Suele decirse que en el teatro todas las funciones son distintas: esa es su magia. La premisa sin dudas se exacerba en el caso de Los miedos, obra que reestrena en Caras y Caretas 2037 este sábado y que es más fácil de definir por lo que no es que por lo que es. "Es una obra de improvisación, pero se diferencia de otras de ese estilo en que no tiene participación del público. Otra diferencia es que no tenemos consigna premeditada: todo surge del vacío", dice su director, Alejandro Gigena, a Página/12. En esta singular propuesta, que inicia su sexta temporada, no hay tampoco guión ni personajes predeterminados. Es una experiencia teatral dirigida en vivo. Gigena se encuentra en escena junto a un grupo de actores, actrices, músicos y un iluminador, creando en cada función distintas situaciones; buceando en lo incierto y en la sorpresa, tanto del espectador como del equipo.

En todos estos años, Los miedos pasó por una sala "chorizo" donde Gigena da clases, "muy pequeña", en la que caben 30, 40 espectadores, y por El Grito, donde se hacía para no más de 50 personas. Ahora llega a Caras y Caretas, con capacidad para cerca de 400 espectadores. En rigor, les artistas ya trabajaron en este teatro de la calle Sarmiento, el año pasado, en noviembre, en el marco del ciclo "Les creadores". En esta ocasión son los encargados de reabrir la temporada del espacio. La obra también se vio en el festival de Rafaela y en el Festival Clave (Centro Cultural Recoleta). En tiempos pandémicos se hizo por streaming

"No hay nada preparado de antemano. De acuerdo a mis indicaciones y a las propuestas de todos vamos tejiendo escenas y acciones artísticas que van creando posibilidades de entretenimiento", comenta Gigena. El espíritu del espectáculo es de humor, pero también hay ventanas para que aparezca el drama. "Lo que nos sostiene no es hacer escenas que provoquen algo, sino acciones que sean honestas, y tratar de tener una conexión entre nosotros. Si pensamos que tenemos que causar algún tipo de efecto (la obra) dejaría de funcionar."

Siempre los actores y actrices en escena son seis, aunque el elenco es más amplio: algunos esperan en el "banco de suplentes" e ingresan si la improvisación así lo requiere. Ellos son Javier Abril Rotger, Lautaro Bakir, Sofia Brihet, Yasmin Eisenberg, Luciana Lifschitz, Román Martino, Debora Nishimoto, Camila Peralta, Franco Quercia, María Soldi y Max Suen. Los músicos, Juan Lepo y Jimena Gonik. Al iluminador, Emiliano Huala, también Gigena da indicaciones en el momento.

--¿Cuáles son los disparadores de las escenas que van surgiendo?
--Básicamente las propuestas son desde un lugar amorfo, vacío, de formas, de cuerpo, con la música. Es como si nos subiéramos a un carro y todo se fuera sumando para formar algo que se termina de entender. El público lleva toda esta cosa amorfa a un lugar concreto. Ahí es donde podemos seguir buceando en la incertidumbre. Las escenas van mutando; no es que sostenemos algo hasta que el espectáculo termina. Cuando se va muriendo algo, una actuación o algo, se empieza a intervenir con la música para que se forme algo nuevamente. Es una llama que prende, baja el fueguito y vuelve a encenderse.

--¿Qué balance hacés de estos años de experiencia en relación a las repercusiones en el público y en los artistas?
--Esta obra fue una idea mía que surgió a través de acontecimientos de mis clases de entrenamiento actoral, a las que a veces invito a un músico. Las cosas que van tomando forma se crean desde un vacío actoral. Hubo alumnos que se sentían parte sin haber participado de los ejercicios. Me decían: “me sentí muy adentro sin haber participado”. Fueron muchas las señales para hacerlo. Empecé a pensar en compartir eso que pasaba en las clases pero en formato de espectáculo, teniendo cosas más claras, acercándonos a un espectáculo experimental. Ahí convoqué a un grupo de actores, actrices y músicos y empezamos a probarlo. Al principio nos asustaba mucho porque no sabíamos cómo iba a reaccionar el público, si iba a aceptar o no mi participación en escena, si iba a molestar… desde el principio estuvo en duda mi participación, pero la consideramos el motor para que esto empiece a tomar forma. Luego empezamos a experimentar con público. Reaccionó de la mejor manera, le gustó, se sorprendió; incluso no cree que estemos haciendo eso desde la nada y el vacío. Tenemos un público que nos sigue desde hace un montón de años. Todo el tiempo es algo nuevo y sorprendente. En cuanto a los actores, creo que al principio éramos un grupo de amigos queriendo hacer algo que tenía ganas. Eran amigos míos, compartíamos clases juntos, algunos tomaban clases conmigo. Ahora se tornó un grupo de amigos que está haciendo algo de manera más profesional.

--¿Qué cosas te sorprendieron en estos años respecto de lo que sucede en la escena?
--Todo nos sorprende. Terminamos la obra muy extasiados. A diferencia de otras, en las que quizás decís "che, salió bien" o "salió mal", o "me equivoqué en el texto"... lo que nos pasa es que terminamos cebados, con adrenalina, queremos seguir. El público también lo siente. A veces tocamos temas con los que se siente muy interpelado. O incluso nosotros mismos. Por ejemplo, un actor toca un tema X y otro dice: "estoy pasando por esa". Es una especie de constelación. Nos divierte. Hay algo sanador en eso. También hay anécdotas dolorosas, por ejemplo alguien del público que nos dijo "me llevo con mi viejo de tal manera y ustedes tocaron este tema; me emocioné". Siempre son comentarios buenos. El público se siente parte. Por los temas que tocamos, por vernos en la cuerda floja de la creación o por ver la cocina. Nadie se siente excluido. Es como en las clases: los espectadores se sienten parte sin haber participado. Es una participación por debajo.

--¿Por qué la obra se llama Los miedos?
--No sé quién propuso ese nombre. No lo recordamos. Se llama así porque vivimos mucho terror antes de hacer esto. En la previa tenemos un montón de sensaciones. Nos preguntamos si estaremos vivos en escena, si estaremos conectados, nos da miedo no estar conectados entre nosotros. Me da miedo dirigir mal. A los actores, actuar mal; a los músicos, tocar mal. Sentimos miedo de que no le guste al público. Nombramos mucho el miedo y lo compartimos, y después cuando estamos en escena eso se borra totalmente y aparece algo muy vivo, de mucha conexión y diversión. Si nos equivocamos festejamos ese error; nos subimos al carro del error. Siento que es muy humano y de mucha solidaridad.

*Las funciones son los sábados a las 21. Tras la función, a partir de 22.30, el encuentro continúa en la terraza bar con música.

La Kermés 2037 con Pedro Saborido


La sala y la terraza-bar de Caras y Caretas 2037 también serán escenario de otras actividades. El sábado 25 se realizará la "Kermés 2037 con Pedro Saborido". La cita será a las 19.30. Con la presencia de DJ MM, habrá juegos (metegol, tejo, dardos), Paula Fukuhara con exhibición y desafíos de ping pong, La Gitana y la rueda de la fortuna, Tomas Sarquis con magia de mesa, y La Lola clown. A partir de las 21, Pedro Saborido recibirá al público en la sala para dar lugar a los artistas: Martín Pavlovsky al piano con visuales a cargo de Tetsuo Lumiere, el payaso Tomate, Ximena Banús "La psicóloga", Manuel Fanego con "Mika de Frankfurt", Un Tal Juan Fernández "Sciervo" y el cierre musical con Sofia Viola. A las 22.30 la fiesta seguirá en la terraza con más música, amigxs, bar y comidas.