Apenas había comenzado la escuela primaria, y mi familia vacacionó en Carrasco. Alquilamos un chalet de la zona. Mucho después supe que la casa pertenecía a la familia Parrado. Años más tarde, ya en el colegio secundario escuchaba la conferencia de prensa de los sobrevivientes. No recuerdo si Nando Parrado o Roberto Canessa habló de la "comunión íntima" que se había establecido entre ellos allí, en la desolación gigantesca de los Andes. Fue en la facultad que la lectura de Tótem y Tabú de Sigmund Freud me permitió comprender el sentido de esas dos palabras. Hará poco menos de diez años que una colega me regaló "La sociedad de la nieve". Vi la película. La encontré excelente. Dos personajes, ausentes en la versión de Hollywood, se hacen presentes en la obra de Bayona: los Andes y el Río de la Plata. 

Comparto este pasaje del libro, en el que Coche Inciarte habla del después del alud que mató a ocho, entre los cuales estaba el capitán del equipo. Esa no era cualquier muerte: "Cuando permanecimos sepultados bajo la nieve durante tres días después del alud, se creó un antes y un después, separando dos historias diferentes. Cuando al fin salimos el paisaje era otro, la gente era otra. Salimos ocho menos, pero salió uno más, y ese 'más uno' inmaterial nos advirtió que se terminaban definitivamente las mezquindades de la sociedad 'civilizada' entre comillas. Fue ahí cuando entré en un contacto mucho más estrecho con una fuerza superior. No me hizo más cristiano ni menos cristiano, simplemente mucho más creyente en un mismo Dios para todos, que se expresa a través del hombre, en el altar de la naturaleza. Es fácil no creer desde el llano: es imposible no creer cuando estás a solas con la montaña".

Me recordó a un hombre a quien una vez le pregunté: "¿Cree en Dios?" El hombre me contestó: "No. No creo para nada. Tengo certeza de Él".

 

*Psicoanalista. Miembro de la EOL y AMP.