Raúl Giraudo uno de los primeros productores de SanCor
“Se cumplía con la palabra, se compraba el campo dándose la mano”
En una cocina con un horno a leña, Raúl Giraudo habla de sus recuerdos como trabajador de campo y el emprendimiento para llevar a cabo la puesta en marcha de la cooperativa láctea más importante de nuestro país. La figura de su padre, el trabajo mancomunado con otros colegas y la satisfacción del deber cumplido dejan enseñanzas para las futuras generaciones.

Desde Sunchales, Santa Fe

–¿Cómo comenzó en el oficio?

–Estuve siete años en un colegio pupilo de Santa Fe y después hice toda la secundaria, soy egresado del año 1951 de perito mercantil, después me tocó el servicio militar en la Marina y en esos dos años decidí mi vida. Éramos 16 los que nos recibimos de perito mercantil y ya teníamos trabajo en la parte contable de los comercios y la industria y fui pedido por SanCor pero yo ya lo tenía decidido porque mi padre compró un campo con mucho sacrificio y yo era el hijo más chico de cuatro hermanos, sentado con mi viejo en esta misma casa decidí que el sacrificio que hicieron para tener un campo era más importante que yo para darme un gusto personal y no me arrepentí porque hubiese terminado como Videla.

–Usted eligió trabajar en el campo. ¿qué proyecto vio usted de trabajar en la industria láctea, qué soñó?

–Hicimos una pequeña sociedad de capital y trabajo y en aquel tiempo se soñaban muchas cosas porque teníamos empresas de primera con una trayectoria importante así integré las comisiones de las cooperativas, yo soñaba con los sueños de la comunidad. En 1950 tenía un profesor de contabilidad que quería conocer SanCor y de regreso me dijo:”Esto no va a durar muchos años” (risas)

–¿Cómo fue ese principio llevando los caballos a nado con el carro llevando mil litros de leche?

–El productor llegaba acá a la cooperativa, hacía caseína (leche) y de acá la transportaban a SanCor, yo tengo 46 viajes de acá al pueblo, había que pasar las alambradas, saltábamos la cuneta, la altura del carro es grande y yo parado arriba del carro me llegaba el agua al cuerpo, atravesaba pozos, pantanos, al carro lo tiraban cuatro caballos y uno cayó en un pozo y de atrás venía un compañero que hacía el viaje y así fue que partía el carro o salía y así fue que salimos.

–En 1929 se funda la Cooperativa en Sunchales con 32 asociados porque en Moisés Ville no llegaba el tren.

–Francisco mi padre fue el que le vendió el terreno a la Cooperativa y en esa reunión vino el Ministro de Agricultura a Sunchales en la fundación, había hombres que no tenían tambos y yo empecé a trabajar del año 1953 en adelante.

–Usted iba en bicicleta y entre otros trabajos enderezaba los clavos.

–Así es yo trabajé 40 años y no cobré un solo peso, hacíamos todo ad honorem, la cooperativa llevaba el sueldo a los socios y cada uno con su tarea, en mantenimiento de herramientas y en la parte contable. Yo tengo viajes al Impenetrable en la frontera con Chaco, a la cuña boscosa, era bravo llegar hasta allá.

–¿Qué significó para usted la grave inundación del año 1977?

–Nos quedamos sin hacienda y los campos recién en dos años comenzaron a producir de nuevo, al inundarse por las napas arrastró las sales, los nitratos y nitritos, hasta que se recompone y todo eso vuelve hacia abajo.

–¿Esos 46 viajes a Sunchales llevando crema cómo resultaron?

- Acá hicimos un pequeño depósito y conseguimos por medio de la Intendencia un helicóptero, traíamos mercadería hasta acá y después repartíamos a la gente que no podía moverse para darle de comer, íbamos a cada casa, había tipos arriba de los techos, esa es la misión de un cooperativista.

–En su trabajo se deja de lado el individualismo, el egoísmo…

–A veces dar más de lo que uno recibe.

–Era un lujo en un momento porque trabajaban con calderas, balanzas, tanque para la leche. ¿Cómo era el ambiente de trabajo en ese momento? ¿Cuántas cooperativas se unieron para formar SanCor?

–Dieciséis, una parte de las cooperativas estaban en la provincia de Córdoba y acá en Santa Fe. Acá venían los tamberos a traer la leche y yo les abría los alambrados, cruzaban los campos, carneé más de 60 animales repartiéndolo entre los productores. Una vida pensando en los otros. Sesenta años atrás el ser humano no es el de hoy, se cumplía la palabra, se compraba el campo dándose la mano en confianza, SanCor es el país argentino en miniatura.

