan en Córdoba. Misiones, Río Negro y Neuquén.

* Partidos provinciales competitivos aunque no gobiernen, como la Fuerza Republicana bussista en Tucumán. O el Frente Progresista de Santa Fe, que gobernó hasta 2019.

* El Frente de Izquierda Unidad (FIT), expandido en casi todas las provincias.

* Fuerzas o candidatos con implantación local a los que se le atribuyen perspectivas de ingresar así fuera un diputado. El del exministro Florencio Randazzo en Buenos Aires. Javier Milei y José Luis Espert.

La lista enumera a los renombrados; no es exhaustiva.

Sin hacer inventario estricto, sujeto a variaciones cada dos años, en ciertos territorios hay tres, cuatro y a veces cinco fuerzas con potencial para llegar a Diputados. Por lo pronto en las cuatro provincias más grandes: Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Ciudad Autónoma (CABA) en las que se renuevan 66 bancas, más de la mitad. Sin ser ludópata ni promover el juego, este cronista apostaría que en todas ellas entrarán diputados de terceros partidos. En Córdoba, seguro. En las demás casi, casi seguro. En CABA y Buenos Aires posiblemente más de tres. Hagan juego.

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Con toda la Vox que tengo: Los terceros en discordia tratan de hacerse ver en una contienda empapada de bipartidismo. El 12 de septiembre algunos se juegan la continuidad: los partidos que deben superar el umbral del 1,5 por ciento del distrito para poder presentarse en las generales. O precandidatos como los ex ministros Ricardo López Murphy y Adolfo Rubinstein deben conseguir más del 15 por ciento de los votos cambiemitas en la Ciudad Autónoma para mecharse en la lista que encabeza Vidal. Si no lo consiguen, game over. Ahorremos pálpitos que pueden fallar.

Los consultores sueltan poca prenda pero imaginan que Randazzo, Milei, Espert y el FIT saltarán sus respectivas vallas.

Los postulantes de derecha son aupados por los medios hegemónicos. Milei, astuto y estridente, es atractivo para los panelistas. Grita, amenaza con dinamitar el Banco Central, insulta al Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta, lo amenaza. “Zurdo de mierda, te puedo aplastar”, se (le) permite expresar. Queda insinuado qué destino reservará Milei a otros “zurdos”, más zurdos que Larreta… que los hay en cantidades.

El periodista Martín Rodríguez atisba un parentesco con la dirigencia española de Vox. Insultan a “la casta política”, hacen suyo un latiguillo que supo ser progre o de izquierdas. Quizá, añade Rodríguez, la intransigencia de Milei induce a los cambiemitas para desplazarse a derecha como el Partido Popular hispano. Parece disolverse la diferencia insinuada entre halcones o palomas, cimentada con los avances de Rodríguez Larreta respecto del expresidente Mauricio Macri hace contadas semanas. 

El discurso radicalizado copa la parada, hasta la exgobernadora María Eugenia Vidal se muestra agresiva. 

La idea sería no dejar espacio entre los cambiemitas y la pared. La exministra Patricia Bullrich no será candidata pero su discurso prevalece; setenta halcones y ninguna flor.

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Revival y tradiciones: Los acontecimientos de Afganistán promueven revival del 2001. La historia, cree uno, contiene constantes, repeticiones pero no se repite como calco. El talibán regresa, los sucedidos ulteriores al 11 de septiembre de 2001 demarcan un mundo distinto. Se repiten circunstancias, en otro contexto. Se puede intuir una excitación del terrorismo en ciudades del Primero Mundo. Y ya se consuman oleadas de migraciones en situaciones afrentosas para la condición humana.

Nuestro país, asocia libremente este cronista, es tierra de acogida. Su mejor tradición reconoce derechos “a todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”. De regreso al eje de esta columna se incluye el de votar en elecciones provinciales, reconocido en 23 provincias. Cada una con sus reglas constitucionales… el federalismo funciona aunque a veces es medio rantifuso. Los migrantes, recogen las crónicas, votan proporcionalmente menos que los nacionales y se interesan más cuando se disputan cargos ejecutivos.

La Argentina es un país que reconoce derechos, a menudo universales. Donde lo público y el acceso gratuito rayan alto en la experiencia comparada. El segundo centenario de la Universidad de Buenos Aires, las polémicas sobre educación y salud pública, los comicios con sufragio universal ofrecen botones de muestra sobre la persistencia de esa tradición que se construyó luchando, confrontando con poderes establecidos, con minorías intolerantes o avaras. Sus alcances están en disputa ahora y en noviembre.

En dos semanas millones de personas comunes podrán ejercitar su derecho-deber que –como tantos—es una conquista y no un fruto de la naturaleza. Bueno es recordarlo en las vísperas, ahora y siempre.

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