LA CRÓNICA FRANCESA - 7 puntos

The French Dispatch; Estados Unidos/Alemania, 2021

Dirección y guion: Wes Anderson.

Duración: 108 minutos.

Intérpretes: Benicio del Toro, Adrien Brody, Léa Seydoux, Frances McDormand, Timothée Chalamet, Bill Murray.

Estreno exclusivamente en salas.

A esta altura del partido lo andersoniano es equiparable a lo bergmaniano o a lo fellinesco: es inconfundible. Por ende, adoradores y enemigos repiten esencialmente lo mismo, sólo que lo que algunos entienden como genialidad es visto por otros como repetición ad nauseam de tonos, tópicos y estilos. La crónica francesa, primera película “ómnibus” en la filmografía del director de Los excéntricos Tenembaum –esto es, conformada por distintos relatos, anudados por un lazo en común–, puede funcionar como compendio antológico de sus intereses y obsesiones. 

La excusa, esa ligadura, es la revista imaginaria The French Dispatch, publicación europea para el mercado estadounidense con obvias referencias a The New Yorker, tanto en contenido como en forma. Que la sede central esté ubicada en la inexistente ciudad de Ennui-sur-Blasé (el lector afrancesado comprenderá la chanza) en algún momento del siglo XX le permite a Anderson crear uno de sus típicos cosmos cinematográficos, reflejos hiperbólicos del mundo real que funcionan tanto por exageración como por extracción.

Bill Murray es Arthur Howitzer, Jr., director de la revista en típico modo taciturno, aparente cabeza de reparto que no es tal, dada la variedad de historias e histriones. Porque si algo no puede achacársele a La crónica francesa es la falta de nombres célebres, muchos en apariciones tan breves que sólo pueden tildarse de cameos; tantos que resulta imposible la exhaustividad en una reseña escueta como esta. Owen Wilson pasea por la ciudad en bicicleta y hace las veces de prologuista de lo que vendrá: tres relatos centrales, marcados por su filiación a las páginas policiales, culturales y artísticas, entre otros subtítulos del sumario presente en pantalla. 

En la que probablemente sea la mejor de las historias, Benicio del Toro interpreta a un artista ultra moderno que es también un reo condenado a perpetuidad, y Léa Seydoux a su guardiana y musa inspiradora. El interés súbito por la obra del creador detrás de los barrotes terminará interesando a un marchand y a una investigadora del arte del otro lado del océano, punto de partida de un arquetípico cuento andersoniano, en el cual el humor melancólico se monta sobre la creación de personajes ligera o desembozadamente excéntricos.

Luego llegará la descripción de una suerte de Mayo Francés paralelo al real, con un estudiante y una periodista encarnados respectivamente por Frances McDormand y Timothée Chalamet, seguida por la crónica de una cata gastronómica interrumpida por el secuestro del hijo de un comisario (Mathieu Amalric). Como ocurría en El gran Hotel Budapest, Anderson juega con los formatos de pantalla –del clásico 1.37 a cuadros más apaisados–, pero también con el paso del blanco y negro al color y viceversa, e incluso la interacción entre actores de carne y hueso con una secuencia de animación. De esa manera, el film repasa, imita y parodia algunas constantes del cine galo de los años 40 en adelante, incluyendo desde luego ciertas señales formales de la nouvelle vague y hasta un homenaje a la secuencia más famosa de Mi tío, de Jacques Tati.

Es un juego que gravita entre lo caprichoso y lo manierista, elementos señalados en todas las ocasiones por los detractores de Anderson, que aquí concentra muchos minutos de metraje no tanto en acciones y reacciones como en la descripción de detalles de tipos y ambientes, estos últimos cortesía del diseñador de producción Adam Stockhausen, fiel colaborador del cineasta. Pero lo apastelado no quita lo valiente o lo visualmente vibrante. La crónica francesa es un objeto de evidente belleza que no pide permiso ni, mucho menos, disculpas, una casa de muñecas vista a la distancia y también en cada uno de sus elementos y fragmentos, creados y expuestos hasta el más mínimo detalle. No hay medias tintas: se lo toma o se lo deja.