–Esa movida de ustedes la hicieron en contra la empresa privada que fijaba el precio, ustedes competían con las multinacionales y la extranjerización de la economía. ¿Pensó en algún momento que las adversidades lo iban a derrotar?

–Yo sabía que iba a salir a delante, no tuve dudas. Mi dicho era siempre: “Mientras el tren no me corte los brazos al país no le tengo miedo”

–Usted en el documental que hizo el Grupo de Cine “Hijos del pueblo” habla de cumplir con el legado de sus antepasados ¿A qué se refiere?

–Mi padre, mis abuelos fueron personas nobles, sinceras, incapaces de quedarse con un centavo de nadie, cuando uno lo crían de una forma no se hace de la otra.

–¿Cómo se desarrollaba un día laboral?

–Empezaba a las seis de la mañana, llegaban los primeros tamberos, se recibía la leche e iba a un depósito, se la pesaba en una balanza se la tiraba a un depósito en un tanque y de ahí se desnataba por un lado la crema y por otro lado el suero blanco que lo hacían caseína, eso duraba hasta el mediodía. La caseína tenía su tiempo de maduración por lo menos seis horas, se secaba al sol en bastidores y se la embolsaba, la caseína no se separaba del suero, servía para la alimentación de los chanchos. Esa crema se le vendía a empresas que la industrializaban y nos preguntamos por qué no podíamos industrializarla nosotros y ahí empezó a funcionar SanCor.

–¿Tuvo influencia la idea del cooperativismo que traían los inmigrantes de Europa?

–En aquel tiempo encontrar un ingeniero químico, un ingeniero electrónico era imposible no se conocía acá en la zona, todo lo que hoy se hace en la industria es con combustible pero en aquel tiempo la caseína tenía su valor porque el famoso cepillo de dientes salía de ahí de la caseína.

–¿Ustedes hacen un giro en lo laboral cuando optan por la ganadería?

–En 1924 mi padre y mi tío pusieron una quesería acá y para elaborar quesos salían de acá iban hasta Tacural volvían para juntar mil litros de leche. ¿Por qué se eligió hacer una industria? Porque los hombres tenían su trabajo en el campo lo que hoy hace un tractor en un día ellos le ponían una semana para hacerlo, sembraban y cosechaban trigo o lino y a veces lo económico no funcionaba, entonces las mujeres de los campesinos empezaron a ordeñar una vaquita, cincuenta, sesenta litros para enderezar la economía.

–¿Y qué descubrieron en ese proceso?

–Descubrieron que la lechería tenía una perspectiva de futuro, de la cosecha quedó maíz, sorbo y girasol muy poco de trigo, yo discuto con los sojeros y les digo que no tienen ganas de laburar porque la cosecha se siembra después quedan dos meses sin ir a verlo, en cambio la hacienda come todos los días y hay que estar, hay que sembrar, hay que hacer. En cuanto a rentabilidad según los campos le estoy hablando de los campos en Marcos Juárez, Pergamino pero los campos de acá que no son de tierra pareja cultivables al cien por ciento y en mi economía cuando necesito dinero vendo cuatro o cinco animales en vez la cosecha hay que levantarla.

–¿Cómo era el tambo en esa época?

–En esa época era todo a mano no había máquinas ordeñadoras, ponían los tachos para enfriar la leche, esta fue la primer cooperativa que recibió la leche mañana y tarde. Cuando se cumplieron 50 años de SanCor llamé a uno de los tamberos que entregó la leche durante 28 años, hicimos la cuenta e hizo 125 mil kilómetros con el carro trayendo la leche, se llamaba José.

–En el año 1939 se constituyó en Cooperativa ¿En qué cambió el abordaje laboral y las relaciones de producción?

–Se puso una fábrica de manteca así empezó SanCor con una mantequería en Sunchales y la primer fábrica de dulce de leche que tuvo SanCor fue acá, el dulce de leche es una cosa muy sencilla hay que saber cuánto vale la glucosa porque el 80 por ciento es glucosa y el 20 por ciento es leche y si la glucosa vale un peso y la vendo a seis y ahí agrandé la glucosa, venían camiones de 14, 15 mililitros y en los años 70 empezaron a fabricar la leche en polvo.

–¿Cómo eran los tamberos, eran campesinos trabajadores especializados?

