La ventana / medios y comunicación
Enemigo público
Emilio Alochis y Marcos Muñoz denuncian la trama de complicidades de las instituciones estatales nacionales y los medios de “información” de consumo masivo en la construcción del otro como un enemigo.
Imagen: Daniel Paz

Desde Neuquén

¿Cuánto sabemos sobre los pueblos originarios? La represión a la comunidad mapuche en Chubut por reclamar la liberación de Facundo Jones Huala seguida de la desaparición forzada y muerte de Santiago Maldonado; la forma en que el Gobierno Nacional decidió informar sobre la “desaparición” del submarino ARA San Juan; el asesinato por la espalda del joven mapuche Rafael Nahuel, más las numerosas declaraciones –más propias de funcionarios de una dictadura– y la liviandad con que luego periodistas las reproducen sin un análisis que desande todas esas barbaridades, invitan a re pensar una de las dimensiones de nuestro presente: ¿cómo se articula lo que dicen los medios con los conocimientos y sentimientos que porta nuestra sociedad sobre –por ejemplo–, la cuestión de los pueblos originarios? O, ¿cómo se articulan los comunicados del Estado sobre el ARA San Juan con lo que saben los entendidos de la navegación? ¿Todos acceden a estos conocimientos?

El caso de Santiago Maldonado y la brutal represión de Gendarmería en Bariloche a integrantes de la comunidad mapuche tienen puntos de contacto. Uno de ellos es la trama de complicidades de las instituciones estatales nacionales y los medios de “información” de consumo masivo en la construcción del otro como un enemigo. Herederos de la práctica mitrista de adecuar los hechos –y la historia– a sus propios intereses, estos medios definen ahora como peligrosa a la comunidad mapuche, que todavía resiste el acorralamiento iniciado en 1875. 

El silencio acerca de la concentración de la tierra en Patagonia en manos sobre todo de extranjeros –y no del pueblo mapuche, como se quiere hacer creer– y la ignorancia, negación y el desprecio explicitado en cada micrófono del gobierno de Mauricio Macri sobre la historia y los reclamos de los pueblos originarios hacen eco diariamente en el compromiso militante de comunicadores de los grandes medios. Esa práctica, que claramente cuenta con el beneplácito de buena parte de nuestra sociedad, construye nuestra realidad desde un lugar en el que el otro merece todo tipo de adjetivaciones peyorativas que luego justifican su muerte. Sarmiento no lo hubiera hecho mejor. 

Esta construcción –como dijimos arriba– hace posible interpretar al pueblo mapuche como el enemigo interno, reprimirlo y matarlo, bajo un discurso similar al que se instaló años antes del golpe del ‘76. Pero ¿cómo nos interpela este escenario? ¿Qué hacemos como ciudadanos/as para continuar dando la batalla (cultural)? ¿Sólo los medios de masas son responsables de la aceptación del discurso del odio? 

Lo que tratamos de mostrar es, por un lado, que los medios reproducen la versión sostenida en el tiempo del discurso del gobierno nacional, lo hacen hasta el hartazgo, y pareciera que gran parte de la audiencia siente ese discurso como propio. Por otro, que se señala y construye al enemigo interno –hoy, los mapuche–, sin pruebas. Este Estado primero mata, luego da la voz de alto y por último da las condolencias a los familiares. A lo largo de nuestra historia política y territorial existen sobrados antecedentes de esta práctica: entendemos que esta característica del Estado actual es una de las manifestaciones más claras acerca de cómo concibe el modelo cultural y económico en Argentina, uno que busca imponer a sangre y fuego el neoliberalismo. 

Frente a este escenario, nos interesa finalmente hacer(nos) algunas preguntas, no con la pretensión de obtener respuestas inmediatas, sino al menos como puntapié para comenzar a reflexionar acerca de toda esta situación: ¿cómo es posible que ese discurso oficial –discurso del odio– prenda con tanta facilidad? ¿Qué ha pasado/pasa por nuestra biografía –individual y colectiva– que el discurso del racismo, aquel discurso que señala (sin pruebas) a otro como amenaza y peligro permanente a tal punto que justifica su eliminación, brota como reguero de pólvora en nuestra sociedad? ¿Qué hacemos con todo lo que aprendemos en la vida? ¿Qué sociedad queremos? ¿Qué estamos haciendo para conseguirla?  

* Universidad Nacional del Comahue.

** Secretario de Extensión, Fa.Hu.- Universidad Nacional del Comahue.