La campaña más efectiva y con menos recursos. Así evalúan en el kirchnerismo el resultado del primer tramo de la pelea electoral. Más allá de la definición que arrojará el escrutinio definitivo sobre las PASO en la provincia de Buenos Aires, cerca de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner son optimistas respecto a lo que podría pasar en octubre, sobre todo porque –señalan– instalaron la preocupación por la crisis económica como principal eje de discusión. Además, creen que el domingo al gobierno no le fue tan bien como buscó comunicar, ya que perdió en 14 provincias. 

La evaluación del entorno de CFK implica una lectura fina de los resultados en todo el país, que Cambiemos presentó como muy favorable para consolidar una fuerza nacional con las victorias en Córdoba, San Luis, La Pampa, Entre Ríos y Jujuy. Desde el kirchnerismo relativizan esa interpretación e indagan al interior de los resultados. Señalan, por ejemplo, que a pesar de haber obtenido el primer lugar en las PASO Gerardo Morales hizo una mala elección. En Jujuy, Cambiemos, con el 36 por ciento, solo retuvo tres de los nueve distritos que había ganado en 2015 y el oficialismo provincial bajó ocho puntos respecto a dos años atrás, a pesar de la importante ayuda económica que llega todos los meses desde el gobierno nacional, además de los anuncios de las inversiones en obra pública para la provincia en la que está presa Milagro Sala. Esto contrasta con el 31 por ciento que el Frente para la Victoria obtuvo en Santa Cruz, donde quedó en segundo lugar. Allí, la gobernadora Alicia Kirchner no cuenta con los beneficios del apoyo nacional, sino todo lo contrario, está complicada para pagar los sueldos estatales y arrastra un largo conflicto con los docentes, además de la baja en la recaudación provincial y la quita de los reembolsos de los puertos patagónicos. De esta forma, en el kirchnerismo creen que en un caso la victoria no es tan importante y en el otro la derrota no es tan desastrosa. 

La evaluación es que en esta campaña no hay espacio para la avenida del medio debido a que ese tipo de discurso resulta más efectivo cuando están en juego tensiones políticas o de estilo, pero no cuando el eje pasa por el modelo económico y social. Por eso repiten lo que dijo la ex presidenta el domingo (en realidad el lunes por la madrugada): “de cada tres argentinos, dos le dijeron no al ajuste”. Defienden esa lectura porque, sostienen, fue el Gobierno quien convirtió esta elección en un plebiscito a su gestión. 

Lo que queda de aquí a octubre es ver si la polarización se seguirá acentuando en base al reacomodamiento de los quince puntos de Sergio Massa y los casi seis de Florencio Randazzo. Y lo más importante, cómo se distribuirán esos votos. En este sentido, no hay reproches ni arrepentimiento por no haber llegado a un acuerdo con el ex ministro de Transporte para ir a una competencia interna. Insisten en que, en este caso, la pelea dentro del peronismo bonaerense era un dispositivo de la estrategia del Gobierno, aunque no reniegan de la PASO y de su eventual utilidad. Al fin y al cabo, fue una herramienta implementada durante la presidencia de CFK. 

De aquí a octubre, Unidad Ciudadana seguramente hará algunos ajustes en su campaña, pero su eje se mantendrá. Insistirá en señalar cómo el gobierno de Mauricio Macri, con el plan económico y la pérdida de derechos, “desordenó la vida de la gente”: el aumento de precios y tarifas, el miedo a quedarse sin trabajo y la dificultad para acceder a los remedios son temas, aseguran, que antes de 2015 no estaban en la agenda y que terminaron en el centro de la disputa electoral. Resaltan que durante la campaña el resto de la oposición terminó hablando de “poner un freno al ajuste”, aún desde el espacio de Massa y Margarita Stolbizer. La victoria la cuentan doble porque enfrentan a un gobierno que, en un escenario inédito, controla la ciudad de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires y el gobierno nacional y tiene el apoyo del aparato judicial y de los poderes económicos, financieros y mediáticos.