Hace unos días, en una sala colmada de la Escuela Provincial de Cine y Televisión, volvimos a anunciar que el Proyecto de Ley de Cine, elaborado por la Comunidad Audiovisual Santafesina, volvía a ingresar a la Legislatura luego de haber perdido estado parlamentario. Ver a tanta cantidad de jóvenes movilizados que serán el futuro de nuestro cine da esperanzas más allá de la situación actual.
Hoy, el ataque a la cultura es sistemático y permanente, y con un par de ejemplos es suficiente: la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) comenzó a ser desmantelada con la intención de hacer pedazos una institución que fundó el mismo Domingo Faustino Sarmiento y que su principal sustento no proviene del Estado.
El Instituto Nacional del Teatro atraviesa la misma situación producto de quitarle su condición de organismo descentralizado y federal, y decidir a partir de ahora que esos fondos se utilicen de manera discrecional por parte del Ejecutivo, afectando directamente a todo el teatro independiente de la Argentina.
Y el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), está prácticamente paralizado por decisiones políticas del actual Gobierno, sin que se haya iniciado un solo rodaje con apoyo del Incaa durante el corriente año.
Estas no son amenazas abstractas: son políticas concretas de desfinanciamiento, vaciamiento y deslegitimación de la cultura.
Ante estos atropellos, somos los artistas, los trabajadores de la cultura, los que levantamos la voz cuando gran parte de la política calla y se guarda en el silencio, dejándonos solos en el desierto de la incertidumbre. Sin embargo, creo que una parte de la política, de las instituciones debe escucharnos y atender estos reclamos, y por eso pedimos ese compromiso, en este caso a legisladores y funcionarios provinciales con los que venimos dialogando desde hace un largo tiempo. Hoy se hace imprescindible una ley audiovisual para la provincia.
Santa Fe es pionera del cine nacional, de hecho la provincia ha declarado 2025 el Año Birri en honor al centenario del nacimiento de Fernando Birri quien es considerado padre del Nuevo Cine Latinoamericano y fuera el creador de la primera escuela de cine del continente: La Escuela Documental de Cine de Santa Fe, cita justamente en la capital provincial. Paradójicamente en el año Birri la industria audiovisual santafesina está literalmente parada sin tener a la vista posibilidad concretas de reactivación.
Mas de la mitad de las provincias argentinas tienen leyes de cine que les permite generar producciones locales, coproducciones internacionales e incluso vender sus películas y series al exterior. Todo esto implica a su vez generación de trabajo, ingreso de divisas y posicionamiento nacional y planetario de cada provincia. Sin embargo Santa Fe hoy es una provincia desamparada en términos de la legislación audiovisual. No hay beneficios, no hay incentivos, no hay resguardo del Estado para producir. No hay una estructura que nos permita desarrollar una actividad que, además de ser cultural, genere trabajo y movimiento económico.
Esto no es nuevo y por eso, hace ya unos cuantos años, desde la comunidad audiovisual decidimos organizarnos. Logramos unir criterios, dejar de lado diferencias, incluso entre personas que quizás en otro momento ni hubiéramos compartido un café. Pero entendimos que solo colectivamente podíamos construir algo que sirviera a todos: un proyecto de ley que genere trabajo, que promueva la industria, que amplíe las posibilidades creativas de compañeros y compañeras, y que también abra puertas para quienes egresan de las escuelas de cine.
Hoy volvemos a poner sobre la mesa una propuesta que fue elaborada colectivamente, que no es obra de una, de dos o tres personas, ni de ningún político sino de la comunidad representativa del sector y que ahora debemos seguir desarrollando entre todos y todas. No porque creamos que nuestra propuesta es la única posible, sino porque entendemos es necesario volver al diálogo entre quienes producimos y quienes tienen responsabilidad directa en el tema, sin mezquindades ni especulaciones ya que la ley no debe ser anclada en miradas partidarias ni sectoriales.
La Ley de Cine es una necesidad social y también es una oportunidad de debate, de construcción democrática, de pensar el futuro. Si nos quedamos sin ley, se nos cierra la posibilidad de planificar, de producir, de sostener la identidad desde un lugar neurálgico de la industria cultural.
Muchas veces la producción cultural y artística es subestimada. Se la asocia solo al entretenimiento, al goce, a lo circunstancial. No es un capricho hacer películas. No es un hobby. Es la posibilidad de generar trabajo para cientos de personas, de expresarnos, de construir y de poder reflejar nuestra identidad en ese espejo tan necesario para reafirmarnos como pueblo y como nación. Y, sobre todo, en momentos como estos, donde todo parece querer ser borrado o reemplazado por narrativas que nos son ajenas ya que el cine evidentemente incomoda a los CEOs del odio.
Por eso, esta ley es fundamental. Porque no es solo fomento; es industria, es cultura, es identidad. Es una estrategia para sostener una actividad que atraviesa a toda la sociedad y, por sobre todas las cosas, para esos pibes y esas pibas que hoy apuestan a crear futuro.