medios y comunicación
Entre la mercancía y el arte
Alejandro Cánepa sostiene que Los trabajadores de los medios y sus organizaciones, libro de Mariana Baranchuk de reciente publicación, es una cartografía de posibles caminos para una mejor defensa de los derechos de los trabajadores de los medios.

La bibliografía sobre organizaciones gremiales de trabajadores de las industrias culturales es escasa, como si la volatilidad de sus productos volviese escurridizo fijar en letras cómo aquellos defienden sus derechos. En rigor de verdad, las grandes empresas mediáticas, del soporte que sean, rara vez dan cuenta en sus agendas de los conflictos laborales que las involucran, y ello conspira contra la visibilidad de esas demandas. En ese sentido, la publicación de Los trabajadores de los medios y sus organizaciones (Editora Patria Grande, 2016), de la investigadora, docente y Magister en Comunicación y Cultura (FSOC-UBA) Mariana Baranchuk, se convierte tanto en un acto de justicia como en un aporte esencial para el campo académico y sindical.
La autora aclara la especificidad de los trabajadores creativos de la industria cultural, que producen bienes simbólicos e inmateriales que “conforman opinión pública y un conglomerado de subjetividad identitaria”. Y bucea en las particularidades de las diferentes organizaciones que los agrupan, en especial durante el período 1989-2009, que incluye el comienzo del plan de reforma del Estado impulsado por el menemismo, hasta la promulgación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA).
Así, Baranchuk comienza por un recorrido por la historia de las distintas formas organizativas de los trabajadores, que se inicia con los gremios que congregaban a pintores y escultores durante el Renacimiento, hasta llegar a las organizaciones que reúnen a los trabajadores de las industrias culturales. Llegada a ese punto, la autora recorre lo que denomina los “artesanos de la industria”, categoría que engloba a locutores, actores y músicos. Estas profesiones combinan lo mercantil y lo artesanal, lo que les otorga una particularidad en el campo laboral.
Luego les toca el turno a autores, guionistas, compositores y a los “obreros de los medios”, es decir al personal de la radio y la televisión. En el recorrido propuesto por el libro se compendian distintas realidades precarizadas y poco conocidas, como la de los guionistas, obligados a ceder sus creaciones por un único pago, o a firmar en coautoría con el productor que escribió apenas la síntesis del proyecto.
El camino sigue con las organizaciones de prensa, y su derrotero que incluye desde la Sociedad Argentina de Periodistas (SAP) y la Asociación de Periodistas de Buenos Aires (APBA) hasta llegar a la conformación de la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPREN). Otro valor del libro es la ejemplificación de distintos casos de juicios iniciados por trabajadores prensa contra empresas mediáticas por violar el Estatuto del Periodista.
De esta manera, se recorren juicios iniciados contra Torneos y Competencias, Cuatro Cabezas y el Diario Río Negro, entre otros.
Un apartado significativo se centra en la creación de Confederación de Sindicatos de Trabajadores de la Comunicación Social (COSITMECOS), una entidad sindical de tercer grado, cuya semilla se originó en 1989, cuando en el comienzo del menemismo existían rumores del posible cierre de los canales 11 y 13, por entonces en manos del Estado. El libro recuerda la interesante experiencia de cogestión de esas emisoras durante un breve período de aquel año, antes de que los canales fueran privatizados.
Y por último, se toma la LSCA y todo el proceso previo de participación social en la elaboración del proyecto, y cómo se recogieron las inquietudes de distintas organizaciones gremiales de trabajadores de los medios. De esta forma, se ofrece un exhaustivo racconto de los aportes que hicieron sobre cuotas de música nacional y de pantalla de cine argentino y representación de las entidades sindicales de medios y de sociedades gestoras de derechos en el Consejo Federal de Comunicación Audiovisual, entre muchos otros elementos.
En síntesis, la obra de Baranchuk mapea el campo de las organizaciones sindicales que congregan a los trabajadores de medios, con el novedoso aporte de que además de actores y periodistas se incluya la problemática de directores de televisión, músicos, locutores, camarógrafos, iluminadores, microfonistas y los demás roles que intervienen en la producción de estos bienes intangibles. Ante un escenario de fuerte concentración mediática, precarización laboral, polivalencia forzosa disfrazada como “modernización” y políticas oficiales que han agravado la situación económica del país, el libro funciona además como una cartografía imprescindible de posibles caminos para una mejor defensa de los derechos de los trabajadores de los medios.

* Periodista. Lic. en Ciencias de la Comunicación (UBA).