Marcelo Gallardo
“Cualquier boludo se puede marear con un éxito deportivo”
De sus pasiones a la locura del fútbol argentino y desde su pertenencia a la pérdida de talento en el campeonato local, el entrenador de River abre las puertas de su oficina y, durante 70 minutos, cierra su año junto a Enganche.

"Es que no hay deporte que tenga la incertidumbre y la dificultad que tiene el fútbol. Por eso es tan hermoso, porque se juega con los pies y porque tiene una enorme porción de espacio para la inspiración”. Marcelo Gallardo vibra al hablar. A simple vista, su sonoridad es la de un hombre que vive pensando las 24 horas en el juego. Incluso, confiesa que su cabeza está metida en el equipo en muchos momentos de la vida social y familiar, en los que no le queda otro remedio que disimular que está allí, cuando en realidad su mente ya viajó al Monumental. Por eso es ahí, en la intimidad de su pequeña oficina en el estadio de River, donde se entrega a una charla que supera los 70 minutos y que lo muestra de cuerpo abierto a la reflexión. La competencia terminó, los futbolistas partieron de vacaciones, los plomos de Abel Pintos arman el escenario de los dos conciertos que vienen, pero el Muñeco sigue en su reducto. Pertenece allí. Por eso se queda. Por eso no puede irse.

-¿Qué es ser entrenador de fútbol?

-Al tener un montón de puntos de los que debés ocuparte, yo lo llevo a la música y digo que ser entrenador es como ser el productor de un disco, porque tenés que ensamblar todo para que ese disco suene bien. Hay un montón de trabajo detrás de ser entrenador de fútbol. ¿Por qué tiene un paralelismo con ser productor de un disco? Porque en los trabajos hay que ensamblar un montón de cosas, que no tienen que ver necesariamente con estrategia o con táctica, sino también con el armado de grupo, el funcionamiento del equipo y los recursos humanos, que para mí hoy son fundamentales, por la enorme problemática social que tenemos y por las distracciones que hay. En general tenemos muchas distracciones porque la tecnología ha avanzado muchísimo y eso nos quitó la chance de aprender de cosas de las que uno antes se ocupaba más. Ahora aprendemos de otra manera, ni mejor ni peor, de otra manera. Entonces, vos te tenés que adaptar a eso y tenés que hacer que todo eso funcione para que ese equipo toque algo. Juegue a algo.

-¿Cuántas veces ese sonido logra ser perfecto?

-Son muy pocas veces las que uno ve la perfección en algo, pero también buscar esa perfección es lo que uno disfruta. Vos primero elaborás un trabajo mental, después lo bajas al campo y esperas que ese funcionamiento que vos planificás se detecte en un momento de un partido. Y eso es lo que a uno lo reconforta. Generalmente pasa. Cuando el equipo funciona de una manera, ya sabes que algo estas viendo, lo vas percibiendo. Yo te puedo decir en un partido que el equipo no jugó bien, pero que sé a qué juega. Eso lo puede ver uno a través de la repetición, de ver y ver y ver. Yo puedo decir “hoy no jugamos bien”, pero hubo diez o quince minutos en los que vos sabes a qué se juega. Después hay un montón de imponderables: está el rival, que a veces no te deja; si tuviste jugadores con bajo rendimiento, que eso sucede mucho y sobre todo si eso pasa en jugadores importantes. Pero siempre, en algún momento, por ahí en una jugada, vos sabes a qué juega el equipo. Y eso es bueno.

-¿Eso te provoca más satisfacción que el resultado?

-Sí. A cualquier entrenador le puede generar una cierta desilusión si el equipo no te representa en lo que vos hacés. Vos trabajás para que el equipo te represente.

-Hablaste del director de orquesta. ¿Un entrenador puede hacer tocar a un equipo determinada música si el equipo no cuenta con esas características en sus jugadores?