–Personas que salieron de empresas metalúrgicas y con el tambo se ganó más que como empleado de una empresa, hoy por ejemplo un tambero está cobrando entre 30 y 35 mil pesos mensuales, es una vida sacrificada los 365 días del año llueva haga calor frío hay que aguantárselas a todas y acá los cooperativas lecheras no van a ir adelante si no cambian el sistema si no es el mismo productor el que hace el trabajo de tambero que ordeñe él no que se lo dé a un tercero que no haya intermediarios. Tengo un nieto que estuvo en Nueva Zelanda es ingeniero agrónomo y trabajó en un tambo, tanto los arrendatarios y el dueño de campo ordeñan ellos, acá el dueño del campo son cafishios, nunca laburaron vivieron siempre a costilla de otro, el trabajador es el último que recibe beneficios, la electricidad, los caminos, el gas, el último que recibe es el productor, es el último orejón del tarro. Acá se trabajaba con farol, con lámpara a querosene, en aquel tiempo no había heladeras. En el campo que tengo en el Norte en la zona de Las Avispas hace once años que tenemos luz pero tuvimos que pagarla nosotros, 26,5 kilómetros de líneas supervisada por la EPE Empresa Provincia de la Energía de Santa Fe). Qué empleado, puestero o peón puedo traer acá si no le doy las mínimas condiciones de trabajo, no se puede vivir en un campo sin una heladera.

–El fundador de SanCor fue Juan B. Mitri en 1937 ¿Qué enseñanzas dejó en la producción, qué cambios se produjeron?

–Fue una excelente persona pero no fue el único técnico que le vio el agujero al mate, ya lo habían visto de antes, el mérito fue compartido hubo un montón de gente que cincharon para que se concrete, las cooperativas no cambiaron nada lo que cambió es el ser humano hoy se está vendiendo muy mal, no hay mercado esto también es resultado de la poca visión que tuvieron los consejeros de SanCor, en los últimos 20 años no vieron más lejos que un tero, el mundo va cambiando y no hay que cambiar inaugurando oficinas en Buenos Aires, Mar del Plata, Tucumán con eso no va a crecer, hay que tener relaciones con la Secretaría de Agricultura, relaciones internacionales pero lo primero que hacen es comprar el edificio más caro que hay hubo consejeros que no tenían tambo.

–¿La política económica de Martínez de Hoz fue un antes y un después para ustedes?

–Jodió mucho al productor con la ley 1050 donde se indexaban los créditos de los bancos y yo vendí todo lo que tenía para vender pagué el crédito y nunca más pisé un banco, hago algo si tengo y si no tengo no hago nada y en los 90 la gente no compraba no cambiaba herramientas no hacía la vuelta que tenía que hacer, se fue trancando.

–¿El no cuidado del medio ambiente perjudicó el trabajo en la zona?

–Cada inundación volvemos dos años para atrás en 1965, 1977, 1994 un montón de inundaciones.

–¿Se siente en la zona una revancha estatal contra las conquistas y derechos de la clase trabajadora?

–Se nota mucho, aparte se venden un montón de autos y no tenemos rutas, ponen empresas ponen dos robots pero no ponen un ser humano, entonces ¿cómo va a mejorar esto? Fonterra tiene un empleado cada 1400 litros de leche y acá tenemos un empleado cada 400 litros.

–Cambió mucho.

–Setenta años atrás los trabajadores se lavaban a la intemperie, era todo un rito en las mañanas heladas, la cinta transportadora desde que llegaba el colono con los tachos hasta la balanza y se volcaba a una tinaja grande, ahí mandaban la leche, después de ahí con bombas se mandaban a las distintas pailas, acá teníamos grupos electrógenos todo electrificado. Acá para enfriar la leche en verano se trabajaba toda la noche en la cadena de frío, también comíamos y jugábamos a las bochas (risas).

–¿Y el motor a vapor donde funcionaba?

–Estaba en una cremería vieja, era famoso por sus gustos con transmisiones y poleas, hacían marchar todas herramientas las trituradoras de caseína, las bombas para mandar el suero.

–¿Qué es lo que más le llamó la atención en toda su vida de trabajo?

–Muchos me preguntan si volvería a nacer haría lo mismo y yo quisiera que vuelva todo a aquellos tiempos, en ese entonces no me preocupaba el futuro, acá hubo mucho relación con los colonos. El enemigo más grande que tuvimos nosotros los productores son los gobiernos, del gobierno se puede zafar pero del clima no. Hice de todo en la vida desde marino hasta arar con caballos, pasar la rastra a caballo que es una herramienta que se pasa para que se empareje la tierra, la disuelve, en mi época ya tuve carrito estaba parado arriba con dos ruedas pero antes se hacía a caballo. Me contaba mi padre que araba a lo mancera con los suecos (N. de la R.: Elementos de metal) con una sola reja, el sacrificio que hizo esa gente… yo me acordaba de todo eso y dejar que esto se destruya me parte el alma, en la vida como le dije antes mientras el tren no me corte los brazos no le tengo miedo a nada.