La semana pasada circularon informes de grandes bancos de inversión recomendando apuestas por la bicicleta financiera y en el mercado vuelven a entusiasmarse con un nuevo ciclo de carry trade. Sin embargo, la fuga de capitales sigue latente, las reservas sólo se mantienen a fuerza de créditos de organismos internacionales y se suma la pregunta del millón: ¿cuánto impactará la devaluación del mes pasado en la inflación de agosto?.

El JP Morgan volvió a sorprender en los últimos días con un documento distribuido entre inversores. La entidad sugirió explícitamente apostar por un bono en pesos que paga altas tasas de interés (más de 40 por ciento) y alienta a sus clientes para que regresen al negocio del carry trade.

El principal punto que llamó la atención fue que a fines de junio este banco de inversión internacional había sido de los primeros en retirarse de colocaciones en pesos y le avisó al mercado de los riesgos de quedarse en activos locales. A partir de esa alerta, empezó a tomar ritmo el desarme de la bicicleta financiera y el dólar terminó julio con un salto de casi 15 por ciento.

Ahora el JP Morgan se juega una nueva ficha e intenta entusiasmar al resto de los inversores para que lo siga. El problema es que son movimientos de cortísimo plazo que en lugar de mostrar confianza reflejan la especulación cada vez más marcada que ronda en la economía argentina. Siguen faltando los dólares y no parece haber un plan b para resolverlo.

Durante los últimos días las reservas del Banco Central volvieron a cerrar por encima de los 42 mil millones de dólares. Pero no fue el resultado de un salto en exportaciones, ingreso de inversiones genuinas ni capitales de largo plazo. Entraron más de 2 mil millones de dólares del Fondo Monetario Internacional y casi 400 millones del Banco Mundial.

El gobierno sigue dependiendo absolutamente de la llegada de estos dólares frescos de organismos internacionales para sostener su estrategia económica hasta las elecciones. El superávit fiscal mostró que es absolutamente inocuo para resolver las presiones del frente externo y contener una salida de capitales que va en aumento mes a mes.

Esto hace que las expectativas de devaluación para la última parte del año sigan latentes y lleva a pensar que la desaceleración de precios de la primera mitad del año tiene los días contados. Algunos cálculos indican que la inflación subiría a más del 3 por ciento mensual.

Uno de los últimos informes de la consultora 1816 se concentró justamente en revisar este punto del impacto inflacionario. El informe lleva un título elocuente: pass-through vs imputación de Menger y se planteó que la inflación de julio y agosto será una buena oportunidad para observar si existe un cambio de régimen inflacionario como piensa el gobierno.

“Durante los últimos 15 años gran parte de la dinámica de los precios al consumidor se explicó con un modelo increíblemente simple: un indicador calculado a base de salarios y tipo de cambio”, dijeron en el informe. “Este modelo simple estaría dando una inflación del 3 por ciento en julio y agosto, asumiendo que el dólar spot sigue en torno de 1350 pesos”.

El documente considera que si la inflación finalmente se ubica cerca del 2 por ciento, en lugar del 3 que adelanta el modelo, se podría argumentar que la demanda no estaría permitiendo que se aceleren los precios. “El concepto que los precios determinan los costos (la idea de la imputación de Menger que repite una y otra vez Milei) le estaría ganando el primer round al clásico pass through (traslado a precios cuando ocurre una devaluación)”.