-No creo en lo absoluto. Creo que es más difícil cuando no tenés las piezas para jugar a tu estilo, porque necesitás del futbolista, más allá de a qué quieras jugar. En el fútbol todos pueden jugar de distintas maneras y hay para todos los gustos. Por ahí lo que a mí me representa, a vos no. Yo creo que tiene que haber una idea, después un mensaje, después ver de que manera te sentís representado.

-¿Y de dónde viene el estilo que te representa?

-Viene de un sentir. A mí me gustaba jugar de una manera y siempre admiré a los jugadores creativos, a los habilidosos, a los talentosos. Esto no es lirismo, es simplemente sentirte identificado con la manera con la que uno vive el fútbol.

-¿Con el correr de los años se hace más difícil jugar así?

-No es fácil jugar así ahora, ni antes tampoco. Vos tenés que tener jugadores para poder jugar de la manera que a mí me gusta. Y antes había más jugadores talentosos. Había más talento. Yo crecí viendo fútbol argentino y a mí me parecía que, más allá del favoritismo de los grandes, todos los equipos eran competitivos. Porque había jugadores de fútbol. Por nombrarte, Ferro en los 80’ y Español y Platense en los ’90, que eran equipos chicos que sabían que tenían un grupo de buenos futbolistas que estaban mucho tiempo en el club. Antes no se desarmaban los equipos cada seis meses o un año. Los jugadores permanecían y era más fácil decir la formación de corrido. Hoy no. Si es difícil para mí y yo trabajo de esto, imaginate para el resto.

-Los alemanes son los dueños del método e hicieron de la construcción del talento quizás su método más importante. En Argentina sigue habiendo talento pero, ¿creés que la falta de método hace que ese talento sea menos visible?

-Es mucho más visible afuera, es cierto. Acá se genera una carga tremenda hacia el que tiene talento. Los medios de comunicación influyeron mucho en eso. Antes vos tenías que recorrer el fútbol juvenil, tenías que ir de cancha en cancha y estaban los comentarios de los que seguían a las inferiores de los pibes que se destacaban. Y recién ahí sabías. Hoy aparece un pibe de ocho años que hace tres goles en un partido y lo ponen todo el día en ESPN. Tener que lidiar con esa carga es mucho más complejo de lo que parece, porque antes no pasaba. A nosotros nos gustaba la pelota, nos veían los entrenadores y nuestros padres y jugábamos todo el tiempo. Tenías la ilusión de llegar alguna vez a Primera División y dedicarte a ser futbolista. Pero era un deseo tan intenso y lo deseábamos tanto, que hacíamos todo por eso. Hoy se perdió esa esencia nuestro fútbol, se perdió esa ilusión, ese deseo. Hoy antes de jugar en el equipo del que son hinchas o en un equipo de acá, prefieren irse a Europa.

-¿Ese peso sobre sus hombros puede joder a un pibe talentoso?

-Claro que lo puede joder. Lo puede joder el medio y el entorno. Por eso aparecen menos talentos y muchos se quedan en el camino por esa carga.

-Pareciera que el sistema está atentando contra el sistema mismo...

-Totalmente. Pero bueno, los chicos que nacen con el deseo de jugar no son los culpables. Porque, al poco tiempo que vos vas bien, te van metiendo cosas, te dan plata, te hacen todo mucho más fácil y perdés el deseo y la ilusión de sólo jugar.

-¿Cuándo lo empezaste a sentir ese cambio?

-Pfff. Hace rato. Se fue potenciando todo. Cuando el sistema se fue involucrando cada vez más en querernos robar la privacidad todo fue cuesta abajo. Hoy todo el mundo sabe de todo el mundo. Yo no digo que está todo mal con la tecnología. Para algunas cosas está genial, pero hoy cualquiera se mete en la vida de cualquiera. Y vos sos cómplice. Uno es cómplice. Entonces, ahí ya se perdió la privacidad. “Vos tenes que comunicar”, te dicen. Y vos tenés que comunicar todo lo que hacés y el otro va a estar pendiente de vos, porque todos están pendientes de todos. ¿Y qué te queda para vos, para tu intimidad? Eso me da un poquito de cosa. Será que habré crecido en otra época. Y eso que no reniego de esta generación, porque a mí me encanta ir en busca de nuevas metodologías y soy curioso, pero rescato algunas cosas y las que no me sirven prefiero dejarlas de lado. Por ahí en algún momento me sirvan y tenga que usarlas para charlar con un futbolista, no digo que no. Pero el jugador de fútbol ha perdido la ilusión de jugar por jugar. Y eso es muy jodido.

