Devuelven el catálogo de Music Hall a los autores
Cuando la música es de los músicos
El Inamu compró el catálogo del histórico sello, que había quebrado, y decidió devolver las licencias a sus autores, que de a poco van reeditando aquellos discos. Hoy, en la Casa de la Cultura de Salta, se presentará una antología de la obra de Daniel Toro.
El legendario folklorista Daniel Toro junto a Víctor Pintos, a cargo de la curaduría artística de la edición.El legendario folklorista Daniel Toro junto a Víctor Pintos, a cargo de la curaduría artística de la edición.El legendario folklorista Daniel Toro junto a Víctor Pintos, a cargo de la curaduría artística de la edición.El legendario folklorista Daniel Toro junto a Víctor Pintos, a cargo de la curaduría artística de la edición.El legendario folklorista Daniel Toro junto a Víctor Pintos, a cargo de la curaduría artística de la edición.
El legendario folklorista Daniel Toro junto a Víctor Pintos, a cargo de la curaduría artística de la edición. 

La industria discográfica (la que alguna vez existió) guarda entre los pliegues de su historia tramas que podrían dar para más de una película, entre la aventura y el azar, el arte, el negocio y el rédito de unos pocos. Una de esas historias es la que aparece detrás del mítico Music Hall, sello que entró en quiebra, dejando literalmente preso durante décadas todo su catálogo, sin que pudieran acceder a él ni sus creadores, ni su posible público. Esto fue hasta que el Instituto Nacional de la Música (Inamu) lo compró, y decidió devolver las licencias a sus autores, que de a poco van reeditando aquellos discos. Las próximas entregas tendrán significados especiales, por distintos motivos: hoy en la Casa de la Cultura de la ciudad de Salta, el acto se transformará en un homenaje a Daniel Toro, con la presentación de una antología de su obra. El miércoles, en la Embajada de Chile, Los Jaivas recibirán el que era hasta ahora su “disco perdido”: Los Jaivas en Argentina.  

En el catálogo Music Hall hay más de 1.500 títulos, muchos de nombres fundantes de la música argentina: Aníbal Troilo, Troilo-Grela, Astor Piazzolla, Horacio Salgán, Eduardo Falú, Isaco Abitbol, Seru Giran con sus primeros discos, León Gieco –desde su primer LP, que llevó su nombre, de 1973, hasta los tres volúmenes de De Ushuaia a La Quiaca–, Arco Iris, Pappo’s Blues, La Pesada del Rock, Pastoral, Pedro y Pablo, Miguel Mateos, Los Gatos Salvajes –el grupo de Litto Nebbia inmediatamente anterior a Los Gatos–, Hugo Díaz, Edmundo Rivero, Ariel Ramírez, Los Fronterizos, Buenos Aires 8, entre tantos. “Los músicos, que durante todo este tiempo no pudieron trabajar con estos discos, ni percibir derechos de intérprete porque no estaban a la venta, o bien sus herederos, son quienes deciden cómo y cuándo reeditarlos, y muchos de ellos ya lo hicieron o están en ese proceso”, señala Diego Boris, presidente del Inamu. “Los músicos tendrán los ingresos que generen por estas reediciones; lo que se liquide por comunicación pública en las sociedades de gestión colectiva que representan a los productores fonográficos, vuelve al Inamu. Y el Inamu lo destina al programa ‘Mi Primer Disco’, que fomenta nuevos grupos y solistas. Por eso decimos que las obras cumbre de ayer terminan fomentando a las emergentes de hoy”, destaca.

Tras destrabar el conflicto judicial y concretar la compra del catálogo, el Inamu entregó una primera tanda de licencias a artistas como León Gieco, Charly García, Litto Nebbia, Gustavo Santaolalla y Miguel Cantilo. En una segunda etapa, cuando fue el momento de investigar a fondo el catálogo, la entidad convocó al periodista Víctor Pintos para hacer una curaduría artística que evaluara la importancia que tenían otras obras, menos conocidas a nivel masivo. “Me encontré con gratísimas sorpresas, títulos de gran importancia cultural. Joyas. También rarezas, como el LP de Marito González, que fue el debut de Jairo cuando era adolescente. Incluso algunos que son de artistas no argentinos: el disco de Los Jaivas grabado en vivo en la Argentina, el de Hugo Fattoruso con una formación que se podría haber llamado Opa, con su hermano Osvaldo, con Rada, pero que se dio a conocer como Otroshakers”, cuenta Pintos. Y evalúa sobre la recuperación discográfica: “Durante muchos años, algo de ese catálogo circuló con ediciones que tenían derechos de dudosa legitimidad y siempre con ediciones malas o muy malas, con sonido deficiente y escasísima información. En lo práctico, es importante que esa música popular ahora recuperada vuelva a circular, sea re-publicada con ediciones que seguramente serán cuidadas, sea reintegrada al circuito de difusión de radios, y también esté disponible en los nuevos formatos de streaming. Y en lo simbólico, el resto: las notables obras grabadas en Music Hall por estos grandes grupos y artistas no merecían continuar en las sombras, paralizadas, virtualmente perdidas. Así que quizá se pueda decir que este gesto del Inamu consiguió la aparición con vida de esta música”.

