Analía Giordanino (Santa Fe, 1974) viene publicando una de las obras literarias más interesantes del país. Su "realismo de doble fondo", como lo llama en la nota preliminar a la reedición ampliada de uno de sus libros, se despliega en poesía y en narrativa con pareja maestría. El sello paranaense independiente Azogue acaba de publicar, entre sus primeros títulos, su poemario Adentro suena nuestra nave. El último verso del libro es el que le da su título, y lo deja sonando en una nota espiritual altísima. Desarrollado en tres secciones, el libro explora primero el mundo de los sueños, después una incierta y crepuscular zona de marismas entre el sueño y la vigilia, y por último conmueve y eleva con una expresión lírica de la rêverie materna. (El concepto de rêverie, originado por el psicoanalista kleiniano Wilfred Bion, deriva de rêve, sueño, y podría traducirse como ensoñación, pero va mucho más allá). En ese sentido, al culminar con un canto de amor al hijo querido, la metáfora de la "nave" en este libro trabaja en una dirección luminosa y opuesta a la función siniestra que cumplía en su novela breve La Ripley. En ambos se trataba de la maternidad. Pero el título del relato aludía a la teniente Ripley, heroína del film de ciencia ficción Alien (1979), cuyo monstruoso antagonista se ha convertido hoy en una alegoría popular de la sensación de tener el cuerpo invadido y roto por otro ser.

La nave de estos nuevos poemas, al contrario, lejos de ser un ámbito amenazante, vuela y hace volar hacia la esencia del amor como experiencia de la unidad de todo lo viviente y sintiente en una sola conciencia. Poder articular y transmitir esa vivencia inefable es el gran logro de este libro. Pero el camino hacia una maternidad mística no es directo, sino que viene jalonado por un intenso trabajo con los propios sueños. Recordar y escribir lo soñado constituye aquí una práctica integradora de la subjetividad y también un yoga, en el sentido original del término: el de tecnología psíquica en ejercicio constante para la unión con la divinidad interior. Nada de todo esto es formulado en esos términos en el libro: no es una obra new age. Sólo se trata de excelente literatura contemporánea.

Y como tal, no parte de presunciones sino de hallazgos mínimos, casi misérrimos, en el "doble fondo" de la vida cotidiana que son los sueños. Tratados por la sociedad racional como un desecho, en otras culturas son valorados como tesoros. El realismo expandido de Analía Giordanino (que no cabe llamar "fantástico", porque equivaldría a tachar sus relatos de meras fantasías, y a restarle así espesor ontológico a la experiencia narrada) trabaja con una "politicidad implícita" (tomamos este término de Guillermo Fantoni) en una ideología decolonial feminista donde las categorías marginadas toman el centro. Si en el también excelente Estampitas (Baltasara, 2020) agotó un decir sobre lo femenino y popular que rozaba la estridencia, aquí se aboca a hacer. Adentro suena nuestra nave es un libro donde la escritura asume una poética de artes plásticas, y que explicita sus procedimientos de femmage (collage feminista, subversión artística emancipadora de las labores tradicionales femeninas como bordado o costura) pero elude el discurso. 

"Mis sueños se abren como libros,/ observo cómo se arrima un decir al otro./ Se parecen a collares que armo/ con cuentas de otros collares,/ piezas que engarzo y pongo en relieve,/ en orden y desorden,/ en una combinación/ que atiende a un ritmo que puede alterarse./ Las cuentas aparecen en otros collares,/ las rescato o las guardo,/ las atesoro o abrillanto", escribe Giordanino en "Lectora de sueños". El libro se abre con el relato poético de una visita onírica del actor que interpretó a Neo, el protagonista de la saga Matrix: Keanu Reeves. Y no es un mero detalle pop; hay algo de arquetípico en esta figura, cuyo sentido pasa de contrabando bajo el glamour de la estrella de cine. 

Una intuición poderosa sobre la diversidad de densidades que constituyen un cuerpo, expresada con suprema sencillez, honestidad intelectual y fidelidad a la fenomenología de la propia experiencia, se resume en estos versos: "Cuando sueño no tengo un solo cuerpo: / el primero reposa en la cama, / el segundo toma forma al soñar, / el tercero está en la zona intermedia. / Me quedo en el último/ hasta que se deshace, / y escribo". Y leyendo todos los poemas con atención a cada detalle, se entiende que la ilustración de tapa fue originada en un sueño. 

Analía Giordanino inauguró con Fantasmas (2008, premio provincial de narrativa Alcides Greca en la categoría inéditos) la colección Los Premios de Ediciones UNL. Diez años después, ganó el Segundo Premio del Concurso Regional de Nouvelle de la Editorial Municipal de Rosario por La Ripley (EMR, 2018). Recientemente, Fantasmas tuvo una reedición ampliada por el sello platense Contramar Editora. También publicó Nocturna (Diatriba, 2009), Terrícola (Iván Rosado, 2015), Canciones faunas (Libros silvestres, 2016), Dos poemas (Arroyo, 2016), Los impuros (Nudista, 2018) y Estampitas (Baltasara, 2020).

Azogue es un proyecto editorial que desde 2018 viene creciendo en Paraná (Entre Ríos). Lo integran Lucas Mercado en dirección, Lautaro Maidana en corrección y Matías Armandola en revisión y notas. "La mayoría de lxs autores son de aquí, pero hemos sumado a Analía Giordanino, Raquel Minetti de Santa Fe, Mariana Robles de Córdoba, y David Nahón de Rosario", escribe Lucas desde Paraná. "Hay una linea de trabajo de poesía contemporánea, y otra de autorxs del siglo XX de Entre Ríos, una suerte de rescates y de traer al presente esas voces". Los libros se distribuyen y consiguen en Rosario. Más información, en la página de la editorial: https://www.azogue.com.ar/