-Por ahí porque naturalizó lo que antes era mucho más difícil de conseguir…

-(Interrumpe) Porque llega todo más rápido y te expone demasiado.

-¿Cómo haces para lidiar con la lógica tristeza de ver eso?

-Vos tenés que intentar. Aunque sea difícil, vos tenés que intentar, porque no podés cambiar el sistema y porque estás dentro del sistema. Y estar dentro del sistema significa que tenemos que luchar contra un montón de cosas. Tenés que bajar una línea mucho más coherente con el sentir y con el pensar. No es fácil, pero estoy dentro de un escalón en el que me tengo que ocupar de un equipo de fútbol profesional. El estar acá significa que yo he nacido acá y eso me genera un sentido de pertenencia tremendo. Y ahí es dónde puedo cambiar cosas. Y lógico que tengo que mirar qué es lo que pasa abajo, porque quiero saber quiénes son los chicos que juegan bien, cómo crecen, cómo están conformados...

-Y ahí te chocás más con esa realidad…

-Y sí. Ahí vos empezás a ver todo lo que pasa. Pero es de un desgaste muy grande. Por eso hay que tener un grupo de trabajo importante, que te sostenga. Tratar de luchar con lo externo, porque en definitiva es lo que más te cuesta. Si vos dejas entrar las cosas malas a tu casa, te vas a convertir en una casa que no está bien. Eso es lo más desgastante.

-¿De esas cosas malas cuáles fueron las que más te preocuparon cuando miraste para abajo?

-Yo tampoco las quiero mencionar, porque sino parecería estoy en contra del sistema. Yo vivo dentro de él, pero estoy a favor en algunas cosas y totalmente en contra en otras. Para erradicar las malas nosotros tenemos que pensar en nosotros y en cómo queremos funcionar, proyectarnos, desarrollarnos. Y después, a partir de ahí, cuando hay un mensaje claro y logramos una manera de vivir y de actuar objetiva y coherente, tenemos que defenderla. Y a veces es difícil defenderla porque está lo externo, que te viene con un montón de cosas innecesarias. Yo he visto en el baby fútbol entrenadores o directivos pagándole a chicos para que vayan a jugar. ¡Pagándoles! Vos el baby fútbol lo tenés que sentir como algo vinculado al amor. Todos hemos jugado al baby y era ir a compartir, jugar por amor, estar con los tuyos, comerte un sándwich, tomarte un jugo y pasar todo el día entre familia y amigos. ¿Cómo carajo llegamos a esto?

-Tenés un hijo y ahora vivís como padre el camino que vos ya recorriste y del que tanto hablás. ¿Cómo llevás eso cuando ves cosas así?

-Cuando mi hijo jugaba al baby a veces no quería ir, por lo que escuchaba. Porque veía cosas increíbles y me apartaba. Me iba a un costado para mirar de reojo y después hablaba con mis hijos de acuerdo a lo que yo sentía . Les decía que esto es un juego y que todo lo demás es secundario. Que nada tiene que ver con el fútbol aquello de los padres gritándole a chicos de diez u once años.

-Todo eso tiene que ver con el supuesto éxito...

-Eso es social. En el baby fútbol quieren ganar, pero, ¿cúal es el éxito ahí? El éxito sería que los chicos que juegan sean felices, que sean felices jugando. Después, si pueden ganar, fantástico, porque vas fomentando el deseo, pero a esa edad los tenés que ver felices a los chicos. Y hay una locura tremenda. Putean a los árbitros, hay pibes llorando porque les gritan cosas de afuera, una locura todo.

-Y todos esos chicos son los jugadores del mañana...

-Crecen así.

