Rusia le habría propuesto a la Argentina avanzar en un acuerdo de pagos en monedas locales. La idea sería dejar de liquidar las operaciones bilaterales correspondientes a transacciones comerciales en dólares estadounidenses para utilizar un esquema de pagos alternativo.

Los motivos por los que Rusia le hace llegar esta propuesta a la Argentina se vinculan con su intención de reducir la dependencia del dólar. Las sanciones impuestas a Rusia desde Washington son aplicables gracias a que los pagos internacionales generalmente se tramitan en dólares mediante el sistema financiero estadounidense. Hasta ahora la desdolarización rusa avanzó a través de múltiples acuerdos de pagos en monedas locales con países de Europa y Asia, entre los cuales el acuerdo con China es el más relevante, y en la desdolarización del fondo soberano ruso.

Los problemas rusos con el sistema de pagos estadounidense recuerdan lo que le sucedió a la Argentina en 2015 durante el conflicto con los fondos buitre, cuando el juez Thomas Griesa le impidió al país pagarles a los bonistas reestructurados, los que sí habían aceptado participar de los canjes de 2005 y 2010, si antes no se cancelaba por completo la deuda con los holdouts. La justicia estadounidense ejecutó el fallo de Griesa mediante la prohibición de gestionar los pagos argentinos a las entidades financieras estadounidenses encargadas de hacerlo, como el Bank of New York Mellon.

Alternativa

Sin embargo, los acuerdos de pagos bilaterales o multilaterales no son solo un medio para sortear sanciones económicas. Por el contrario, existen numerosas experiencias exitosas en que estos mecanismos alternativos resultaron fundamentales en contextos de escasez de divisas, fenómeno también conocido como restricción externa, y como herramienta para profundizar el comercio y enlazar las estructuras productivas de los países participantes.

De hecho, en la década de 1950 estos acuerdos eran numerosos. En ese contexto, una de las primeras misiones del recientemente creado Fondo Monetario Internacional fue justamente promover la finalización de este tipo de arreglos para que el sistema de pagos internacional se multilateralice a través del dólar estadounidense. Primero se lograron eliminar los acuerdos entre países capitalistas y con la caída de la Unión Soviética y la expansión del neoliberalismo, se descartaron los acuerdos entre países socialistas y entre países socialistas y otros no alineados.

En términos teóricos, los acuerdos de pagos no son otra cosa que una extensión de la propuesta británica elaborada por John M. Keynes para la Conferencia de Bretton Woods de 1944, en la que se organizó el funcionamiento del sistema monetario internacional por los siguientes 30 años. La propuesta de Keynes consistía en la creación de una cámara de compensación internacional. Se trata de un sistema de pagos alternativo que prescinde del dinero como medio de pago. La función de la cámara se limita a mantener la contabilidad, lo cual significa compensar los activos con los pasivos.

Finlandia-URSS

Entre los acuerdos de pagos, hay uno que sobresale por su duración y por la expansión del intercambio entre los países participantes. Se trata del acuerdo de pagos entre Finlandia y la Unión Soviética, que estuvo vigente entre 1952 y 1990 y que en promedio afectó al 20 por ciento del comercio finlandés. Este acuerdo atravesó la Cortina de Hierro entre el bloque capitalista y el bloque comunista en el contexto de la Guerra Fría.

Si bien muchas veces se adjudica el acuerdo a la cercanía geográfica entre ambos países y su inicio se relaciona con el pago de las reparaciones de la Segunda Guerra Mundial, lo cierto es que a lo largo del tiempo se observa un intento deliberado de ambas partes por extenderlo a través de recurrentes negociaciones en un contexto internacional fluctuante. Las operaciones comerciales se compensaban mediante cuentas destinadas a tal efecto en los bancos centrales de ambos países. Las empresas exportadoras, organizaciones públicas en el caso de la Unión Soviética, recibían sus pagos en moneda local.

El desarrollo de la industria naval finlandesa se explica por este acuerdo de pagos, por lo que industriales, sindicatos y políticos finlandeses siempre estuvieron muy atentos a su continuidad. Su final fue una consecuencia de la caída de la Unión Soviética. Por el contrario, Finlandia intentó por todos los medios prolongarlo, aun cuando el déficit comercial soviético era significativo.

Vale destacar que, en la década de 1970, tras el aumento del precio del petróleo, el resultado de la balanza comercial favorecía sensiblemente a los soviéticos. Esto, en lugar de ser un problema, se convirtió en una ventaja cuando la Unión Soviética comenzó a demandar más bienes y servicios finlandeses para equilibrar las balanzas de pagos. A diferencia de lo que sucedió con la mayoría de los países importadores de petróleo, la economía finlandesa se expandió en la década de 1970.

Baja participación

En la actualidad, Argentina participa de dos acuerdos de pagos. El primero es el Convenio de Pagos y Créditos Recíprocos (CPCR). Es multilateral y participan la totalidad de los países sudamericanos, México y la República Dominicana. Su inicio se remonta a la década del 1960 en el marco de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, cuando las ideas estructuralistas de la Cepal estaban en boga. El segundo es el Sistema de Pagos en Monedas Locales o SML que comenzó a operar en 2008. Consiste en acuerdos bilaterales entre los países del Mercosur a través de sus bancos centrales. Su diseño es muy básico, por lo que no promueve el equilibrio de las balanzas comerciales y si bien las empresas pagan y cobran en monedas locales, los bancos centrales liquidan a su contraparte en dólares de forma diaria.

En ambos acuerdos, lo que se observa es una bajísima participación y un profundo desinterés en impulsar su uso. En el caso del CPCR, su uso se hizo masivo en la década de 1980 en el contexto de la crisis de la deuda, pero en la década siguiente el volumen de comercio canalizado a través del mismo se volvió despreciable y no mucho cambió recientemente. Por su parte, los pagos canalizados a través del SML son prácticamente nulos en comparación al total. Su diseño es muy sencillo y poco desafiante para los bancos centrales, ya que se orienta principalmente a facilitar los pagos y cobros regionales de las PYMES del Mercosur.

Cierta miopía conceptual sugiere que sería malo que Argentina ingrese en un acuerdo de pagos bilateral con Rusia o cualquier otro país, ya que dejaría de recibir dólares estadounidenses por sus exportaciones, divisa que necesita intensamente para pagar su deuda externa y/o las importaciones desde otros países. Sin embargo, esta lectura peca de estática. Una de las ventajas de este tipo de acuerdos es su carácter dinámico, ya que promueve la expansión del comercio bilateral. De esta manera, un déficit comercial argentino obligaría a Rusia a comprarle más al país y un superávit comercial permitiría a la Argentina comprarle más a Rusia, sustituyendo importaciones del resto del mundo que se pagan en dólares. Además, el comercio dentro del acuerdo quedaría aislado de los problemas de escasez de dólares generados por la deuda externa.

Llevar adelante este tipo de acuerdos, tanto a nivel regional como con países alejados geográficamente, requiere una intensa actividad de gestión pública, que vincule a los sectores financieros y productivos de ambos países, y organice los intereses de industriales, sindicatos y políticos en favor de un acuerdo que, de resultar exitoso, podría promover el alivio de la restricción externa y la expansión de la demanda agregada en sectores estratégicos.

*Investigador del CIS/IDES-CONICET y Centro Cultural de la Cooperación. Docente UNGS, UBA y UNPAZ