El Gobierno avanza en transformaciones profundamente regresivas, que buscan configurar un país con una población segmentada. De un lado, una minoría con plenos derechos económicos y sociales, del otro, una mayoría en condiciones de subsistencia precaria. Para vencer la resistencia social, el proyecto libertario apela a mecanismos ya probados, como la instalación del miedo, la vacilación y la angustia, junto a la percepción de crisis permanente.