Entrevista a Teresa Riccardi, nueva directora del museo Eduardo Sívori
Hacer visible la colección patrimonial
El museo porteño, con su sede ubicada en el Parque Tres de Febrero, frente al Rosedal, reabrió sus puertas hace dos meses y la nueva directora cuenta los proyectos, exposiciones y el lugar del museo Eduardo Sívori.
Vista parcial de la sala principal y la muestra patrimonial del museo Eduardo Sívori.Vista parcial de la sala principal y la muestra patrimonial del museo Eduardo Sívori.Vista parcial de la sala principal y la muestra patrimonial del museo Eduardo Sívori.Vista parcial de la sala principal y la muestra patrimonial del museo Eduardo Sívori.Vista parcial de la sala principal y la muestra patrimonial del museo Eduardo Sívori.
Vista parcial de la sala principal y la muestra patrimonial del museo Eduardo Sívori. 

Luego de la puesta en valor arquitectónico y la renovación de sus salas, el Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sívori” reabrió sus puertas con una muestra de 130 piezas clave de su patrimonio. La nueva directora, Teresa Riccardi, licenciada en Artes por la UBA, docente e investigadora, que viene de haber sido directora artística del Macba, cuenta en esta entrevista la función y los proyectos del museo.

–¿Cuál es el estado actual del museo luego de la reapertura?

–El museo goza de una perspectiva de crecimiento muy alentadora. Es un museo que se ha beneficiado enormemente con la renovación de sus salas y se reinserta en el circuito porteño con nuevas propuestas. Estoy convencida de que el Sívori tiene que proyectarse escuchando a las comunidades que lo habitan y a las que están por venir, hacer sinergia con otras instituciones culturales, ya sean museales o aquellas que inciden en la dinámica y en la trama urbana en la cual está inserto, como lo es el Parque Tres de Febrero. Los museos en el presente son activadores de experiencias y de un conocimiento sensible que surgen de las prácticas artísticas, pero a su vez el museo que se ve afectado y se transforma en relación a los horizontes de consumo, las redes y los modos definidos por la temporalidad del mercado. El lugar más interesante que provee el museo no es ser un bastión inaccesible sino el de poder imaginar un espacio inclusivo y diverso que nos muestre producciones visuales que habitualmente no tienen un lugar para ser exhibidas o pensadas por sus características particulares. Como planteaba Adorno, el arte es un hecho individual y social a la vez, y es ahí donde juegan sus fuerzas y contradicciones. Es una promesa de felicidad, no la felicidad en sí misma. Es esa responsabilidad activadora a través de dispositivos museográficos y propuestas curatoriales plurales la que nos interesa. Me importa la capacidad performativa del museo, y para eso hay que imaginarlo con otros. El Sívori es muy estimado por los porteños y ha tenido una amplia y positiva recepción de público y de artistas; esto es fundamental para la larga vida de un museo.   

–¿Cómo enfrenta su gestión?

–El Sívori se encuentra con un gran desafío por delante, tanto en lo que respecta a la ampliación de sus públicos como a su integración con el parque. Sabemos más de la colección y su acervo pero también está el patrimonio vivo, verde, que lo rodea, del cual estamos menos informados. A su vez, nos interesa fortalecer y dar capacitación a los equipos del museo en general  y a los educativos en particular, para poder mejorar y ampliar la oferta de actividades, talleres y programas públicos que actualmente ofrecemos, destinados a adultos mayores, adolescentes y primera infancia. Estamos preparando, junto con universidades como la UNA, el desarrollo de un laboratorio experimental vinculado a las carreras de Crítica y Curaduría que podría implementarse a partir del año que viene, destinado a curadores en formación de la carrera. También estamos trabajando con otras universidades como UMSA y San Andrés otro tipo de programas con el fin de trabajar curadurías educativas de forma extendida. Finalmente, nos interesa generar convenios con asociaciones e instituciones locales, gubernamentales e internacionales que promuevan junto al Sivori políticas de mayor visibilidad y agilidad respecto de la itinerancia de nuestro patrimonio hacia otras instituciones del país. Es algo que muchas veces reclaman el resto de los museos de la Argentina y que deberíamos trabajar en conjunto haciendo un esfuerzo a nivel federal con las provincias.

