En esta nota vamos a ocuparnos de analizar el caso de Israel para entender qué está pasando con variante Delta allí, pero antes conviene contextualizar un poco y explicar por qué nos resulta interesante mirar ese país en particular.

Nuestra principal preocupación era (y sigue siendo) entender qué puede pasar en Argentina si la variante Delta se vuelve predominante. En un hilo de Twitter que reflejó este Página/12, nos hicimos esa pregunta y nos mostramos bastante optimistas. Lo que hacíamos allí era comparar la situación de nuestro país con las de otros varios países para entender en qué momento epidemiológico y vacunológico nos agarraría la posible predominancia de Delta. Lo que vimos, en síntesis, es que Argentina integra un pelotón con los países que reciben o recibieron a la nueva variante con un porcentaje muy elevado de su población vacunado, y vimos también que en los países europeos altamente vacunados, la nueva variante generó olas con muchos casos y pocas muertes, a causa de la vacunación.

El ejemplo más emblemático en este sentido es el Reino Unido, que tenía al 58% de la población con una dosis y al 38% de la población con dos dosis al momento en que la variante Delta se volvió predominante. Imitando su estrategia de diferir la segunda dosis para ampliar la cobertura con una, Argentina alcanzó hoy al 63% con una dosis y al 39% con dos. La cobertura en los grupos de mayor mortalidad, los mayores de 50 años, es casi total. El 93% recibió al menos una dosis y el 78% de ellos completó sus esquemas.

Estos porcentajes nos sitúan, tanto con una como con dos dosis, por encima de los que tenían muchos países cuando Delta pasó a representar más del 50% de los casos (y aún estamos lejos de tener el 50% de los casos con Delta).

En esa nota, sin embargo, nos quedó un fenómeno por explicar: el de Israel, que tiene muchos vacunados y aún así parece tener una ola con bastantes muertos. Israel resulta interesante porque allí, a simple vista, parece tambalear la idea de que una población altamente vacunada garantiza una ola más suave.


El caso Israel

¿Qué podría explicar que la curva de muertes allí no se vea tan planchada como la de Reino Unido y otros países, si la cobertura de vacunación es excelente? Se han postulado, al respecto, varias hipótesis:

  1. Que la inmunidad decae con el tiempo. Israel, que vacunó con dos dosis en febrero a toda la población de riesgo que así lo quiso, podría ser el primer escenario donde se percibe este fenómeno. Esto parece efectivamente ocurrir, aunque el efecto al ajustar por covariables no es tan marcado. (https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2021.08.24.21262423v1.full.pdf).
  2. Que la estrategia de vacunar con dos dosis en un período corto es menos efectiva. Aunque es probable que así sea, sabemos que la protección de una dosis ya es excelente para enfermedad severa, por lo que esperaríamos que la protección fuera buena incluso si la segunda dosis se hubiera “desperdiciado” por darla demasiado temprano.
  3. Que los picos anteriores no fueron “tan” altos como los de países como Gran Bretaña. En una vuelta a la normalidad post-pandemia (o sea, con el coronavirus circulando pero con vacunas que protegen contra la enfermedad grave y la muerte), los países tienen que evaluar qué niveles de internaciones y fallecimientos por este virus son aceptables. En varios países europeos, la mitad de lo que se vivió en otras olas sería inaceptable; tal vez en Israel, por haber sufrido menos en las olas anteriores, ese umbral se haya fijado un poco más alto.

Estas hipótesis tratan de explicar el fenómeno de que hay relativamente muchas muertes en Israel, a pesar de tener muchos vacunados. Lo primero que hay que decir es que esas muertes aún son la mitad de las de la ola anterior. Pero además, lo interesante es ver en quiénes se producen esas muertes, para entender si es un problema de las vacunas o si es, más bien, un problema de las no vacunas.

¿Quiénes enferman gravemente y mueren en Israel?

Las estadísticas de fallecimientos en Israel demuestran, como lo hacen en todo el mundo, que las vacunas reducen fuertemente el riesgo de fallecimiento por coronavirus. En el grupo de mayores de 60 años, que son los que más mueren por este virus, cerca de 10 individuos no vacunados cada 100.000 habitantes fallecen por coronavirus por día, mientras que en los vacunados la cifra es de dos a cuatro veces menor.

Para reflejar la situación actual podemos recurrir a otra estadística que, lógicamente, está muy vinculada con la de muertes: la de enfermedad grave. De los 1141 pacientes graves internados que hubo en Israel en el pico de enero, más de 700 estaban no vacunados, 391 habían iniciado sus esquemas de vacunación y unos pocos ya los habían completado. Estos datos, sin saber qué porcentaje de la población estaba vacunada con una y dos dosis no dicen demasiado.

Hoy en día, aunque hay más casos totales, hay apenas más de la mitad de casos graves que en la ola anterior, con muchísima más movilidad. Y lo más notable de todo es que si bien un gran porcentaje de la población ya está vacunada con dos dosis (superior al 90% en los grupos de más riesgo) los no vacunados siguen siendo mayoría entre los internados graves. Con más del 80% de los adultos vacunados, hay 661 pacientes graves por covid, de los cuales 430 son no vacunados. O sea: el 20% de los no vacunados representa casi el 70% de las internaciones.

¿Qué pasaría si todos en Israel estuvieran vacunados?

Antes que nada, tenemos que aclarar una cosa: el ejercicio que proponemos refleja datos de hace una semana, porque Israel dejó de informar cuántos vacunados tienen con una y con dos dosis para directamente hacer dos categorías: vacunados con o sin tercera dosis. Hace una semana, entonces, este era el escenario (ponemos al lado la ola Alpha para tener como referencia).

Imaginemos ahora que tenemos una máquina para volver el tiempo atrás y vacunar a todos los no vacunados con una dosis, de modo que la ola de Delta agarre a Israel con toda su población vacunada con al menos una dosis. En ese caso, los que en la vida real son “no vacunados” serían, en nuestro escenario hipotético, vacunados con una dosis, y por lo tanto su incidencia sería la misma que la de los vacunados con una dosis. Es una cuenta simple: de los originalmente 367 internados no vacunados, solo quedarían 51. Así, el total de internaciones caería un 48%.

Si, al volver el tiempo atrás, hubiésemos llegado a vacunarlos con dos dosis, el total de internados al día de hoy sería de 307: menos de la mitad que ahora y un poco más de un cuarto de lo que tuvo en la ola anterior.

Este análisis no pretende descartar ninguna de las hipótesis que podrían explicar la situación israelí de hoy, sino que busca interpretar lo que está ocurriendo en base a los datos disponibles. Es posible que el efecto que estamos viendo sea una combinación de todas: podría ser que la inmunidad decaiga con el tiempo y que dar la segunda dosis en un corto tiempo sea contraproducente en la inmunidad a largo plazo. También es esperable que un porcentaje bajo de la población vacunada muera, porque las vacunas son excelentes pero no son 100% efectivas.

Parece imposible que el covid desaparezca del mundo en el mediano plazo y todo indica que tendremos que acostumbrarnos a convivir con un virus que, gracias a las vacunas, debería dejar de ser el factor de alarma que fue durante este año y medio. Mientras tanto, resta saber cuál será el impacto mundial de esta nueva fase de la pandemia de los no vacunados, algunos porque no quieren y otros, muchos más, por la absurda manera en que se resuelve la distribución de vacunas en todo el mundo.

Santiago Olszevicki es bioquímico. Analista de datos.

Nicolás Olszevicki es director de Comunicación en la Comisión de Investigaciones Científicas (PBA).