Eterno descanso western

Por apenas 15 euros, cualquier aficionado al spaghetti western puede tener su lápida en el cementerio de Sad Hill, “aquella colina triste con su falda sembrada de tumbas polvorientas donde se desarrolla el largo duelo del final de El bueno, el feo y el malo”, como bien la presenta la periodista ibérica Silvia Pontevedra. Una oferta tentadora, sí, pero que habrá de generar dudas en quienes saben que el afamado camposanto fue únicamente creado para la clásica película; abandonado luego a su suerte una vez que Sergio Leone terminó de rodar las escenas pautadas en Santo Domingo de Silos, Burgos. Y desde entonces, desolación, en buena parte porque vecinos tomaron las cruces para reforzar sus techos; las piedras para levantar muros. Así y todo, ¡no hay timo, señoras y señores! Porque gracias al empeño de un grupo de españoles de la zona, el pasado año, con ocasión del 50 aniversario del film, se inauguró una recreación de la ficcional necrópolis militar, emplazada en su sitio original. Necrópolis que continúa sumando cruces gracias a donaciones de particulares, prontos a ayudar a la causa y, de paso, cañazo, tener su nombre inscripto en una de las tumbas del lugar. Por 15 euros, no olvidemos... “Desde la Asociación Cultural Sad Hill ponemos todo nuestro empeño y cariño en la rotulación y colocación de las tumbas, pero no podemos garantizar la perdurabilidad infinita de las mismas. El paso del tiempo, las inclemencias meteorológicas y el ganado pueden deteriorarlas”, firma “el enterrador” del camposanto desde la web oficial de la Asociación Cultural Sad Hill, formada hace añares con el propósito de recuperar los exteriores del rodaje de la película. Mal no le ha ido: la colina triste está pronta a volverse Bien de Interés Cultural, entendida como “puro patrimonio cinematográfico”. Y gracias a aportes de cinéfilos del mundo que quieren su simbólica cruz en el lugar, ya han reconstruido 1500 tumbas, recibiendo a diario pedidos de puntos cardinales todos (Francia, Italia, Estados Unidos, Rusia, Belice, entre otros). “Ha habido incluso algún fan que nos ha preguntado si podemos depositar aquí sus cenizas cuando se muera”, relata David Alba, portavoz del colectivo. Pues, no. Pero el fetiche del (simbólico) descanso eterno en tan aclamada tierra debería ser suficiente satisfacción.