Rodolfo Palacios, libro a libro
La exhibición de atrocidades

El ángel negro (2010)

El primer libro de la saga delincuencial de Rodolfo Palacios es el favorito de muchos y el que terminó marcando su estilo y rumbo posterior. Y eso que estuvo cerca de no salir. “No conseguía editorial”, cuenta. Y abunda: “Le metí a este libro una pasión que si se las metía a otras cosas creo que podría haberme convertido en atleta. De verdad que dejé la vida: trabajaba de noche, de día, con las persianas bajas. Y aunque hoy seguramente lo escribiría de otra manera, quizás con menos errores, creo que no le cambiaría nada si tuviese la oportunidad. Aquellos días oscuros son irrepetibles y me gusta que el libro tenga esa marca”.

Pasiones que matan (2011)

El éxito de El ángel negro hizo que apareciera la propuesta de un siguiente libro que compilara casos criminales, la mayoría poco conocidos, pero que al mismo tiempo fuese de rápida resolución para así aprovechar el envión de ventas. “No me gustó nada. Me parece horrendo de principio a fin”, se auto critica Palacios sin medias tintas. “Los casos eran buenos e interesantes, pero la rapidez con que los resolví hizo que no pudiera meterme tan a fondo en ellos como hubiese deseado”, reconoce. “Hay una de las historias, sin embargo, que rescato. La del tipo que mata al padre según un rito umbanda, luego le pone un traje y al final baila un tango con él. Increíble. Ése caso solo valió el libro”.

Adorables criaturas (2012)

Otro libro que compila casos criminales. Pero, a diferencia del anterior, mucho más satisfactorio para su autor. “Reúne crónicas que venía haciendo en El Guardián. Textos que luego amplié para hacer los libros de Barreda, Puccio y el Banco Río, y también otros que quedaron tal cual como los dedicados al Gordo Valor, Yiya Murano, la Garza Sosa y Héctor Fernández el falsificador”. Al ser crónicas más cortas y condensadas, la lectura es contundente y adictiva. “Es un catálogo de lo siniestro y también de lo ridículo, de lo absurdo, con varios momentos de humor negro. Un libro que hoy muchos me valoran”.

Conchita (2012)

Aprovechando los veinte años del caso, Palacios se juntó con un amigo y de manera autogestionada sacó este libro que registra la larga segunda vida de Barreda al salir de la cárcel e instalarse con su nueva novia Berta en el barrio porteño de Belgrano. “De alguna manera volví a mis orígenes: pasé mucho tiempo con el entrevistado y me volví una especie de testigo silencioso”, dice Palacios que tomó nota de cómo Barreda buscaba interactuar con los vecinos (con mayor y menor suerte) y se conmovía con una película de Fellini o con los goles de Bochini, pero que igual no podía dejar del todo atrás su terrible pasado. El impulso asesino aún latente.

Sin armas ni rencores (2014)

“Sin duda mi libro más luminoso, el que me dejó más conforme porque tiene el pulso y espíritu de ellos, los ladrones”, dice Palacios sobre esta profunda investigación alrededor del famoso robo al Banco Río que además de ser hasta ahora la reconstrucción más completa de lo que ocurrió aquel verano de 2006 logró incluir la voz de seis de los siete involucrados, incluyendo el hasta ese momento desconocido líder de la banda, el misterioso y enigmático Fernando Araujo. “Cada tanto me pasa que recibo el mail o el pedido de algún famoso que lo quiere conocer a Araujo”, revela con una sonrisa. “Sin duda es un tipo con mucho carisma, que ejerce un atractivo muy especial”.

El Clan Puccio (2016)

A partir del estreno simultáneo en 2015 de la película y la serie que retrataron el famoso caso de familia de San Isidro que en los 80 secuestraba gente y la ocultaba en el sótano de su casa es que Palacio volvió a contactarse con Arquímedes Puccio, el pater familia, luego de haberlo descubierto en su casucha de General Pico unos años antes. “Es el Puccio más cínico y grotesco de sus últimos días. El que Alejandro Awada luego usó para componer a su personaje en la tira”, cuenta. Y detalla: “Lo escribí a contrarreloj. Pero pude incluir el testimonio de varios familiares de las víctimas y de dos de integrantes de la banda no pertenecientes al clan que me aportaron información nueva”.