Desde Río de Janeiro

Se espera de un mandatario que, al hablar en la sesión de apertura anual de la Asamblea General de la ONU, se dirija a todos los países, tratando de temas de interés global. El ultraderechista mandatario brasileño Jair Bolsonaro optó por la vía inversa. Ni siquiera le habló a su propio país o a su potencial electorado: prefirió dirigirse específicamente al grupo de sus seguidores más radicales, que representan alrededor de 15 por ciento de los 213 millones de brasileños.

Fue la tercera vez en que, siguiendo una tradición inaugurada en 1955, le tocó, en la condición de mandatario brasileño, abrir la Asamblea anual de las Naciones Unidas. En 2019, año de su estreno, se dedicó a fustigar Cuba y Venezuela, a los medios de comunicación y a la misma ONU. El año pasado denunció a los medios brasileños por haber “politizado el virus” causando pánico en la población y casi desatando “un caos social”. Ayer, y como suele hacer diariamente en Brasil, aprovechó para destrozar la verdad con énfasis, mintiendo de manera estruendosa.

Empezó anunciando que mostraría al mundo un país muy distinto del que aparece en periódicos y emisoras de televisión. Fue su única verdad: el país que exhibió en la ONU no es visto por ningún medio de comunicación ni por nadie.

Pandemia

No se limitó a defender – ahora frente a una platea global – el “tratamiento precoz” contra la pandemia de Covid-19, atropellando no solo a la ciencia como cualquier lógica. Los medicamentos preconizados por Bolsonaro, además de comprobadamente ineficaces, pueden provocar efectos colaterales que lleven el paciente a la muerte. Aprovechó para atacar medidas preventivas, con énfasis en el “pasaporte sanitario”, vigente en Nueva York, varios países del mundo y diversas ciudades brasileñas.

Sin sonrojarse, aseguró que su llegada a la presidencia brasileña impidió que Brasil volviese “al borde del socialismo” que amenazaba el país a lo largo de los últimos 30 años, olvidándose que sucedió al derechista Michel Temer, que usurpó el sillón presidencial luego de un golpe institucional que derrocó a la entonces presidenta Dilma Rousseff.

Democracia

En otro claro mensaje a sus seguidores más radicales, elogió las manifestaciones golpistas encabezadas por él y que, el pasado siete de septiembre, pedían entre otras cosas el cierre del Congreso, del Supremo Tribunal Federal y convocaban a una “intervención militar con Bolsonaro”. Mencionó “la mayor fiesta patriótica de nuestra historia”, que reunió a “millones de brasileños manifestándose de forma pacífica y patriótica”.

Los manifestantes sumados a lo largo del país no llegaron a 400 mil. Y ahora se sabe que, para Bolsonaro, los intentos de camioneros de bloquear en Brasilia el edificio de la corte suprema ocurrió “de forma ordenada”. No explicó por qué las fuerzas de seguridad no actuaron con vigor para impedir que los manifestantes alcanzaran su objetivo.

Corrupción

Otra vez a ejemplo de lo que dice a diario a su núcleo más fanatizado, recordó que en casi tres años de su mandato no se registró “ni un caso de corrupción”. Olvidó todas las denuncias acumuladas en la Comisión de Investigación del Senado sobre maniobras en el ministerio de Salud, cuando su titular era un general activo del Ejército, y todas las pruebas e indicios relacionados a sus tres hijos que actúan en política por la práctica de contratar asesores fantasmas y quedarse con sus sueldos.

Criticó de manera especialmente dura a los países ricos por cuestiones ambientales, asegurando que la legislación brasileña para el tema es de las más “completas y avanzadas” del mundo. Olvidó recordar que precisamente esa legislación es cada vez más violada gracias a la inercia – cuando no al puro incentivo – de su gobierno. Olvidó mencionar la reducción drástica tanto de fiscales como de presupuesto para controlar invasiones de áreas protegidas, el derribo ilegal de miles de árboles y contrabando de madera al exterior. Su ex ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, fue denunciado por contrabando por los Estados Unidos.

Al mencionar muy de paso la deforestación del país, presentó datos que nadie sabe de dónde los sacó el autor del discurso. Los oficiales son exactamente lo opuesto. Elogió al agro-negocio, y afirmó que Brasil, bajo su conducción, recuperó “la credibilidad externa”. Olvidó mencionar que el país enfrenta una fuga histórica de inversiones.

Economía

En la primera parte de su discurso Bolsonaro intentó dar muestras de optimismo con la economía. Pero luego volvió a criticar duramente el combate a la pandemia, diciendo que es responsable por la inflación. Olvidó la absoluta falta de rumbo del equipo económico encabezado por Paulo Guedes, un ejemplar mediocre de los llamados “Chicago Boys” cuyo auge en la carrera fue haber sido servidor de Augusto Pinochet antes de hacerse millonario especulando en el mercado financiero brasileño.

Con relación a la pandemia, volvió a asegurar que desde su principio defendió “la autonomía de los médicos en la búsqueda del tratamiento precoz”, siguiendo recomendación del Consejo Federal de Medicina. Olvidó que el Consejo efectivamente defendió la confianza entre paciente y médico, pero se opuso con todas las letras al llamado “tratamiento precoz” tan ardorosamente defendido por el presidente y un puñado de médicos que integran un “gabinete paralelo” al ministerio de Salud.

Elogió el gobierno por haber prestado “auxilio de emergencia” a millones de brasileños para enfrentar la crisis y el desempleo, mencionando el valor de 800 dólares a 68 millones de personas. Olvidó varias cosas. Primero, que poquísimos recibieron ese valor. Segundo, que el referido auxilio fue prestado por tres meses, en un valor promedio de 120 dólares. Y, por fin, que fue establecido por el Congreso, superando el proyecto inicial del Poder Ejecutivo.

Vacunas

Afirmó que su gobierno apoya la vacunación, olvidándose que hace pocos días, en una de las transmisiones semanales que hace por las redes y son dirigidas a sus seguidores más fanatizados, volvió a criticarlas por estar en “estado experimental”, dudando de su eficacia. También olvidó que a lo largo de más de seis meses en 2020 ignoró centenares de ofertas de inmunizantes, y que solo decidió adquirirlos cuando el derechista gobernador de San Pablo, el ex aliado João Doria, anunció haber recibido inmunizantes chinos que fueron los primeros a ser aplicados en el país.

El autor del discurso leído de manera un tanto torpe por Bolsonaro puso, al cierre, la información que “Brasil tiene un presidente que cree en Dios, respeta la Constitución y sus militares”. El ultraderechista no leyó la mención a los militares. No se sabe si por olvido o recomendación de alguien.