-¿Por eso se quieren ir tan rápido?

-Yo no sé si son conscientes, primero y principal. Se quieren ir porque les venden otra cosa. Y porque el mensaje es confuso. Primero, si los chicos ven más la Champions League, es porque nos venden más la Champions League que nuestra propia liga. Si en el club no hay un mensaje de que lo más importante para esos jugadores es vestir la camiseta de River y jugar en la Primera de River para ganar la Copa Libertadores, estamos mal. Ese tiene que ser el mensaje. Las cosas tienen que ir desarrollándose. Cuando yo empecé a jugar, no estaba desesperado en irme a Europa. Quería jugar acá, porque nací con nuestro fútbol, con nuestra manera de sentir y con nuestras pasiones. No me quería ir; primero, porque desconocía y segundo, por miedo a eso desconocido. De arranque te tenés que preparar previamente a dar el salto, porque cuando después te vas para el otro lado sin haber estado estabilizado como persona y como profesional, te pasa lo que le pasa a muchos, que no juegan y vuelven. Es una cuestión de educación y en eso estamos bastante precarios. Posiblemente, si educáramos mejor, estas cosas no nos pasarían. Pero es bravo.

-El gran impacto para el chico que viene con esas presiones es cuando llega a Primera, porque le baja todo lo que viene con el fútbol: lo económico, la fama y demás. ¿Cómo haces vos para que ese pibe no choque?

-Poniendo reglas establecidas sobre el respeto hacia lo profesional y hacia lo humano. Ese es uno de nuestros grandes éxitos desde que estamos acá. El haber implementado una línea de trabajo con un respeto por todo, porque es muy fácil desviarse cuando ganás. No solo para los más jóvenes, sino para los más grandes y te hablo hasta del entrenador o el presidente del club. Es muy fácil marearse cuando ganás y te vienen los elogios. No hay edad para eso. Cualquier boludo se puede marear con un éxito deportivo. El tema es ser coherente con una línea. Y eso ha sido un gran éxito para nosotros, porque en este tiempo podríamos habernos desviado del camino un montón de veces y nunca lo hicimos. Acá no hay ninguno que se salga de las líneas establecidas y eso es porque las reglas ya están.

-¿Es tratar de que el éxito no te distraiga, entonces?

-Es que se trata de llegar a un lugar y poner reglas. Y si a esas reglas las acompañás con profesionalismo, con sinceridad, con honestidad y con verdad, vas formando algo que se va dando de manera natural. Por eso, cuando nosotros ganamos, no vamos a cambiar esa línea de reglas. Y cuando perdemos, tampoco. Vamos a ver los errores, pero el fondo no va a cambiar. Cuando llegamos y establecimos este método lo más duro fue lidiar con los de afuera. Nos pegaron por organizar distinto la atención a la prensa. Y yo no te puedo dar una nota a vos a cualquier hora en el bar de la esquina. Hay que hacer una nota, vamos a hacerla pautada y de la manera que tiene que ser. Entonces viene el jugador y te dice que lo llaman todos los días. Bueno, no importa, comunicá que acá estamos organizados de una manera. Es como que vos tengas un agujero en la pared de tu casa y lo dejás, y lo dejás. Entonces pensás que no, que no entra ni viento, ni agua y no pasa nada. Pero tenés un agujero igual. Bueno, pero esto es así. Te podés hacer el tonto, pero el agujero lo tenés igual.

-¿Cuándo es más difícil cambiar? ¿Cuando ganás o cuando perdés?

-Cuando perdés es más difícil. Yo considero que si hay que hacer cambios, tienen que ser cuando ganás, porque ahí estás intentando algo diferente. Cuando perdés, todo el mundo demanda el cambio. Si fuera por mí, ahora, tengo que traer ocho arqueros, cuarenta delanteros y todo un plantel nuevo. Una vez perdimos contra Boca en un torneo de verano, 5 a 0, y pedían la cabeza de todos. Es el mismo equipo que cinco días después ganó la Recopa y que unos meses después consiguió la Libertadores. Acá vamos a los extremos con una facilidad tremenda. Por eso, los cambios profundos hay que hacerlos cuando ganás, porque es cuando más convencido estás.

