El gobierno nacional dispuso la suspensión de las pensiones no contributivas por discapacidad que cubrían las necesidades de alrededor de 170 mil personas. “Son capaces de todo” reza el título de la nota de PáginaI12 que cubre la nefasta noticia, una frase afín a la que el presidente ha elegido como leit motiv de su cruzada neoliberal: ¡Sí, se puede! A partir de un personaje ficción, estas líneas intentan describir el oscuro mecanismo que anima las medidas de este gobierno cuya insensibilidad no abreva de otra fuente que la crueldad y el sadismo.

Kant Underwood

Resulta llamativa la popularidad alcanzada por la serie House of Cards. Emitida por Netflix, la trama narra las canalladas de Frank Underwood, un político de Estados Unidos que no escatima atrocidades para lograr el poder y mantenerse en el mismo. Frank carece de escrúpulo alguno: asesinatos; extorsiones; suspensión de planes sociales y abusos de todo tipo son algunas de las maniobras que distinguen a quien lleva al extremo la consigna del: Sí, se puede.

Quizás para sorpresa de muchos, Underwood hoy encarna el imperativo categórico kantiano, al cual no es necesario agregarle: “hasta sus últimas consecuencias” dado que la ética kantiana no tiene medias tintas: es a todo o nada: “Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad siempre pueda valer al mismo tiempo como principio de una legislación universal”, reza una de sus versiones. Es decir, una máxima exclusivamente formal –insoslayable cumbre y referencia ética– que admite ser animada con cualquier contenido, a condición de que tal determinación se cumpla en toda circunstancia, tiempo o espacio, no importan los motivos “patológicos”( tal la palabra elegida por el filósofo para designar inquietudes humanas, sensibles, vitales)  que pudieren interponerse.  

Si bien con una orientación bien distinta, Lacan advierte que el pivote de la propuesta ética kantiana es el mismo en el que se apoya la perspectiva psicoanalítica del deseo, a saber, lo imposible: “el imperativo moral no se preocupa por lo que se puede o no se puede”1, subraya. Sucede que si la ética psicoanalítica confronta al sujeto con el imposible para así propiciar un deseo abierto a la contingencia (que un obsesivo abandone La Mujer completa de su fantasma para así encontrarse con Una Mujer de carne y hueso, por ejemplo ), el mandato de la ética kantiana no deja lugar para lo que Kant denomina “patológico”, a saber: inquietudes humanas, sensible, vitales.  

De allí la observación según la cual: “cómo al tú debes de Kant, se sustituye fácilmente el fantasma sadiano del goce erigido en imperativo”. Lo cierto es que más de doscientos años después de que el Marqués redactara su obra genial, el neoliberalismo propone un refrito marketinero de la máxima sadiana2: ¡Sí, se puede! Esto es: si Sade pedía: “¡un esfuerzo más franceses, si queréis ser republicanos!” Hoy desde la Casa Rosada, nos vociferan: “un esfuerzo más, argentinos, un esfuerzo más y todos juntos lograremos alegría, pobreza cero y olvidar a los discapacitados. 

* Psicoanalista.

1. Jacques Lacan, El Seminario: Libro 7, “La ética del psicoanálisis”, Buenos Aires, Paidós, 1998, p. 375. 

2. “Tengo derecho a gozar de tu cuerpo, puede decirme quienquiera, y ese derecho lo ejerceré, sin que ningún límite me detenga en el capricho de las exacciones que me venga en gana saciar en él.”, en Jacques Lacan, “Kant con Sade”, Escritos 1, Buenos Aires, Siglo XXI, 1995.