Frente a la nueva corriente neoliberal
¿Qué diría Cafiero?
Las ideas del caudillo peronista se resignifican en un escenario donde vuelven a primar los postulados neoliberales.
“Nuestra concepción de la justicia social es lo que nos separa de los neoliberales”, decía Cafiero.“Nuestra concepción de la justicia social es lo que nos separa de los neoliberales”, decía Cafiero.“Nuestra concepción de la justicia social es lo que nos separa de los neoliberales”, decía Cafiero.“Nuestra concepción de la justicia social es lo que nos separa de los neoliberales”, decía Cafiero.“Nuestra concepción de la justicia social es lo que nos separa de los neoliberales”, decía Cafiero.
“Nuestra concepción de la justicia social es lo que nos separa de los neoliberales”, decía Cafiero. 
Imagen: Bernardino Avila

Hace unos días reapareció con gran fuerza el nombre de Antonio Cafiero en la escena política con motivo de una serie de homenajes que se le hicieron al cumplirse treinta años de la elección que le dio el triunfo como gobernador de la provincia de Buenos Aires. Poseedor de una personalidad y trayectoria fuera de lo común, de entre tantos rasgos destacados de su vida (político, funcionario, demócrata, defensor de las instituciones, hombre de familia, simple militante –como le gustaba definirse– y hasta ¡actor!), hay uno también sumamente importante que suele permanecer relegado por el propio valor que revisten algunos de los anteriores, y es su faceta de economista.

En este breve texto se pretende resaltar la visión de Cafiero a partir de sus propios escritos acerca de las políticas pro-mercado o neoliberales como las que se aplican en la actualidad, las mismas que en los ‘90 se impusieron de manera arrolladora en buena parte del mundo. En Argentina se realizó (fiel al estilo de Menem) de manera casi brutal. Si bien Cafiero nunca negó los cambios que los tiempos demandaban, eso no modificó sus posturas filosóficas más profundas: “Nuestra concepción de la Justicia Social es ciertamente el disenso más grave que nos separa de los neoliberales....en la visión liberal clásica, el papel del Estado es supletorio. El mercado y la acción de los particulares va a asegurar el crecimiento y la justicia social.”

La tan mentada “teoría del derrame” lo llevó a practicar el juego de la ironía que tanto le agradaba: “La idea de que ‘primero’ es el crecimiento y ‘después’ vendrá espontáneamente y ‘por goteo’ la distribución, y que anticipar una distribución más equitativa de los ingresos interferiría en el funcionamiento de los mercados, lo que reduciría la eficacia productiva, en buen romance exige a los desposeídos que ejerzan varias virtudes: la fe en los pronósticos de los científicos, la esperanza en el resultado de las políticas y la paciencia durante un plazo no definido. No hay que creer en esto.” 

Ya diez años antes había dicho: “Las grandes transformaciones se dan a partir del ‘75, donde la crisis petrolera y cierto agobio a propósito de la intervención del estado, produce la revolución antikeynesiana, la nueva derecha, la ola liberal, la reaganomics, la tatchernomics. El liberalismo se encuentra con sus teólogos, que le permiten salir de la inferioridad ética. Ahora, ¡hasta moralizan! Dicen que la ética del capitalismo es la única ética. Esto no se animaban a decirlo ni hace 20 años. Lógicamente todo esto fue traspolado a la Argentina, trasvasado directamente desde los grandes centros de poder”. 

Tampoco escapan a su verba inquisidora las políticas económicas liberales aplicadas por la dictadura cívico-militar que gobernó de 1976 a 1983: “Con respecto al liberalismo, hay una cosa curiosa que no quiere ser admitida por quienes se llaman liberales: que en el país, en repetidas oportunidades de su historia económica, fue ejercido el liberalismo a fondo. Por ejemplo, el gobierno de la revolución militar liberó todos los precios y las tasas de interés; por cierto, no liberó los salarios, pero las tasas de interés y los precios relativos de los factores más importantes de la producción jugaron libremente en el mercado”. Como si lo estuviera diciendo en estos días.

Lo que Cafiero nunca podría aceptar es la idea de un peronismo surcado por ideas neoliberales: “El neoliberalismo, si bien minoritario como corriente política, trata de instalar –con el auspicio de los poderosos– una cultura hegemónica y se presenta como la única alternativa racional al progreso...Está tratando de imponer sus creencias, valores y paradigmas al peronismo: se afirma en las supuestas virtudes del Mercado Máximo y del Mercado Mínimo y se despreocupa de la autonomía nacional, la igualdad, la equidad y la solidaridad. Nos invita a iniciar la era del ‘postperonismo’ en la cual la ideología y el modelo neoliberal -asumidos e interpretados en clave peronista- serían la nueva versión del Justicialismo del siglo XXI”.

Mientras gobernaba Menem, explicó la situación originada por el colapso de la economía mexicana y los ajustes que, para hacer a frente a ello se efectuaron en nuestro país, donde evidenció su molestia por el rumbo tomado. Esta opinión reviste valor no sólo por el análisis que realizó sobre el ajuste que se estaba practicando en ese momento (1995), sino por los que sobrevendrían posteriormente, especialmente en el gobierno de De la Rúa y el que está tratando de llevar adelante Macri: “Estos son los riesgos de los ajustes indiscriminados. Aquí no parece haberse evaluado con detenimiento que existen actividades que, por su propia naturaleza, aseguran el funcionamiento de las demás. El ajuste no debe alcanzar a todos los sectores públicos de la misma manera...

El gasto público es un instrumento vital del Estado para la organización de la vida social sobre la base de los criterios de eficiencia y equidad. No sería deseable que las reducciones presupuestarias dispuestas en las medidas de ajuste sólo persigan la prolijidad de las cuentas públicas, o sea la eficacia en desmedro de la eficiencia....

Las funciones compensadora y reguladora del Estado de fin de siglo, orientadas hacia nuevos mecanismos de resguardo del bien común, están desalojando con trabajoso éxito el efímero auge del “Estado desertor” de cuño reaganiano, que ahora ensaya una póstuma restauración...

El Estado deberá hacer posible, a través de las inversiones en las capacidades humanas (educación y salud, pero también en el entrenamiento y aprendizaje en los mecanismos de participación democrática y en la toma de decisiones de la gente) el viejo sueño transformador de la democracia acerca de la igualdad de oportunidades.

El Estado deberá proteger, en consecuencia, los instrumentos con que cuenta para satisfacer de manera armónica las demandas sociales, equilibrando la puja de intereses contrapuestos, con especial cuidado de los postergados en el juego de la competencia y en la lucha de los mercados.”

Salud, Antonio. Sus ideas gozan de plena vigencia.

* Docente UNLZ, UNQ y UPE.

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