Hembra. Cris Miró. Vivir y morir en un país de machos de Carlos Sanzol es la biografía de la vedette en la que se basa la serie Cris Miró (Ella), cuya luz veremos el 23 de junio. En este libro del 2016 editado por Milena Caserola, el autor realiza un recorrido por la vida de la actriz travesti argentina que marcó un antes y después en la visibilidad de las personas TTNB en el arte y en los medios.

En marzo de este año, la obra vuelve a ser lanzada en su segunda edición ampliada con testimonios de personas que conocieron a Cris Miró porque, en palabras del autor, “una biografía, y sobretodo después de escribir una, nunca termina de estar completa: abarcar toda la vida de una persona es una tarea colosal”. Incluso la vida de una persona que sólo llega a vivir 33 años, como si la fama no hubiera podido romper con la expectativa de vida de la comunidad travesti, que al día de hoy se extendió solo unos años más.

Al leer Hembra, nos encontramos con el contexto histórico que dio marco a la vida de Cris Miró. Casi asusta notar el parecido político y social con el avance neoliberal de la actualidad. “Eran los tiempos de la dictadura militar. Ese gobierno de machos que (...) forjó una cultura de odio, terror e intolerancia que aún perdura”. Pero también es una memoria artística-disidente de la escena cultural que dio espacio a figuras como Batato, Urdapilleta, la propia Cris Miró; lugares de la escena under y propios de una comunidad que comenzaba a organizarse, como el Parakultural, Búnker, Ave Porco, que supieron ser resistencia en un territorio de edictos y calabozos. Una resistencia que en este mes se hace bandera para todo el mundo y cuya esencia no puede ser lavada.

En el libro se traza constantemente el paralelismo entre la vida de la vedette y de la comunidad por fuera de la fama porque, en el fondo, nuestras vidas son siempre políticas. Lo son porque oscilan entre la plenitud y el riesgo. Cris Miró también tenía miedo de caer en el calabozo, por eso retrasaba su construcción identitaria. Fue en la fama donde encontró la voz para decir que el DNI es un papel insuficiente porque “deja constancia del sexo que se ve, pero no del sexo que se siente”.

Y ¿cómo no?, está escrito desde la admiración. Carlos Sanzol relata la vida de Cris Miró desde sus primeros años ayudado por sus familiares, para adentrarse con mucha veneración y énfasis en su vida artística, guiado por quienes la acompañaron en aquella travesía de ser, en palabras del autor, “una pionera”. Que la vedette no hubiera sido una militante por los derechos de su comunidad no le quita protagonismo a su activismo: el hecho de existir públicamente, adelantándose a una Ley que sería faro para toda la sociedad en la autodeterminación de la identidad tantos años después (26743, de 2012) expresa que más allá de los contextos, somos quienes somos así sea que tengamos que decirlo en cámara frente a Mirtha Legrand.

Cris Miró estudiaba odontología pero quería ser artista y famosa. “En ese momento, la actuación de Cris en el teatro reflejaba una de las caras del travestismo, la aceptada, aunque solapadamente, por la moral reinante: la artística. El escenario funcionaba como un espacio de la fantasía donde la mutación del género era permitida. El otro rostro, el más oscuro, se espejó en la prostitución”. 

Pero esta mutación no era solo una ficción. Carlos Sanzol nos muestra cómo Cris Miró fue una guía para una comunidad sentenciada al disciplinamiento del deseo y que no era digna de ser deseada, donde la sexualidad se le permitía dentro de las reglas de lo prohibido y por eso, silenciada por la marca de la vergüenza. Fue una femme fatale que ponía en jaque quiénes eran merecedoras de ese título, ícono de que las posibilidades de ser no las dictaba el destino. A las que la decadencia de los años ‘90 quiso mostrar como débiles, confundidas, amorales, son las que durante los 30 años siguientes alzaron fuerte nuestro presente.

En este contexto que reaviva el espíritu de esa década violenta de nuestro país, Hembra viene a recordarnos que este ya no volverá a ser un país de machos, el espíritu de Cris Miró habita en el deseo de toda una comunidad que ya no está dispuesta a obedecer al odio, al silencio ni al olvido.