-¿Te ha pasado que cuando ganás te sobredimensionan?

-Todo se sobredimensiona. Yo peleo siempre con eso, porque no es así. Ni todo está mal cuando perdés, ni todo está bien cuando ganás. Esa objetividad es la que me permite reflexionar y tomar decisiones mucho mejores. No es fácil. Vos me venís a elogiar acá y yo te voy a mirar de reojo. No porque desconsidere tu elogio, eh. Porque a todos nos encanta que nos elogien. Pero, por ahí, lo que vos me estás elogiando demasiado, tal vez no es tan así. Y si yo me dejo convencer por los elogios, perdí. Igual, tampoco me vengas a decir que está todo mal, porque no te voy a creer. Yo me paro desde ahí. No es que soy desconfiado, yo confío hasta que me demuestran lo contrario. Soy medido.

-¿El fútbol se volvió más efímero?

-Sí. Es así. Es así cómo vivimos. Vivimos de esa manera. Todo es un flash, todo es más corto y se disfruta cada vez menos.

-¿Cómo te motivás para seguir?

-Uno se va poniendo objetivos que tienen que ver con lo deportivo, pero también con lo humano. Para mí hoy es más importante poder impulsar una idea de proyecto para River de acá a cuatro, seis, ocho o veinte años, que cualquier título. En este caso, mi deseo es poder generar algo a largo plazo. Sé que estoy en el momento para hacerlo. Si no tuviera esa energía, si no sintiera y pudiera poner todo al servicio, tal vez me haría preguntas sobre mi futuro acá. Pero pasa por una cuestión de pertenencia total. No pasa sólo por lo logrado, pasa por creer que lo que puede venir es mejor y no por los resultados deportivos. Aunque el hincha viva de eso, estamos buscando algo más que eso.

-¿Es un proyecto europeo?

-No. Es un proyecto argentino, porque tenemos que lidiar con los imponderables que hay acá. Jamás podría ser un proyecto europeo, porque somos una sociedad diferente, porque socioeconómicamente somos una sociedad diferente. Esto es un proyecto argentino que puede establecerse y tener un desarrollo en el tiempo. Eso sí. Yo no estoy mirando a mi carrera a largo plazo y no pienso ‘che, acá ya terminé, bueno ahora me voy a otro lado’. Un conocido me preguntaba las razones por las que me quedaba y me decía que ponía en juego todo. Y no es así. ¿Qué va a haber en juego? Lo que se ganó, se ganó. Y ahora vamos por otras cosas, hay otros objetivos y otros deseos. Me parece un pensamiento muy mediocre el creer que uno pone en riesgo vaya a saber qué. El día que sienta que no puedo cambiar ni mejorar, ahí dejaré esto. Hoy siento que puedo.

-¿De qué te nutrís?

-Soy muy curioso y miro muchas cosas, pero no estoy identificado plenamente con algo. Con lo que vivo identificándome es con este club. Acá he evolucionado como persona. Me formé acá y pude ir a Europa a ver otras cosas. Y ahí aprendí. El tema fue que cuando volví de Europa fue triste ver que nada había cambiado. Pero para darte cuenta de eso, tenés que salir.

-¿Los triunfos te dieron legitimidad?

-Yo llegué acá con un club que tenía seis meses de una gestión que había encontrado un club en mal estado. Y tenía que demostrar que un chico de la casa estaba capacitado para conducir al equipo. El tema es que si no hubiera tenido el éxito no hubiera podido hacer todo esto. Que es malo, en algún punto, depender de eso. El éxito no es haber ganado, sino que me dejen hacer la construcción que quiero hacer en este club. Eso sí es europeo, eh. Acá se habla de Alex Ferguson y nadie dice él estuvo seis años sin ganar en el Manchester United. Y después ganó todo. ¿Cómo hacés para estar seis años sin ganar en un club como River en Argentina? Es cultural.

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