–¿Cuáles son los proyectos y qué muestras están programadas para 2018?

–Actualmente estamos abocados a la preparación del 62º Salón Manuel Belgrano, actualizando el reglamento y trabajando con su difusión para ampliar la convocatoria. En este sentido, hemos agilizado la accesibilidad al voto de modo que cada inscripto podrá votar a los jurados de artistas de las asociaciones. Por otro lado, las obras se presentarán mediante carpetas para facilitar el acceso a artistas a nivel federal, que habitualmente era muy costoso en términos logísticos y, si bien aún no se ha implementado porque lo estamos estudiando a nivel estadístico, ya se está trabajando en la posibilidad de implementar a futuro estratégicamente la paridad de género en los jurados de selección y premiación. Asimismo, es interesante recordar que se han incrementado los montos de premiación por decreto 123/17, lo cual era una deuda mantenida desde 1995, última fecha de actualización. Se trata de un premio histórico de reconocimiento a la labor de los artistas, que ha proporcionado identidad y pertenencia a una gran comunidad de artistas argentinos a nivel federal. 

Otro de los proyectos centrales que lleva adelante el equipo de investigación es la organización de un catálogo razonado de la colección textil del museo, como también la actualización de los montos del Salón Tapiz con el fin de incorporarla al Salón Belgrano, ampliando así las categorías del propio Belgrano. 

Respecto de las exposiciones, estamos preparando la exhibición del Salón Belgrano del 2016, que presentará a los ganadores y las obras adquiridas a través del este premio, así como a los artistas seleccionados en dos tandas a lo largo de todo el verano. 

Para el 2018, se ha programado junto al curador del museo, Sebastián Vidal Mackinson,  una propuesta temática y conceptual que sigue reflexiones ancladas en la tierra, las ecologías y las prácticas experimentales de artistas argentinos en los años 70 en torno a estas propuestas, destacando la figura de Lea Lublin a partir de una pieza central que realizó en Buenos Aires en 1969, Terranautas, y que tenemos pensado reconstruir en las Sala A del Sívori. Asimismo, exhibiremos algunos proyectos de muestras colectivas vinculados a la fotografía contemporánea en el marco del Festival de la Luz, una muestra importante de Horacio Butler en colaboración con el Museo del Tigre, curada por Malena Babino; el Belgrano, en una edición renovada, y una muestra patrimonial que estamos preparando para el mes de octubre y que tendrá como protagonista a la colección de dibujos del museo.

Seguramente para el 8 de marzo activaremos alguna propuesta junto a integrantes del grupo de trabajadoras de arte (http://nosotrasproponemos.org/) y realizaremos talleres abiertos para conversar sobre prácticas de género y feminismo.

–¿Cómo será la relación entre muestras temporarias y la exhibición del patrimonio?

–La construcción de visibilidad de la colección patrimonial del museo es uno de los ejes centrales de esta nueva gestión. En este sentido, considero que hay que dar prioridad a las exhibiciones que promuevan la investigación y las nuevas lecturas del acervo, que es significativo y extenso. Esto a su vez destaca el tipo de trabajo museográfico e interdisciplinario con las áreas y equipos que posee el museo. Cuando solo existen muestras temporarias con una alta frecuencia rotativa y con poco tiempo de exhibiciones, decrecen las oportunidades de poder mostrar lo que el equipo estable de un museo como el Sívori es capaz de desarrollar. Si las muestras poseen más tiempo de elaboración, pueden trabajar los grupos de investigación, los equipos de conservación y restauración, es posible también desarrollar mejor las actividades de extensión educativa y no solamente destacar la labor de montaje y producción. Como investigadora, me interesa trabajar en forma interdisciplinaria con colegas que también puedan ampliar sus conocimientos junto a los integrantes del museo. No por ello se descarta la producción de exhibiciones temporarias. Todo lo contrario, se piensa en ellas como un laboratorio que podemos crear desde el Sívori junto a su equipo curatorial a fin de poder desarrollar muestras interesantes y atractivas para el público.