Desde Brasilia

Describirlas como distantes, no basta: las relaciones entre Luiz Inácio Lula da Silva y Javier Milei son un témpano de frías. Si ya lo eran desde la toma de posesión del presidente argentino el 10 de diciembre, ese carácter se cristalizó la semana pasada cuando ambos estuvieron a pocos metros uno del otro en Italia, durante la cumbre del G7 en Italia, y optaron por ignorarse. Ese no saludo de los mandatarios de los dos principales socios del Mercosur da la medida del abismo que los separa.

Durante los dos días que permaneció en el resort del sur italiano, donde fue uno de los convidados a la cita de las principales economías occidentales, el brasileño mantuvo una serie de encuentros bilaterales, entre los que sobresalió la conversación con el papa Francisco, donde se trataron asuntos prioritarios para ambos: como la lucha contra el hambre, el cobro de un impuesto a los supermillonarios e impulsar un diálogo de paz entre Ucrania y Rusia.

Lula también estuvo reunido con el presidente francés Emmanuel Macron y el premier hindú, Narendra Modi. Con Macron impulsa una coalición mundial de progresistas y centristas frente al avance de la extrema derecha, comprobado en las recientes elecciones para el Parlamento Europeo.

Al encontrarse con Modi refrendó su compromiso con los países del grupo BRICS (Brasil, Rusia , India, China y Africa del Sur), foro del cual Milei optó por no ser parte.

Sur Global

Lula volvió a tocar la tecla del Sur Global en su discurso de cinco minutos ante el pleno del G7 donde defendió la propuesta de una conferencia sobre la guerra en el este europeo con la presencia de Ucrania y Rusia. Ese formato, destacó, fue elaborado conjuntamente con China. De ese modo puso de manifiesto el estrecho vínculo existente entre Brasilia y Beijing, cimentado en la confianza política y el dinamismo económico: el comercio bilateral fue de 157 mil millones de dólares en 2023.

Suiza de ida y de vuelta

Antes de desembarcar en Italia Lula, hizo escala en Suiza, donde fue el principal orador de la conferencia de la Organización Internacional del Trabajo. Recordó su pasado de líder sindical y defendió la recién creada Coalición Global por la Justicia Social. Elogió a su colega norteamericano Joe Biden, con quien impulsa un acuerdo mundial por el trabajo digno y contra la precarización. Y deploró las premisas de un neoliberalismo desbocado ( parecido al enaltecido por Milei).

Durante su paso por Ginebra le explicó a las autoridades suizas que no iba a participar en la conferencia de paz que tuvo a ese país como anfitrión el fin de semana pasado. Dijo no estar a favor de Ucrania ni de Rusia, pero consideró inconducente una cumbre con la presencia de Volodimir Zelenski y la ausencia de Vladimir Putin.

Al contrario de Lula, Milei aterrizó en Suiza después de tomar parte en la reunión del G7. Apoyó sin matices a Ucrania, y la opción belicista de la OTAN. Y recibió un obsequio de Zelenski que tuvo duras palabras para Lula.

La tensión de Lula con Milei

Luciendo el rostro un tanto bronceado por el sol de la provincia de Brindisi, región de Puglia, bañada por las aguas del Mar Adriático, Lula aterrizó en Brasilia el domingo por la mañana y este lunes tuvo un día de trabajo ajetreado.

Después del no diálogo con Milei en Italia y las confirmadas diferencias que ambos mantienen en política internacional, Lula demostró estar interesado en hacer saber a Buenos Aires que no pretende quedarse de brazos cruzados ante la fuga de decenas de militantes bolsonaristas condenados y procesados por participar en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023.

A pesar de lo apretado de su agenda, el mandatario del Partido de los Trabajadores se hizo de unos minutos para enviar, a través de sus voceros oficiosos, un mensaje al gobierno argentino en la forma de un comentario off the record publicado por el diario Valor Económico.

Fuentes cercanas al presidente -así las refirió el diario en su edición de este lunes - dicen estar confiadas en que Argentina deporte a los prófugos. El pedido de extradición aún no fue presentado pero hay conversaciones en curso entre diplomáticos y se espera que en los próximos días el Supremo Tribunal Federal formalice el pedido de repatriación.

Los voceros de Lula no utilizaron un tono de amenaza: aunque fueron claros al manifestar que los brasileños que buscaron guarida en Argentina participaron en una asonada que intentó derrocar un gobierno democrático. Un crimen político grave.

Diana Mondino, la cartera

Después de haber insultado al mandatario brasileño durante la campaña electoral argentina de 2023 Milei envió una carta urgente a Brasilia. La llevó en persona Diana Mondino el 26 de noviembre pasado. Un domingo. El esfuerzo fue en vano: Lula no aceptó la invitación de Milei y prefirió estar ausente de la ceremonia en la Casa Rosada, que se pareció bastante a un acto de la CPAC, organización en la que participan los referentes del extremismo mundial. Por Brasil fueron el expresidente Jair Bolsonaro y sus hijos, el senador Flavio, y el diputado Eduardo.

La segunda carta mileísta llegó a Brasilia el 15 de abril. Otra vez con Mondino como mensajera. El canciller Vieira la recibió gentilmente, demostrando que Brasil pretende garantizar un vínculo institucional.

Este diario preguntó en el Palacio del Planalto, más de una vez, si el jefe de Estado había leído la carta. Y nadie aseguró que lo haya hecho. Toda una señal política. Pero es casi seguro que no escribió una respuesta, por lo pronto.

Del hielo al fuego

Las cartas no respondidas y la indiferencia en el G7, ilustran sobre el congelamiento de la diplomacia presidencial entre el exmetalúrgico Lula y el ex consultor financiero Milei.

Ese estatus puede permanecer durante el resto del mandato de ambos, repitiendo la falta de diálogo que hubo durante los gobiernos de Alberto Fernández y Jair Bolsonaro.

Pero esa convivencia fría, apática, podría alterarse si desde Buenos Aires optaran por dar guarida a los golpistas. Sería una bofetada para Lula y la democracia que está siendo reconstruida con esfuerzo. Si este escenario se cumple: no se puede descartar una crisis con consecuencias serias.