Hoy en la ciudad de Salta (a las 20 en la Casa de la Cultura, Caseros 460) Daniel Toro recibirá las licencias de los discos que editó, en long plays, simples y compilaciones, en el sello Music Hall. Allí también se presentará Antología Music Hall 1667 - 1984, donde por primera vez se trabaja en una compilación del material hallado dentro del catálogo histórico de la empresa discográfica Sicamericana (la sociedad anónima que se desempeñaba comercialmente con los nombres Music Hall, Sazam y Tk). “El caso de Daniel Toro es único en la historia de la música popular del país”, asegura Pintos, quien también trabajó en esta compilación. “Se consagra en Cosquín siendo muy joven, con una obra propia de altísimo nivel junto a poetas como Ariel Petrocelli. Esa obra, que en parte tiene un fuerte contenido testimonial, sufre el hachazo de la censura a partir de 1976. La prohibición para que su música se difundiera y para que pudiera actuar en vivo, lo pone en una oscuridad que termina con un diagnóstico de cáncer de garganta, nada menos, en 1979. Después de varias operaciones, y luego de un intento de retorno a poco de recuperada la democracia, pierde definitivamente la voz. Milagrosamente puede recuperarse años después y ahora tiene, finalmente, un merecido reconocimiento”, repasa la trayectoria del salteño. La antología presentada rescata temas emblemáticos como “Cuando tenga la tierra” o “El antigal”, versiones de “Canción para un niño en la calle” o “Recuerdos del Portezuelo”, otras menos conocidas y hasta un tape inédito a modo de bonus track. 

  La entrega de licencias continuará pasado mañana en la Embajada de Chile, cuando Los Jaivas recuperen su “disco perdido”. “Ellos comenzaron su historia en Chile a comienzos de los 70 y fueron echados en el 73, con el Golpe de Pinochet; vinieron a la Argentina y acá se ganaron un lugar importante en la escena del rock local de ese tiempo, pero tuvieron que emigrar nuevamente en el 76, con el Golpe de acá. Luego abrieron un camino en el mundo, con base en Francia. Consagrados e indiscutidos, ahora están reinstalados en Chile”, repasa Pintos. “Toda su obra fue prolijamente reeditada por gestión propia y hoy está fácilmente conseguible, a excepción de un disco: Los Jaivas en Argentina, que se grabó en un concierto en Obras Sanitarias en 1983, con producción de Sazam, por entonces la etiqueta de rock de Sicamericana / Music Hall. Los numerosos seguidores del grupo en todo el mundo dicen que ese es “el disco perdido”, porque figura en la discografía oficial del grupo pero no está conseguible. Ahora sí lo estará, cuando el Inamu le entregue los derechos fonográficos al grupo, podrán reeditarlo y darle, al fin, la circulación que merece”.

Mientras se sigue abriendo y analizando, el catálogo de Music Hall sigue acumulando anécdotas y revelando historias de la música argentina. Como la que abrió Matías Galarza, hijo del chamamecero Roberto Galarza, al ver las cintas originales de El Trío de Oro, cuando se entregaron esas licencias en el Festival del Chamamé. “En un momento se emocionó mucho y no entendíamos por qué. Había descubierto tres canciones que el padre la había cantado, pero que no creía grabadas. En realidad nunca llegaron a editarse porque la cinta aclaraba, en birome: “Sin bajo”. No habían sido terminadas. Le dimos una copia de la cinta para que, ahora sí, las pueda terminar y editar”, cuenta Boris. También repasa con asombro lo que escucharon en unos masters de Piazzolla: “Cuando termina una primera toma él dice: ‘vamos de nuevo, porque nos apuramos’. Luego vuelven a tocar el tema y dice: ‘esta vez fuimos demasiado lentos’. La tercera toma es la que acepta. Las grabaciones duran 3’ 26’’, 3’ 33’’, y la que queda como válida, 3’ 29’. Su oído privilegiado le permitía esa exactitud de segundos. Estos creadores argentinos nos siguen asombrando”.  

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